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Lunes, 27 de Mayo de 2019
Polideportivo

30 años después: las claves del dopaje de Ben Johnson

12/05/2019 · Alejandro Delmás

Los ardientes días 26 y 27 de mayo de 1987, el herrumbroso cuartito de pesas de la ya desaparecida pista sevillana de Chapina temblaba en sacudidas metálicas ('claang, cloonk'...), como aplicadas por puñetazos de un 'Terminator' o como asumiendo los impactos de las orugas de un carro de combate. Esos días ardientes, y en ese hirviente cuartito 'chapinero', hoy tan sepultado bajo las presurosas aguas inmediatas al Puente del Cachorro... 'Big Ben' Johnson hacía 'press de banca' o pectorales ("fácilmente", recordaba Ben unos años después: y era verdad)... con 150 kilogramos, casi el doble de su peso corporal: 79 kilos, para 1,78 de altura. Los atletas sevillanos más jóvenes se ruborizaban ante la imponente presencia de la escultural jamaicana Merlene Ottey: hoy, naturalizada eslovena y entonces, casada con el corredor estadounidense Nat Page, un vallista de 400 metros. En su habitación del Hotel Pasarela, un alegre, colosal Johnson recibía a los periodistas de la época... en 'braslip', sonriente en su lenguaje medio trastabillado, y sin nada más encima que esas braguitas: exactamente igual que su pareja de entonces, la también velocista canadiense-jamaicana Angella Taylor-Issajenko, a la que entrenaba el mismo 'coach' de Johnson: Charlie Francis. En efecto y en Chapina, el jueves 28 de mayo de 1987, a las pocas horas de esas escenas trepidantes de las pesas, Johnson, un bólido humano, iba a batir en 100 metros por la calle 'cinco' y por una centésima al brillante, celestial Carl Lewis, 'El Hijo del Viento': 10.06-10.07. El gastado tartán de la calle 'cinco' de la vieja, gastada pista chapinera, que enfilaba su último año de vida, apareció después tan desgarrado como si por allí hubiera pasado un tigre de Bengala, en zarpazos de furia. O, para el caso, un depredador de las junglas de Jamaica.

En aquella derrota de Sevilla, la gran estrella Lewis reclamó la 'foto finish a los jueces', con el firmante como traductor de ocasión: tras persecución de vísperas desde el aeropuerto. Lewis insistía en que, viniendo de atrás, su cabeza había traspasado la meta antes que cualquier elemento del cuerpo de Johnson: quien se ralentizaba justo al cruzar la meta. La foto mostró que no fue así: por una sola centésima. Por aquello, Lewis, un 'Hijo del Viento' que no paró de reclamar, cobró 25.000 dólares. Johnson, 20.000. Tres meses después, en el Campeonato Mundial de Roma, Johnson volvió a imponer su asombrosa salida en 'plongeon', como el que se tira a una piscina en plancha. "Ni Tyson, ni Muhammad Ali... ni Maradona han tenido la fuerza que yo tengo en el tronco", dijo Ben a quien suscribe, en 2006 y en 'su' pista de la York University, en la megaciudad de Toronto. En el Mundial de Roma, Ben destrozó a Lewis y arrasó en la final del hectómetro. Firmó un nuevo récord planetario: 9.83, por 9.93 de Lewis, al que de nada sirvió igualar la anterior plusmarca mundial. Humillado en el Estadio Olímpico de Roma, el orgulloso superclase Carl Lewis ya no se calló: "Aquí hay algunos tipos que se dopan y todo el mundo lo sabe".

