Tanto monta, monta tanto
el Blog de los Gemelos D'Acosta
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| Edu y Sema D'Acosta |
Con gracia y poderío, sin mala intención pero con sorna, Eduardo y Sema D'Acosta van a relatar sus andanzas en el maravilloso mundillo del arte. Un circo con muchas pistas donde domadores, equilibristas, payasos, magos y acróbatas hacen las delicias de un público que -aún prestando la máxima atención y poniendo mucho interés- no se entera de casi nada. Bueno de algunas cosas sí que se da cuenta...tampoco hay que exagerar. |
LA MEMORIA DE LOS OBJETOS QUE FUIMOS (O CÓMO APROVECHAR EL MoMA PARA HACER UN MAUSOLEO) Martes, 11 de Agosto de 2009 -- [16:41]
Somos, sobre todo, lo que fuimos. Nuestro pasado nos constituye y determina. Somos lo que hemos vivido y compartido, lo que hemos visto y disfrutado. Somos lo que recordamos e incluso lo que no recordamos. También lo que hemos poseído forma parte sustancial de nosotros. Es inevitable, más allá de la memoria, los objetos que nos han acompañado durante nuestra vida muestran una geografía detallada de lo que hemos sido. Si los reuniésemos todos, convocando con su silencio los miles de seres que vamos viviendo a lo largo de los años, tendríamos al final una radiografía escrupulosa del usufructo. Lo que hemos usado ya no sirve para nadie, es algo inútil, son restos inertes de un naufragio de sentimientos y necesidades, pero queda su huella para enseñar el camino andado, para erigir un mausoleo conmemorativo contra el olvido. Tal es el túmulo que ha levantado Song Dong (Pekín, 1966) este verano en el atrio central del MoMA, una gran instalación que se encuadra dentro de Projects 90, el contexto donde el museo neoyorkino muestra los trabajos de los artistas emergentes más destacados del mundo. La primera exposición individual de un chino en esta emblemática institución es una colección ad infinitum de materiales que honran con suprema sinceridad y nada de heroicidad la memoria familiar, enalteciendo el recuerdo imborrable de sus padres y expandiendo el significado de sus vidas más allá de su humilde existencia. Una arqueología construida con paciencia y devoción que sin ser funesta pero sí triste –la pérdida siempre tiene un poso de congoja inevitable-, convierte un trabajo minucioso en un gesto de amor ilimitado por sus congéneres. Dong ha denominado a su inmensa intervención Waste not (adaptación más o menos adecuada del término mandarín Wu jin qi Yong), una expresión que traducida al castellano puede significar algo así como Sin desperdicio. En agosto del 2002 el padre de Song Dong sufre un fulminante e inesperado ataque al corazón, una perdida que deja conmocionada a sus más allegados y especialmente a su madre. “Todos caímos en una profunda depresión –comenta el artista- y mi última esperanza era el arte”, una vía de salvación a la que se acogen ambos para emerger de esa honda pena. Juntos deciden crear un proyecto en colaboración: recuperar a través de los trozos del pasado que les quedan los momentos que compartieron, homenajeando con esta acción la referencia que les faltaba; al fin y al cabo, una catarsis, una asunción lenta del perjuicio sufrido. Deciden reunir con meticulosidad todos los objetos familiares que hubiera en la casa, cosas corrientes acumuladas durante décadas que la madre fue guardando año tras año sin deshacerse de nada. Útiles rutinarios para cocinar, para vestirse, para sentarse o para jugar. Nada especial. Casi lo mismo que cualquier familia en cualquier país con idénticas necesidades. La ropa de los niños que luego fueron mayores, armarios, televisores, sillas, mesas, lápices, cubiertos, bolsas, cacerolas, gafas, zapatos….Almacenaba desde lo más nimio hasta lo más grande, desde lo más provechoso hasta lo más inservible. Lo llamativo es que no tiró ni desechó nada, atesoró con celo hasta la última botella de plástico usada, practicando una mentalidad austera, llevando una vida comedida e intentando no desperdiciar nada que fuera beneficioso para una familia empobrecida. Por desgracia, para teñir más de luto este sentido inventario genealógico, después de preparar durante largo tiempo la exposición junto a su hijo, la madre del artista murió a principios de 2009, poco antes de poder ver organizados los fragmentos de su propio hogar en el corazón del MoMA. Más que una biografía o un catálogo de pertenencias, esta conmovedora pieza de Dong es un retrato de una generación, la de los padres del artista. Una pléyade de modestos ciudadanos anónimos que padecieron, tras la instauración del comunismo bajo el rígido mandato de Mao Tse-Tung, los bruscos cambios de China a lo largo del siglo XX. Primero sus momentos más duros, llenos de incertidumbre; luego, cuando estalló la Revolución Cultural, los de una apaciguada prosperidad. Acumular se convirtió durante esta época en un hecho de desconfianza hacia el futuro. Nadie sabía lo que iba a suceder, cualquier cosa utilizada podría ayudar más adelante si las circunstancias se torcían. Waste not es la obra de toda una vida. Sin alzar un discurso elocuente ni pretender glorificar a nadie -y menos a sus padres-, Song Dong erige un tributo a la remembranza de la verdadera China. No desde los anales históricos ni las pasiones mitomaniacas, sino desde dentro, relatando la cotidianeidad, exaltando los días comunes y las vidas normales. El artista cataloga sus recuerdos a través de los objetos que construyeron su entorno doméstico para reconocerse, para no olvidar quién es y de dónde viene. Entiende que sólo podemos mirar hacia delante descifrando lo que hemos sido. Ordenar el pasado es una manera de hallar la paz en el presente para encarar con tranquilidad el futuro. “El fundamento de la memoria no es sólo su posibilidad de evocar, sino de construir, de crear, de fijar” comenta el pensador Emilio Lledó. Y continúa: “los vericuetos de esa memoria que, fragmentariamente, evocamos nos permitirían aprender de aquellos pasos que decidieron nuestro destino. Por eso, ser es ser memoria. No tanto por la siempre difícil plenitud de evocación, sino porque, en el hilo del tiempo recordado, podemos encontrar las decisiones, elecciones, azares que nos trajeron al lugar en el que estamos”. Todo lo que el artista es hoy -y mucho de lo que llegará a ser mañana- yace en esta instalación del MoMA. Completamente. “Las pertenencias personales y los bienes propios -refiere de nuevo con acierto Lledó- no sólo nos sirven sino que, en parte, conservan algo de nosotros: el desgaste del roce de nuestras manos, o esas arrugas de nuestros vestidos que se han hecho al aire, al gesto, a los hábitos y movimientos de nuestro cuerpo”. Nos hallamos en la memoria de los objetos que fuimos. Somos, aún sin querer evitarlo, aquello que tuvimos. Sema D’Acosta  Vista parcial de la instalación Waste Not realizada por el artista chino Song Dong en el MoMA
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