Nuestras Firmas: Lucas Haurie

La responsabilidad como virtud individual y/o privada

El tackle

Lucas Haurie
06/06/2020

Cuando lleguen los millones de la Unión Europea, en buena medida procedentes del bolsillo del contribuyente alemán, nos hartaremos de escuchar imprecaciones al rigor luterano con el que Angela Merkel, no en vano hija de un pastor, exigirá fiscalizar nuestras cuentas públicas. Y, sin embargo, hasta en el menor detalle se perciben las diferencias entre el (saludable) respeto a las reglas que se practica allí y la (disolvente) laxitud asimétrica que sufrimos aquí, donde el pueblo clama sulfuroso por “castigos ejemplares” para el tabernero que intenta paliar su ruina expendiendo un botellín a deshora pero zanja con un sonriente palmetazo en el omoplato la travesura de Éver Banega y sus amigos.

Así relataba, el viernes por la noche, un cable de la agencia DPA cierto suceso análogo.

Los jugadores del Borussia Dortmund Jadon Sancho y Manuel Akanji han sido multados con sumas no reveladas por violar el protocolo de higiene de la Bundesliga, según ha confirmado la competición. En las redes sociales aparecieron fotos de ambos con un peluquero y todos sin mascarillas después de que los jugadores se cortaran el pelo en casa, lo que viola las estrictas regulaciones en medio de la pandemia de coronavirus.

La Bundesliga argumentó que "las visitas de peluqueros en el hogar obviamente violan los estándares generales de protección contra infecciones de higiene y especialmente el concepto médico y organizativo". La competición añadió que los jugadores tienen cinco días para apelar el fallo. El director deportivo del Dortmund, Michael Zorc, ya había vertido críticas sobre el comportamiento de sus futbolistas el jueves. "Hablamos nuevamente con los jugadores de una manera muy clara y les dejamos muy claro cómo deben comportarse", dijo. En total, hasta seis jugadores del Dortmund recibieron la visita del mismo peluquero.

Es llamativo que no hayan sido las autoridades, sino la propia patronal del fútbol –la LFP germana– la que haya multado a Sancho y Akanji, pues muestra que, en las democracias avanzadas, son los individuos y las entidades privadas las responsables de fijarse la mayoría de las pautas de comportamiento. También en materia de salud laboral e higiene, mejor cuanto más lejos se mantengan las sucias manos de la autoridad política, sea ésta alemana o sea española, pues es sobradamente sabido que cuanto más crece el Estado, más mengua la libertad.

El deporte de alta competición es un enorme espejo en el que desean reflejarse muchísimos ciudadanos, jóvenes y no tan jóvenes. Don Javier Tebas –todos en pie– y el Sevilla han perdido así una formidable ocasión para reforzar, con una reprensión onerosa para el bolsillo –su órgano más sensible– de los futbolistas pillados en falta, su compromiso con la activación de su industria. Aunque suponga contradecir algún postulado de la profesora Roca Barea, una de las mentes más preclaras de panorama intelectual español del momento, podría decirse además que esta indulgencia no sólo daña la imagen del fútbol. Es, además, un argumento para ese batallón de euroescépticos septentrionales que tienen por imposible la alianza con las naciones católicas del sur, donde los jugadores de ventaja campan a sus anchas gracias a una ancestral (in) cultura manirrota, de moral relajada, enchufista y donde la normativa adquiere la forma de un embudo para que el poderoso halle siempre la parte más ancha.

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