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VÍCTORFERNÁNDEZ
Me levanto y me voy

No se puede cambiar de pasión

11/12/2018 · Víctor Fernández

El dinero, siempre el puto dinero. Qué tendrá que es capaz de destruir amistades, sueños, parejas, pasiones… Así nos va. Para qué sirve el dinero si detrás dejas un panorama oscuro de traiciones e infidelidades. Y, si para colmo, la cantidad por la que mandas todo a la mierda es calderilla, la situación se pinta aún más lamentable. Plantear la venta de una obsesión llamada Sevilla por algo más de 200 millones de euros es de tiesos. Vender un producto mágico, saneado, con brillo y exitoso por esas moneditas es para echarse a llorar. Se arrepentirán si lo hacen. Quizá, la vida de los máximos accionistas y sus hijos sea más cómoda desde el día que firmen el traspaso de poderes, pero habrán enterrado su pasión. Sólo les quedará el dinero. Porque la pasión de Del Nido, Castro, Guijarro, Alés y Carrión es el Sevilla. No se engañen. Por eso se jugaron su dinero, el de verdad, el que les podía hacer falta, para salvar su equipo. En una magistral escena de la película ‘El secreto de sus ojos’ se dice: "El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín. No puede cambiar de pasión”. La historia reconocerá que un día se jugaron su patrimonio, pero en sus conciencias siempre retumbará el maldito pensamiento de no haber sido valientes, de no haber arrojado los intereses por la ventana y no haberse lanzado a construir un nuevo campeón de Liga.

 Hace algunos meses me posicioné acerca de lo interesante que podría ser que un potente grupo inversor inyectara dinero. No llegué a valorar la posible venta del club, pero si fue así no tengo dudas en cambiar de opinión. Lo hice anoche, de madrugada, al ver cómo esos sevillistas de toda la vida, los que no habían vendido sus acciones (¡Dios mí, qué amor a su Sevilla, qué lección a los que sí decidieron canjear sus sueños por unos miles de euros!), salían de la Junta atropellados, indignados, dolidos, hundidos, rotos… Porque sabían que la fuerza del Sevilla ha sido siempre el propio Sevilla, ellos. Y sin ese corazón no hay magia. Todo se puede ir al carajo. Creo que la venta del club aún no es efectiva. Y por la forma con la que los que mandan han llevado las operaciones, ya nadie aceptará ni siquiera pararse a reflexionar sobre el nuevo proyecto. Pero aún nada está perdido. En su día, Carrión inyectó dinero, Castro le puso mucha ilusión, Alés apostó su capital al igual que Guijarro o Gómez Miñán o Eduardo Romero, Del Nido aportó pasta y coraje y el pueblo puso lo que pudo. De nuevo, los sevillistas deberán salir a luchar por su club. Esta vez, en contra de los suyos. Así es la vida. Que se enteren los quieren venir que se encontrarán con la tierra quemada. Con una masa revuelta y enfurecida. Quizá se lo piensen. Queda mucho por hacer. Como siempre repite mi amigo Abel García: obsesión Sevilla FC, obsesión felicidad.

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