Juanpe López, el lebrijano vivaz sin complejos que llega a la Vuelta "para cumplir un sueño y darlo todo"

Diego Manuel Díaz
19/10/2020

Es posible que para el gran público el nombre de Juan Pedro López Pérez (Lebrija, 1997) no suene demasiado. Acaso, por lo común de sus apellidos. A sus 23 años, este lebrijano entrará este martes en el selecto club de ciclistas sevillanos que corren una Vuelta a España. Y aunque a primera vista se pueda pensar que no hay nada especial en eso de participar en la ronda ciclista ibérica, atrás quedan años de extenuantes entrenamientos y abundante sacrificio vital, en varios de sus sentidos y acepciones. La suya es esa historia con tintes clásicos y algo cinematográficos del niño que en verano se aburre y se pone a dar pedales. Que va creciendo con la bici al unísono de sus anhelos, entre más entrenamientos y otros tantos sacrificios. Y que, casi de repente, como si todo ese lapso no hubiera sido un trecho, tal día suena el teléfono y te dicen que te vas a correr una grande. Sí, una prueba ciclista de tres semanas, con sus puertos especiales, con sus kilometradas y sus pájaras y que lo harás con el maillot de un equipo de máxima división (Trek-Segafredo) frente a tipos que son campeones del mundo o que han llevado varias veces el amarillo en los Campos Elíseos. ¿Decíamos que nada de especial?

"Llego con muchísima ilusión, es un sueño cumplido. Y aunque he arrastrado una gripe hace unos días y no estoy en el mejor momento, espero ir recuperando para hacerlo bien”, narra el protagonista, a unas horas del arranque de la Vuelta, en un estado de máxima felicidad. Y aunque sabe desde hace un par de meses que tendría la oportunidad de debutar en una grande en la carrera de casa, sigue fiel a la filosofía del día a día: “voy con muchas ganas, pero sabiendo que este sueño hay que creérselo y hay que rendir en la carretera. El recorrido es muy duro y hay muchísimo nivel. Pienso en positivo, pero aquí hay que ir paso a paso”, afirma armándose de una madurez que su trato jovial y cercano habían escondido.

El caso es que Juan Pedro no es tal en el orbe ciclista mundial. Es este universo es Juanpe: el nombre de guerra de un chaval vivaz, de extrema locuacidad y, sobre todo, de piernas fuertes cuando la carretera se empina. Un escalador clásico, de talla no tan menuda (1,70 y 60 kilos) pero apariencia ligera, que baila sobre la bici como una mariposa y que si te descuidas te suelta un demarraje cual picotazo de abeja. Y que en escasos dos años en el complicado mundo profesional ya se ha ganado un hueco en la vigilancia de compañeros, contrincantes y seguidores del deporte del pedal. El sevillano es, y esto es noticia casi histórica, una de las más firmes promesas de futuro del ciclismo patrio. Y hablamos de historia porque bien sabemos que a lo largo de los años son entre pocos y poquísimos los hispalenses que han brillado dando pedales. Tanto es así que no contamos con un representante en la Vuelta a España desde 2014, Antonio Piedra, a la sazón uno de los dos únicos que a su vez han conseguido alzar los brazos en una etapa, en su caso, en Lagos de Covadonga 2012. El anterior fue Antonio Montes, allá por el cretácico ciclista (años 30 y 40).

 

Preguntado por una futura participación en el Tour, dándose el curioso caso que la única referencia de un sevillano en la Grande Boucle fue la de otro lebrijano, Francisco Fernández Moreno con el maillot del mítico Kelme en 1980 -llegó fuera de control en el segundo parcial de la primera etapa-, el joven Juanpe torna su marcado carácter andaluz para acabar haciéndose el sueco, regateando todo atisbo de subir la presión: “mi sueño siempre fue correr algún día la Vuelta, ¿sabes? Hombre, el Tour es el Tour, pero vivo el presente y esta carrera en la que voy a debutar me tira mucho”. Lo hará en una prueba que este año no bajará de la mitad norte del país y que no tendrá público en las cunetas. “Los ciclistas notamos que no haya público, está claro. Los ánimos se agradecen mucho, pero es una decisión correcta por la seguridad de todos”, expresa, al tiempo que recuerda aquellos días en los que era él el público de la gran vuelta hispana por etapas, no hace mucho, en años precedentes en los que la serpiente multicolor pasó por la provincia de Sevilla: “Ojalá un final de etapa en Lebrija”, exclama entre risas.