ZÚRICH Y SEÚL.- Entre una expectación jamás repetida en el atletismo, los Juegos Olímpicos de Seúl venían un año después de aquello de Chapina y Roma. A 'doble o nada', una empresa estadounidense, Heritage Sports, adquirió y negoció los derechos de los dos archirrivales, que se repartieron equitativamente 500.000 dólares en la carrera de 100 metros de la Weltklasse de Zúrich, en 1988. Fue el 17 de agosto de ese mismo año olímpico: ganó Lewis con 9.93. Calvin Smith fue segundo en 9.97... y Johnson, recién cicatrizada una lesión fibrilar en los potentísimos isquiotibiales entró tercero, frenando y desacelerando (10:00) tras la autoritaria demostración de 'King Carl'. Esta fue la misma tarde helvética en la que el aire de Zúrich traía perfume a lavanda... y a récord mundial: los fabulosos 43.29 del sedoso Harry 'Butch' Reynolds en 400 lisos, que mejoraban de largo la plusmarca de dos décadas de Lee Evans (un ideólogo del 'Black Power') en los Juegos Olímpicos mexicanos de 1968: fue 43.86 para Evans, justo casi al mismo momento en que en la misma tarde mexicana, caliginosa y tropical... Bob Beamon iba a 'despegar' en un planeo sobrenatural de 8,90 metros en longitud. El 16 de julio de aquel 1988, Lewis había marcado 9.78 en los 'trials' estadounidenses de Indianapolis: pero con 5,2 metros de viento a favor. En esa misma delirante jornada de Indianapolis, 'FloJo', Florence Griffith-Joyner (fallecida... en pleno sueño, en 1998) voló, a risa abierta, con excéntricos 'maillots' de 'lycra' hasta un alucinante, sospechoso y brutal récord de 10.49 en 100 metros. Hoy, la Federación Internacional de Atletismo, IAAF, mantiene ese récord de 'FloJo'... aunque con un asterisco. El asterisco: probable disfunción del anemómetro en la medición del viento a favor.

Tras Zúrich, y una nueva derrota (ya incluso sin Lewis en acción), en Colonia y a finales de agosto, Johnson suspendió el resto de su gira veraniega... y se recluyó en la isla caribeña de St. Kitts. Allí fue 'Big Ben' a a tratarse de aquella lesión de los 'isquios' que no acababa de cicatrizar, acompañado de su 'Team': su médico personal, Jamie Astaphan, su fisioterapeuta Jack Scott, su célebre entrenador, Charlie Francis (un mito entre los técnicos de la velocidad mundial), su agente, Larry Heidebrecht... y buenas dosis de Winstrol, el esteroide anabolizante, 'anabolizador', 'reconstructor' con estanozolol que Scott inyectaba a Ben Johnson. Astaphan y Francis ya han fallecido. Se echaban encima los temidos, inevitables Juegos Olímpicos de Seúl. Los 'sponsors' de Ben Johnson, entre los que se contaban Diadora, la marca italiana de equipamiento, y, esencialmente, 'Mazda', el fabricante japonés de automóviles veloces, que acababa de firmar con Ben, habían mostrado al 'Team Johnson' su preocupación ante la presumible eventualidad de un fiasco en Seúl. Para cumplir y tranquilizar a los 'sponsors' -cuyos 'bonus' por el oro olímpico totalizaban el millón de dólares-, Francis y Astaphan llegaron a la conclusión de que necesitaban '20 metros más de un Johnson exigido a la máxima potencia'. Pero, tras los fracasos de un 'Short Ben' en Zúrich y Colonia, ¿dónde estaban esos metros? No había dudas para Astaphan: en las inyecciones masivas intravenosas de un esteroide anabolizante llamado... 'estanozolol'.

LOS CONTROLES Y LOS BÚLGAROS.- ¿Cómo se podrían superar los controles 'antidoping' dispuestos para los Juegos con 'máxima dureza', según instrucciones del llamado 'Señor de los Anillos', Juan Antonio Samaranch Torelló, presidente del Comité Olímpico Internacional? Jamie Astaphan no tenía dudas, y así lo relató 'Sports Illustrated' en los días inmediatamente posteriores a los Juegos de Seúl: "We can beat them" ('podemos vencer a los controles'), aseguró Astaphan en la reunión del 'Team Johnson' en St. Kitts, en agosto, en la que se analizaron las circunstancias de Ben y las exigencias de los 'sponsors', antes de tomar decisiones. Todo pasaba por los métodos de enmascaramiento de Astaphan, esencialmente una copia del 'sistema búlgaro', la metodología que protegía y blindaba a los lanzadores y levantadores de pesas de los equipos nacionales de Bulgaria. Pero todo eso había venido ocurriendo -como en Roma- en eventos dependientes de la IAAF, cuyos controles sí había ido sorteando exitosamente Johnson, de la mano de Astaphan. Así, Ben se había convertido en una suerte de 'Terminator'... o 'replicante' de apariencia indestructible: al estilo de los modelos humanoides de 'Blade Runner'.

