Nuestras Firmas: Javier González-Cotta

Ay, ay, ay, ay, esa camiseta (de fútbol)

Esplendor en la Hierba

Javier González-Cotta
10/06/2022

En las redes sociales, ese vasto muladar, siempre se está de berrea por cualquier asunto grave o peregrino. A casi inicios del verano, los aficionados al fútbol se lanzan a opinar acerca de las nuevas camisetas que lucirán sus equipos para la temporada venidera. Da igual si se trata de presentaciones oficiales o de filtraciones furtivas, las cuales se han convertido en un clásico en esta época tan átona del año.

Hemos repetido por aquí alguna vez que habría que fulminar por siempre el socorrido adagio: “Sobre gustos no hay nada escrito”. Falsa verdad que sólo exculpa a quienes pecan de mal gusto manifiesto. ¿Hasta cuándo esta necedad? Pues claro que sobre el buen gusto, la estética, el color y la mesura en diseño, moda y bellas artes hay escritos millones de libros, opúsculos deliciosos y ensayos que ayudan a conformar un criterio de armonía y delicadeza. El buen gusto también es educación, lo que no quita para que alguien siga siendo soez y de gusto bajo, por muy leído que esté en Grecia clásica o en pintura prerrafaelita o en el diseño de Alberto Corazón.

Decimos esto porque es habitual oír que ante tal o cual nueva camiseta las redes han ardido por parte de los aficionados. Suele apelarse siempre a que “sobre gustos no hay nada escrito”. No habrá nada escrito para el lerdo contumaz. A veces los creativos de las marcas deportivas creen acertar si unas camisetas son bendecidas por la jauría tuitera (mal asunto). Pero la mayoría de las veces asistimos a humoradas y linchamientos de varia índole, que incluso obligan a replantear diseños o a denunciar que se ha filtrado una adulterada versión de la nueva elástica que aún está definiéndose en el plasma de los secretos.

El FC Barcelona, nuestro querido FC Indepe, presentó sus nuevas camisetas, que se inspiran en la Barcelona Olímpica del 92, cuando la ciudad condal concitó para sí una idea centrifugadora de renovación y redefinición. No nos disgusta, la verdad sea dicha; si bien ignoramos dónde o en qué se vislumbra el alma o el trasgo del alcalde Pascual Maragall que ha acompañado al lema de la presentación (‘La llama sigue viva’). De forma añadida, al parecer, las prendas están hechas de poliéster cien por cien a partir de botellas de plástico recicladas. El guiño ecológico resulta obligatorio hoy.

Vox, como ahora demuestra la sobreactuada Macarena Olona, habla de histeria climática. No le damos la razón a esta especie de reina Isabel que espera volver abrir las puertas del reino nazarí a lomos de un burro-taxi de Mijas. Pero la verdad es que hoy por hoy todas las marcas acompañan sus presentaciones con mensajes sensibles con la Madre Tierra. La buena intención se ha convertido en cargante impostación.

El blancor de la nueva camiseta del Real de Madrid (admitimos también que nos agrada, aunque lo decimos tapándonos la nariz), está hecha con tela escrupulosamente reciclada y cuenta, además, con tecnología HEAT.RDY KEEP COOL. Nada más y nada menos. Al parecer es lo que permite regular la temperatura corporal del jugador. El CEO de Adidas estará orgulloso de este alarde técnico, que deja el muy ácido olor a sudor en una camiseta mal lavada en un mero recuerdo del Jurásico.

Asimismo, entre presentación y presentación de camisetas, la del Villarreal ofrece pocas variantes en su resolutivo amarillo de siempre, pese a que será la camiseta que recuerde el centenario de la entidad (1923-2023). La poca emoción que despierta el nuevo diseño de Joma se subsana con sus prestaciones técnicas. La camiseta está hecha también de poliéster reciclado y tejido con micrones para mejorar la transpirabilidad del trabajador de la pelota. Cuenta con sistema ‘flatlock’ de costuras planas, lo cual evita rozaduras y gana en elasticidad. Una maravilla, oiga. La camiseta parece un ente vivo, mientras la piel del jugador se nos antoja un estorbo.