La vida de Juanpe sigue muy ligada al terruño. En su Lebrija natal vive y a través de esas carreteras infinitas del Bajo Guadalquivir, totalmente llanas “y con mucho viento” se trabaja la figura de escalador. Otros tantos días, cuando la planificación llama al desnivel, es la cercana sierra de Grazalema, con los puertos de El Boyar y Las Palomas, la que toma el relevo para la puesta a punto del prometedor ciclista sevillano: “ahí tenemos la oficina”, donde hace grupeta con otros dos andaluces muy consolidados en el mundillo, el malagueño Luis Ángel Maté (Cofidis) y el gaditano Juan José Lobato (Euskaltel Euskadi).

Y aunque este martes tomará la salida en su primera grande, el sueño de Juanpe López se hizo realidad hace más de un año. Primero cuando su equipo de formación, el Kometa de la Fundación de Alberto Contador, lo subió a la escuadra profesional. Ahí despuntó, con buenas clasificaciones generales e incluso una victoria de etapa en plenos Alpes, en el Giro de Aosta y MontBlanc, carrera de postín para jóvenes talentos. Tan buenas fueron sus prestaciones en Kometa que todo un Wold Team, es decir, de la primera división, como Trek-Segafredo se fijó en él. 2019 como aprendiz y ya en 2020 y 2021 con contrato profesional con este mastodonte del ciclismo mundial que tiene en sus filas a toda una leyenda como Vincenzo Nibali, ahora disputando el Giro, al que Juanpe manda ánimos; y Richie Porte, el australiano que por fin alcanzó hace unas semanas el podio del Tour. “He tenido una buena adaptación al equipo, estoy muy contento. Me dan confianza y el trato es fenomenal. Tengo una relación muy buena con Markel Irizar (ex corredor del equipo y actual miembro del plantel de preparadores). En Trek ha demostrado una progresión esperanzadora, iniciando su periplo en carreras de máximo nivel (World Tour) siendo parte clave para que Porte repitiera victoria en Down Under, la carrera australiana que lanza el año ciclista. Luego llegó la pandemia, cortando el buen inicio de Juanpe. Regresó fuerte, con buenas actuaciones en la Vuelta a Burgos y Getxo, donde a falta de unos kilómetros estaba en el grupo cabecero dispuesto a pelear la victoria hasta que una caída lo dejó sin opciones. Debutó en un carrerón como es Dauphiné, y otra caída lo dejó k.o. a las primeras de cambio. Tras disputar las Árdenas, conociendo el monumento de la Lieja-Bastoña-Lieja afectado por gripe, entra en el ocho de La Vuelta, puede que ayudado por la situación de pandemia y los calendarios coincidentes, aunque su participación caería por su propio peso viendo el buen rendimiento que está dando en su primer año en World Tour.

¿Y cuál será su papel en La Vuelta? “Conocer una carrera de tres etapas, seguir aprendiendo y darlo todo”, explica sosegado. A buen seguro que veremos a este lebrijano luchando por colarse en fugas de etapas de montaña. Juanpe corre como habla: con desparpajo, sin complejos y valentía. “Soy sufridor por todos lados: ciclista y bético”, apostilla entre carcajadas, al tiempo que no deja pasar la ocasión para venerar a su ídolo: Joaquín, “que sigue siendo un crack, con las carreras que se mete. Aunque en la acera de enfrente hay otro del mismo estilo, Jesús Navas”, afirma, haciendo gala de su conocimiento futbolero.

Estaremos atentos desde este martes a una Vuelta a España con aliciente sevillano. En el Angliru, Tourmalet (que este año se sube en La Vuelta) o en la Covatilla habrá un escalador de Lebrija brincando sobre la bici y sacándole una sonrisa al dolor de piernas.  

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