FÚTBOL INTERNACIONAL
Otra manera de pasear por el mundo
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| José Antonio Rosa |
Esta es mi forma de ver el fútbol internacional. Y en este espacio quiero compartirla contigo. |
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Una confluencia perniciosa Lunes, 15 de Noviembre de 2010 -- [11:30]
Pensaba que en esta ocasión sería distinto. Que íbamos a disfrutar más de lo habitual. No es que esperara un espectáculo grandioso, un encuentro para grabar y no borrar jamás. Aunque mimbres hubiese para ello. Pero sí creí que el caudal de talento individual y la necesidad de victoria común redundarían en una cita agradable donde los atacantes interpretarían un papel principal. Craso error. Una vez más, nos topamos de bruces con la realidad. El fútbol se ausentó del Giuseppe Meazza durante buena parte de la caliente noche lombarda. El Inter-Milan no dejó de ser un derbi más en el que la intensidad y las malas artes preponderan sobre la calidad de los contendientes. A veces, una imagen vale más que mil palabras, y la instantánea que ilustra este post habla por sí sola. Un gol de Ibrahimovic a los cuatro minutos, transformando un claro penalti cometido por Materazzi sobre él mismo en una contra letal, bastó al conjunto visitante para derrotar a su eterno rival y, de paso, reconquistar el liderato perdido a la hora del almuezo por mor del triunfo de la Lazio frente al Nápoles (2-0, Mauro Zárate y Floccari). Una justa victoria 'rossonera' fraguada en una confluencia perniciosa: los méritos propios y en los deméritos ajenos. La incidencia de Allegri en el éxito fue del mismo calibre que la de Benítez. No en vano, un inexplicable complejo de inferioridad marcó la alineación del técnico madrileño. Para sorpresa de propios y extraños, cambió el sistema de juego -opuso un 1-4-4-2 con rombo en la medular en lugar del 1-4-2-3-1 habitual- e introdujo en el once titular dos novedades que empeoraban al conjunto. Ante las obligadas ausencias de Maicon y de Samuel, Rafa tenía que recomponer la zaga. Sin embargo, lejos de optar por la sensatez, en un ataque de irracionalidad, sacó de inicio al medio retirado Materazzi, que no había disputado ni un minuto esta temporada en ninguna competición, y puso de lateral derecho a Córdoba. La lógica dictaba dos posibilidades absolutamente naturales: Santon de lateral derecho, con Lucio y Córdoba de centrales y Chivu manteniéndose en la izquierda o, incluso, conservar al colombiano en la derecha con la pareja Lucio-Chivu en el centro y Santon en el flanco zurdo.  |
Eso era lo normal. Como hacer bueno aquello de 'no hay que tocar lo que funciona' y seguir apostando por Philippe Coutinho en vez de dejarle fuera caprichosamente para dar entrada a Obi. Los aciertos de Allegri fueron numerosos. No sólo permaneció leal a su ideario futbolístico (1-4-4-2 con el rombo en el centro del campo), sino que le ganó el pulso claramente en la zona ancha, alineando a tres perros de presa como Ambrosini, Gattuso y Flamini y sentando a Pirlo y a Ronaldinho, no aptos para la máxima intensidad sin balón. El Milan compitió a tope con sus armas -no así el Inter-. Salió al campo metidísimo en el choque y aprovechó la pésima colocación del vecino en el arranque para pillarle desprotegido a los cuatro minutos en un contragolpe y lograr el, a la postre, 'gol partita'. La escuadra milanista hasta tuvo más el balón que la interista, casi impidiéndole crear ocasiones de gol durante la primera mitad y sembrando el pánico en sus acciones ofensivas, comandadas por un gran Ibrahimovic que trajo en jaque a la defensa 'neroazzurra'. El azar quiso que Obi se lesionase a los 34 minutos. Benítez comenzó entonces a arreglar lo que él mismo había estropeado poniendo en el césped a Philippe Coutinho. Le puso en la derecha, abrió a Sneijder a la izquierda y juntó a Javier Zanetti con Stankovic en el doble pivote de siempre. En el descanso terminó de reconocer sus graves errores variando el dibujo táctico para regresar al 1-4-2-3-1. Eso sí, a consecuencia de una nueva lesión muscular de Diego Milito que le impidió salir en la segunda mitad -fue sustituido por Pandev-. El Milan llegó al intermedio sabedor de que lo estaba haciendo mucho mejor que su adversario y plenamente consciente de la fortuna que había tenido al continuar con once jugadores. De hecho, únicamente la permisividad de Paolo Tagliavento posibilitó que Gattuso no hubiese visto más que una amarilla cuando debió ser expulsado por sus reiteradas faltas. Por ello, Allegri sumó otro punto más en el duelo de banquillos quitándole del campo e introduciendo a Pirlo. El fútbol brillaba por su ausencia. Y en la segunda parte llegó el turno de las emboscadas. A los 60 minutos, Pandev fue más listo que nadie y provocó una trifulca con Abate cuyo epílogo supuso una amarilla para cada uno... pero era la segunda para el milanista, quien pecó de escasa inteligencia cayendo en la trampa. Allegri reaccionó de inmediato con el cambio 'amarrategui' que necesitaba su equipo: Antonini por Robinho. La modificación táctica diseñaba ahora dos líneas de cuatro e Ibrahimovic en punta. Para más inri, poco después, Tagliavento le echó otra manita no expulsando a Ibrahimovic tras una salvaje entrada a Materazzi que derivó en la retirada en camilla del italiano. El Inter no supo romper la tela de araña y rara vez inquietó a Abbiati. La emoción por lo exiguo del marcador, la ansiedad local y la tensión visitante fueron engullendo los minutos. Solidario, con un gran trabajo colectivo, impidiendo que su contrincante le metiese ritmo al partido e interrupciones, el Milan consiguió que casi no se jugase más. Y se llevó el gato al agua con justicia más allá de que la actuación arbitral le sonrió esta vez.
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