Nuestras Firmas: Javier González-Cotta

Himnos a granel

Esplendor en la Hierba

Javier González-Cotta
28/10/2022

Estamos rodeados de himnos. En el fútbol de hoy abunda esta plaga hímnica. En todo club, en todo lugar, suena un himno. Ora grave y ceremonioso. Ora zumbón y dispuesto a convertirse en reguero viral por redes sociales.

El Mundial de Qatar se aviene ya por la puerta de atrás de la mala conciencia y lo hace a ritmo de su ‘Hayya hayya’. Sones arábigos y latinos al tiempo. Hemos escuchado ya el himno de España –‘Toke’– que la curvilínea Chanel ha grabado para la ocasión. “Si tengo que ir a Qatar voy con mi equipo LGTBI+ y mi culo hipnótico”, ha dicho la celebrity (sin duda para agrado de la ministra Irene Montero y del feminismo más enervado). Iremos conociendo seguro todos y cada uno de los himnos de todas las selecciones que acudan al Mundial de Qatar. Aparte de vergel de la diversidad sexual y de fontana de todas las cervezas (abluciones alcohólicas a gogó se prometen), Qatar será el gran palacio de la música. Será para desagrado del Profeta (el Islam más riguroso no ha tenido mucha estima por la música).

Antes de Qatar ya vivíamos entre pesadillas de himnos. A cada cual más pegajoso (que no pegadizo). Apenas hay equipo ya en LaLiga que no tenga su himno y lo haga sonar en su estadio con la habitual fanfarria ‘a capella’ y con una puesta en escena un tanto artificial. Lo escuchamos ahora en equipos y aficiones insospechadas, como la del Villarreal o la del Valladolid. Supe que El Arrebato había obrado un Potosí en el ya pretérito 2005, cuando en un curso de verano en Jaca sobre revistas culturales (sí, tenía uno olfato de CEO a lo Elon Musk), escuché el himno del centenario del Sevilla en algún que otro bareto de la noche alto-aragonesa. Cosa extraña, dado el predicamento moderado que el club tiene fuera de Sevilla y que, hasta entonces, no había ganado nada en el preámbulo de lo que para su gente sería después su más larga hora maravillosa.

Han venido luego los incontables himnos, hijos todos, al fin y al cabo, del ‘You’ll Never Walk Alone’ del Liverpool (hay quien bromea diciendo que es el himno del Everton, el otro equipo tristón y solo de la ribera del Mersey: casi nadie se acuerda que existe). En LaLiga se han prodigado himnos y más himnos en los últimos años. Todo lo que va de la nueva cantata del Real Madrid (‘Hala Madrid y Nada Más’) al muy sentido corifeo que une a la afición del Córdoba CF (El Arcángel se convertía –Paco González ‘dixit’– en Arcanfield).

Los himnos están empezando a resultar cargantes. La simbiosis emocional está virando a una especie de escénico corta y pega. Casi todos los estadios empiezan a recibir a sus equipos al abrigo de los suyos con bufandada y voz en cuello. Lo que era una peculiaridad, un distintivo de algún club granado, se ha convertido casi en borregueo coral. Nos fijaremos a partir de ahora en los equipos que no tienen himno o no lo cantan en los prolegómenos del partido de autos. Nos caerán incluso mejor.

La fiebre hímnica hace decir a muchos hoy que el himno de la Europa League suena ya con más bella tonada que el himno a lo Handel de la Champions (el himno de la Conference –nuestra competición favorita– es poco menos que un remedo del de la Europa League). Carece de letra la partitura compuesta para la segunda gran competición europea, lo que la entronca con los himnos nacionales que andan huérfanos de letra o bien andan componiéndola a trancas y barrancas sin acuerdo (caso del español, el bosnio-herzegovino y el de San Marino). España no presume de lo que debería presumir con originalidad.

Tras el fracaso de los equipos españoles en la Champions (no lo dirán por el apalizado Sevilla), se habla ahora del fracaso del fútbol que se prodiga en LaLiga respecto a otros países. Sin la exageración, el fútbol no sería una de las bellas artes. Pero si así fuese, estaría uno encantado de que LaLiga penara su decadencia y lo hiciera bajo el pentagrama en blanco del silencio. Una sinfonía muda, un himno al vacío es lo que hoy agradecerían los oídos.

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