Nuestras Firmas: Lucas Haurie

Cualquier cosa menos una lotería

El tackle

Lucas Haurie
24/04/2022

La final de la Copa del Rey de 2022 fue la primera del siglo XXI decidida en una tanda desde el bellamente denominado punto fatídico y el capitán que recogió de manos de Felipe VI, Joaquín Sánchez, derrochó señorío (también respeto por su antiguo club, el Valencia) con sus palabras de consuelo al perdedor: “Ellos también se habrían merecido ganar. Los penaltis son una lotería”. Un ejemplo de fair play el portuense, sin duda, aunque se equivoque porque el Betis ganó su cuarto título oficial al cabo de un ejercicio que es un concentrado de fútbol y en el que intervienen multitud de factores. Quizá el que menos, el azar.

Fíjense –fijarze bien– si no en el desdichado Yunus Musah, el único de los diez lanzadores que falló en La Cartuja. Es un crío de 19 años que, literalmente, estalló de nervios en pleno vuelo y embarcó el balón que quiso mandar a la escuadra de Bravo con el interior del pie. ¿Mala suerte? Quiá. Un gesto técnico lamentable propio de quien está superado por la responsabilidad. No es mucho mayor que él Juan Miranda, 22 primaveras, quien marcó el tiro decisivo sin atisbo de esos nervios que confesó sentir –“cagado”, dijo que iba– y que domeñó con temple de veterano. 

Desde su implantación en 1962 en el Trofeo Carranza, idea del periodista gaditano Rafael Ballester –vigente en las competiciones internacional desde la Eurocopa 76 de Maier y Panenka–, este sistema de desempate exprés es objeto de aproximaciones de todo tipo pese a lo cual, nadie ha logrado encontrar la llave del triunfo. En el Mundial 2014, se dio un curioso caso: Costa Rica eliminó en octavos a Grecia y se enfrentó en cuartos a Países Bajos, cuyo seleccionador cambió al portero en el minuto 119 y le ganó la tanda a los ticos. Los neerlandeses desvelaron que debían el pase a un sofisticado software cuyos algoritmos pautaron millones de lanzamientos. Todo muy bonito, pero en semis cayeron contra Argentina… por penaltis y la conclusión fue que las dos selecciones que habían disputado dos tandas habían ganado la primera vez y caído la segunda: con los carísimos ordenadores de Van Gaal o encomendándose a las plegarias de Keylor Navas, el resultado había sido idéntico.

Sí está demostrado que, en un porcentaje cercano al 60, el equipo que lanza primero lleva las de ganar, estadística contrariada por el Betis esta vez, aunque FIFA estudia modificar la norma y establecer un sistema de 1-2-2-2… similar al del tie-break en tenis porque la desventaja psicológica de quien dispara para no perder es notable a partir del cuarto turno. La única “lotería de los penaltis” propiamente dicha sería entonces ganar el sorteo y empezar lanzando, porque tampoco queda claro que la intercesión divina o supercheras –esas estampitas de Cousillas o su conjuro de kirikocho– sean en verdad eficaces. Ni desmerece la Virgen de los Desamparados a otras advocaciones ni le faltarán a Bordalás recursos esotéricos, como tampoco iba más ayudar Alá a Fekir que a su excompañero en el Olympique lionés Mouctar Diakhaby, tan devoto musulmán como el bético.

Fue curioso comprobar que los cinco tiradores béticos –Willian José, Joaquín, Guardado, Tello y Miranda– entraron desde el banquillo, en demostración de que Pellegrini apostó por la frescura. Sin embargo, tampoco jugó los 120 Musah, que falló, y sí lo hicieron tres de sus compañeros que acertaron, Soler, Guedes y Gayá. En la semifinal de 2005, resuelta por penaltis en San Mamés, Serra sacó a Lembo en el último minuto de la prórroga sólo para que chutase (y marcó), táctica que le resultó fatal al seleccionador inglés, Gareth Southgate, que hizo entrar en el minuto 120 de la final de la pasada Eurocopa a Rushford y a Sancho… y ambos fallaron para darle el título a Italia. ¿Cuál es entonces el secreto? Ni idea.

Sí existe, no obstante, una constante en todas las finales decididas en la tanda penaltis: cuando hay un equipo sevillano de por medio, y ya van cuatro veces, la fiesta se celebra a los pies de la Giralda. Ocurrió en 1977, quizá por la ventaja de haber inaugurado la tanda García Soriano, y ayer sin que este detalle fuese decisivo. También pasó en la UEFA de 2007, con Kanouté como primer lanzador, y la de 2014, pese a que el Benfico chutó (y marcó) el inaugural. Va a resultar que, pese a lo que se quejan algunos paisanos, somos gente con suerte. O, mejor dicho, gente que no tiembla cuando queman las papas.

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