Nuestras Firmas: Javier González-Cotta

Mundial y contradicción

Esplendor en la Hierba

Javier González-Cotta
03/12/2022

Adiós, noviembre. Hola, diciembre. Todo discurre rapidísimo. Como esto es un artículo sobre fútbol (o eso se intenta), diremos que el tiempo, rápido y escurridizo, siempre acaba por meternos un gran caño por debajo de las piernas (la ‘cachita’, como se decía en la remota infancia). El Mundial de Qatar entra ahora en modo “o lo tomas o lo dejas”: llegan los octavos. Pero, a día de hoy, uno no sabe si seguir poniendo a caldo la celebración de este Mundial a destiempo o si, con todo reconcomio interior, admitir que nos estamos tragando casi todos los partidos, desde los himnos hasta el pitazo final del árbitro tras el postre flambeado de los muchísimos minutos añadidos.

Uno, en fin, pretende ser íntegro y acaba siendo contradictorio. Hoy estoy de acuerdo en que este Mundial de otoño-invierno es una ignominiosa mancha para la historia del fútbol. Incluso suscribo lo que dice el compañero Rafa Pineda sobre Qatar ("fútbol de aficiones disfrazadas en las gradas, de nacionalismo barato y de un patrioterismo digno de sociedades poco desarrolladas"). Amén. Pero eso lo digo hoy. Porque ayer, o mañana mismo, dije o diré que esta Copa del Mundo es una maravilla, la mejor fase de grupos que se recuerda, amparándome para ello en lo que dicen otros periodistas deportivos para suplir mi absoluta incapacidad de criterio.

Por ejemplo, con sólo observar las carnavalescas gradas en el Mundial, un día me irrito con los bobos de turno y sus disfraces de cartagineses (hinchas tunecinos), de leones del Atlas o de leones indomables (marroquíes o cameruneses), de luchadores enmascarados (mexicanos), de diablos rojos con cuernos (belgas), de caballeros de la época Tudor con corona y cota de malla (los ingleses), etcétera. Y, en cambio, otro día y en otros partidos me quedo interesadísimo en descifrar la geopolítica y el guiño nacionalista o directamente tocapelotas que se propaga por las mismas gradas. Aquí una bandera del Kurdistán. Allá una enseña palestina junto con la del pueblo gitano. Más arriba una bandera de la ‘Armija’ del ejército bosniaco en la guerra de los Balcanes. Y así.

Se han ido ya de Qatar –y bien que lo sentimos– algunas de las selecciones que más nos gustan por sus intríngulis añadidos. Pero al menos lo han hecho sin renunciar al carácter de la raza. Los uruguayos, con su maravillosa camiseta celeste (¡tan maleada por la ‘diseñitis’), se van insultando al árbitro y a los asistentes con sus salivazos de protesta (grande Cavani al derribar la pantalla del VAR). Y los serbios derrotados, de precioso atuendo encarnado, se encaran con las provocaciones del kosovar Granit Xhaka, que juega al servicio de Suiza. Nos atrae la geopolítica de la ira futbolera en la misma proporción que nos irritan los tontos holandeses ataviados con todo tipo de indumentos color naranja alusivo a la dinastía Orange.

Y así, mientras tanto, ocurre lo que ocurre. Esto es, que el tiempo pasa raudo y nos hace una ‘cachita’ tras otra. El Qatar-Ecuador del estreno del Mundial nos resulta ya como una antigualla. Igual que la nueva fase de octavos nos parecerá pretérita cuando se disputen los duelos de semifinales o el partido por el tercer y cuarto puesto con sabor a medalla olímpica de chocolate. Y ocurrirá que, cuando se reanude la Liga (sí, la Liga, eso que existía antes) y vuelva el borboteo frenético hacia nuestros equipos de fútbol, nos parecerá inconcebible que haya habido un Mundial durante más de un mes de por medio.

Ni que decir tiene que, al menos, yo mismo renegaré absolutamente de haber visto partido alguno del Mundial (sólo por azar y de soslayo todo lo más). Diré que nunca me distraje con los partidos de correcalles con surcoreanos o australianos. Y negaré tajante que es mentira que no dejara pasar detalle durante la interpretación de los himnos o que me haya interesado la geopolítica de las banderas en las gradas. Habrá que mentir con descaro de cemento cuando retorne la Liga. De momento, pues a ver qué partidos echan hoy en la infamia esta llamada Qatar…

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