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LUCASHAURIE
El tackle

Querer no tiene por qué ser poder. Pero no querer es una idiotez

24/01/2019 · Lucas Haurie

Los asiduos a este rincón del World Wide Web habrán leído en más de una ocasión la peripecia de Theodore Roosevelt júnior, el único general aliado que desembarcó en Normandía el 6 de junio de 1944. Las lanchas habían depositado a su compañía a una treintena de kilómetros del lugar previsto, lo que hacía imposible el cumplimiento de la misión encomendada para el día de la invasión. Teddy, que murió de un infarto unas semanas más tardes y no era hombre que se dejase arredrar por los imprevistos, tranquilizó a sus atribulados oficiales: “Empezaremos la guerra desde aquí mismo”. Su flemático, pero veloz, proceso de toma de decisión sobre la marcha sigue estudiándose en las escuelas militares como ejemplo de cómo debe actuar el comandante en un campo de batalla: con ductilidad, subordinando el plan a las circunstancias del momento y nunca al revés.

Aunque un sector creciente de público y crítica, gentecilla de la auténtica cáscara amarga, menosprecia el triunfo del Sevilla sobre el Barça en la ida de los cuartos de final de la Copa del Rey, en esa actitud ceniza que los franceses critican con la expresión “escupir en la sopa”, el 2-0 infligido al cuádruple campeón del torneo merece un cambio en los planes de Machín: los más fatigados deberán descansar el sábado para llegar frescos al partido del miércoles y a Juan Soriano habrá de brindársele la oportunidad de debutar en Primera contra el Levante para que el más fiable Vaclik intente certificar el pase en el Camp Nou. ¿La alineación de Wöber, Bryan Gil o Arana incrementaría las opciones de los granotas de puntuar en el Sánchez-Pizjuán? Es muy posible que sí, aunque han de considerar los lectores dos matices: que ese partido, frente a lo que se juega cuatro días más tarde en Barcelona, importa poco, concretamente una mierda; y que los valencianos sólo han perdido en una de sus seis últimas visitas a Nervión (fue un día de enero entre compromisos de Copa en el que Emery sacó a Kakuta y a Cristóforo para que se quedasen fuera de la convocatoria Vitolo y Banega, mira qué casualidad).

Es lo de menos, en todo caso, lo importante es que el Sevilla ha puesto contra las cuerdas al Barcelona y está a noventa minutos de romper la más fabulosa dinastía en la historia de la Copa. Claro que cabe la posibilidad de fracasar en el intento pero, ¿de verdad existe alguien tan lechuguino como para no tratar de hacer Historia con mayúsculas? Sólo el Madrid CF, entre 1905 y 1908, ha logrado los cuatro títulos consecutivos que acumula este Barça, que también jugó la final de 2014 y que no cae en una eliminatoria desde enero de 2013, hace ya seis años. ¿No importa a los culés la Copa? A la vista de los datos, les importa más que nada en el mundo. ¿Y esta edición en particular? Bueno, según. En los octavos alineó a su equipo de gala para remontarle al Levante y en el Sánchez-Pizjuán, Valverde movilizó desde el banquillo a Luis Suárez, Coutinho y Jordi Alba para ver si endulzaba el tanteo. Otra cosa es que Messi descanse algunos partidos (también lo ha hecho años atrás en este torneo hasta las mismas semifinales) y que, pese a su fabuloso potencial, no sea capaz de levantar un 2-0 que, por mucho Barcelona que uno sea, es un resultado muy peliagudo.

La única tarea del Sevilla es no facilitarle la gesta al enemigo y si para ello es perentorio guardar fuerzas, que parece que sí, éstas deben ser guardadas. No es tan frecuente, pese al fatalismo de muchos, que el Barça inflija goleadas sumarias: ya han leído aquí que la mitad de los (malos) resultados de los sevillistas en el Camp Nou en el último decenio, incluido el cosechado hace unas cuantas semanas, darían el pase a los Machín. En campo neutral, los contendientes se han visto en cuatro finales últimamente y todos los títulos se fueron a Cataluña, sí, pero dos al cabo de una prórroga y otro más con un penalti para provocar el tiempo extra fallado por Ben Yedder en el descuento. Competir, se suele competir, pero es que esta gente pierde muy poco en los días señaladitos: Messi ha disputado 30 finales con el Barcelona y ha perdido seis, cuatro contra el Real Madrid, una frente al Athletic y otra ¡bingo! ante el Sevilla. Se puede estar lloriqueando acojonado de aquí al miércoles a las 21:30 o se puede poner toda la energía en tumbar al gigante para meterse (otra vez, sí, otra vez) en semifinales, no hay más opciones.

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