Nuestras Firmas: Lucas Haurie

Los malacostumbrados

El tackle

Lucas Haurie
03/05/2021

1-X-2. Se necesitaba una sucesión canónica de signos quinielísticos para seguir alimentando la hoguera, ardiente desde el jueves en el que el Granada asaltó el Camp Nou, de la (ya imposible) Liga del Sevilla. Lo primero era ganarle al Athletic en el Sánchez-Pizjuán, luego debería llegar el empate del sábado entre el Barcelona y el Atlético para, veinticuatro horas después, avivar el incendio mediante el riego masivo con gasoil que habría de ser una victoria en Valdebebas. Eran tres resultados en dificultad creciente según su orden cronológico y el triunfo en esta visita de los contumaces subcampeones de Copa, que venían a la vieja Hispalis por sexta vez en cuatro meses, era condición sine qua non para poner a funcionar las calculadoras.

No se dio porque, valga la tautología, el fútbol es así. El Sevilla jugó igual que en tantísimos partidos contra un rival en chanclas y un portero que contaba sus últimas actuaciones por operetas, Unai Simón, pero se disfrazó de santo milagrero para que la pelota entrase sólo una vez y fue en la portería de Bono impulsada por Iñaki Williams, que no celebraba un gol desde que Zarra era juvenil. Un título es una empresa enorme y muy remota que muchos sevillistas, a fuer de acumular éxitos, han banalizado. Además de hacerlo (casi) todo bien, para ganar es necesaria una alineación de circunstancias favorables que no siempre se dan. Cuando así ocurre, esta sociedad alérgica a la contrariedad e infantilizada escupe bilis a discreción para exorcizar su frustración.

Jesús Gil Manzano y Julen Lopetegui son ahora mismo las dianas favoritas de ese sector del sevillismo que, a elegir, confunde el sentido de la palabra ambición o desconoce por completo la esencia de la competición, donde la derrota siempre es una posibilidad y no tiene por qué llegar acompañada de un complot arbitral ni de la estupidez de los propios. Este entrenador, más la puntería de En-Nesyri y el DNI de Rakitic, por mencionar algunos de los puntos más vulnerables que hay ahora mismo en el club, han alzado al Sevilla hasta las puertas mismas de su cénit histórico. Es lícito querer más, claro que sí, y también es lícito recordar que cuando no se valoran los éxitos de un técnico campeón, pueden aparecer por la puerta un Míchel o un Sampaoli que den fenomenal en los reportajes televisivos.

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