Suponemos que el amarillo realzará así sus virtudes, pues se asocia en psicología con la diversión, la claridad, la curiosidad, la alegría y la concentración mental. Pese a todo, imbuidos de amarillo textil al modo Villarreal, somos incapaces de entender hasta dónde llega el famoso sistema ‘flatlock’. Tampoco nos importa demasiado. Ya puestos, preferimos perdernos en descifrar el amarillo mistagónico, como el de las telas amarillas y doradas asociadas a la sacralidad, que remiten al color de la fe o a los cabellos trigueños que llegaron a identificar a Cristo con un Apolo de la verdad. Le regalamos el dato al CEO de Joma para que profundice en la amarillosidad espiritual del ser.

Por aquí, por estos lares, se ha filtrado también la camiseta que usarán nuestros equipos para la temporada venidera. La primera elástica del Betis, que ahora viste la sirenita danesa llamada Hummel, no ofrece variantes descaradas en sus rayas y formas blancas y verdes, salvo el ribete negro del cuello, en armonía con el color igualmente negro –y no blanco– que lucirá en el calzón como primera equipación.

La blanca sevillista, creada por Castore, ofrece una línea sobria, con detalles nimios en rojo y, de forma inquietante, añade unos juegos geométricos de estilo mudéjar, inspirados, según parece, en los artesonados y azulejerías del palacio de Pedro I en el Alcázar. Señalan los creativos de Castore que las camisetas sugieren cierta idea de sevillismo vinculado a los tesoros patrimoniales de la ciudad. Uno se pregunta qué mente diáfana habrá pensado esto mismo en el basural de las redes antes de saber lo que se ha propuesto Castore.

De cuando en cuando suelen hacerse polémicas listas sobre cuáles son las camisetas de fútbol más bonitas del mundo. Los redactores de la revista ‘France Football’ eligieron las que a su juicio les parecían más bellas dentro de su contexto histórico. De ahí la selección de camisetas, de entre una lista de cincuenta, pasó a ser confrontada por los lectores en el picadillo de las redes. No eligieron en ‘France Football’ las zamarras más bellas sólo por cuestiones de estética (cosa que sí hizo antes la revista inglesa ‘Four Four Two’). El criterio era determinar qué camisetas, sin olvidar tampoco su diseño, les resultaban más atractivas en atención a logros futbolísticos de mérito o a que con ellas sus equipos marcaron toda una época.

La primera en la votación fue la setentera del Ajax de Johan Cruyff (1973-74). La segunda, también setentera, fue una verde del Saint Etienne francés (1975-1977). Y la tercera, sin movernos de los setenta (años de plomo político en Italia, Turquía, el Ulster británico y en parte España), fue la de la selección de Holanda para el Mundial del 74. De entre la lista las hay maravillosas, como la blanca de River Plate del 50 y su banda roja en diagonal, igual que, sin movernos de Argentina, las de la selección que lucieron con albiceleste encanto gracia a Adidas en el Mundial 78 (el de la dictadura de aquel buen hombre llamado Jorge Rafael Videla), y en el Mundial 86 de México, esta vez con la marca Le Coq Sportif.

Desmenuzar el calado histórico de estas camisetas nos daría para tropecientas crónicas. No pretendemos abrumar al paciente lector, a quien agradecemos que haya llegado hasta este punto. Pero sí decimos que la lista de ‘France Football’ es un buen indicador de la temperatura estética del fútbol a lo largo de la historia. En muchos casos la nostalgia deja de ser ese habitual reclamo de las mentes débiles que se corroen en silencio con evocaciones venenosas. Apelar al estilo ‘vintage’, tendencia que tanto se ha prodigado, nos resulta cargante y mercadotécnicamente saturado. Pero hay diseños del tiempo de ayer que ponen al desnudo la catetez abrumadora de los 90, por ejemplo, y de alguna que otra década horrible posterior, coincidiendo con el fatídico cambio de milenio.

Los primeros diseños por ordenador, con sus juegos geométricos y sus incipientes filigranas, fueron maleando el encanto adusto, bello y sereno de muchas camisetas de fútbol. En ellas parecía descifrarse la publicidad de Mies Van der Rohe y su celebérrimo ‘Menos es Más’. La camiseta Adidas de la selección alemana que ganó el Mundial 90 de Italia quizá marcara una línea de innovación mal entendida. Lo último en sofisticación demencial lo ha traído la pastoral verde aplicada a telas y paños, con los citados micrones y su tecnología de transpiración impronunciable. Tal vez la camiseta no apeste, pero el diseño sí.

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