Pero ahí, en los Juegos de Seúl, resultó que el Comité Olímpico Internacional (IOC), espoleado por Samaranch y por su vicepresidente (canadiense...) Dick Pound desplegaba su nuevo juguete 'controlador', dotado de precisión infinitesimal para, a su vez, 'batir' a los anabolizantes más sofisticados, como el estanozolol (cuyo uso masivo se conocía, tanto como su potencial para generar cáncer de hígado)... y a sus 'enmascaradores': aquí se trataba del desarrollo y aplicación en los controles olímpicos del llamado 'espectómetro' o 'analizador' de masas (moleculares), con la base de los isótopos de neón. Todo, programado novedosamente para los incipientes ordenadores de finales de los años 80 por el exciclista y bioquímico germano Manfred Donike: del círculo íntimo de los más potentes ejecutivos alemanes del IOC... hoy presidido por el alemán Thomas Bach. Donike moriría de un ataque cardíaco dentro de un avión en vuelo, en 1995. Pero antes, Manfred Donike descubrió que la testosterona sintética se degrada más lentamente a epitestosterona que la testosterona producida por el propio cuerpo. Esta investigación sirvió para desarrollar los controles actuales que miden la relación testosterona/epitestosterona.

En los días previos a los Juegos de Seúl, ya entrenando en la capital coreana, los ojos de Ben Johnson refulgían... en amarillo intenso, la señal del arduo trabajo de procesamiento de estanozolol a que el hígado de Ben estaba sometido. "No hay dudas de lo que está pasando y es para temer por su hígado y riñones; lo están tratando como a un caballo de carreras, como a un simple juguete", señalaron varios técnicos estadounidenses a William Oscar Johnson y Kenny Moore, los enviados a Seúl de 'Sports Illustrated'. Justo en la primera semana de los Juegos, y empezando por los reputados levantadores Mitko Grablev y Angel Guenchev (que habían subido a lo más alto del podio), el equipo entero de halterofilia de Bulgaria quedó descalificado. Los habían pillado con el diurético 'furosemida'. El espectómetro de masas había funcionado. Así que una sombra negra se cernía sobre Jamie Astaphan... y sobre Ben Johnson. "O Johnson y los suyos están locos... o están protegidos con una póliza de seguros ('insurance policy'); pueden tener cosas que temer después de lo de los búlgaros", insistieron entonces aquellos mismos técnicos de EE UU. 

En el mundo del atletismo de los 80, esas 'insurances' de referencia eran los contactos 'protegidos' que competidores, médicos y federaciones podían mantener dentro del 'staff' de la IAAF, presidida por el italiano Primo Nebiolo entre 1981 y 1999: siempre a niveles tan altos y 'untados' como para disfrutar de una buena 'protección'. Entonces, y como es natural, la IAAF lo desmintió todo. Posteriormente, y tras la muerte de Nebiolo en 1999 (ataque al corazón), los graves escándalos relacionados con el dopaje que terminaron por poner un fin abrupto a la reciente presidencia del senegalés Lamine Diack (de 1999 a 2015) nos muestran actividades 'reptilescas' y de sobornos (rusos, sobre todo)... prácticamente calcadas a aquellas que se relatan de la época de Nebiolo, Lewis y Ben Johnson. 

Benjamin Sinclair Johnson, nacido en Falmouth (30-12-1961), en la 'parish' (parroquia) jamaicana de Trelawny, en la misma pedanía que alumbró a Usain Bolt, era el hijo de unos emigrantes jamaicanos a Canadá. Y ya se había comprado (antes de irse con 'Mazda') un 'Ferrari' negro. "No escogí el camino de ir limpio", nos reflexionaba Ben en 2006, aunque matizando: "Ahora, todos juegan al mismo juego que yo... Las drogas también son tecnología, ¿no? Las hacen laboratorios especializados que se afanan en ello, ¿no es así? Mejores drogas hacen mejores marcas. En cuanto a las pistas, en las de hoy, que son más duras, el grado de penetración y el fuerte impacto de rebote de las zapatillas hacen mejorar mucho la velocidad. Ni siquiera los clavos de las zapatillas son los mismos que cuando yo corría. Definitivamente, con estos materiales, yo hubiese hecho 9.50 en 100 metros, estoy seguro... yo llegué a Seúl sin haber tomado nada especial (N.B: tenía razón, ahora diremos por qué). Y también sé ahora que estaba elegido para un sabotaje, un sabotaje de los americanos, muy probablemente. No podía saber lo que había a mi alrededor, no podía estar seguro de ello. Pero lo supe después. Se sabía que nadie podía llegar a mis marcas, y eso rompía la competencia del sistema. Ya le he dicho: había gente que perdía mucho dinero, empezando por Lewis y los americanos. América y sus 'sprinters' tuvieron celos de mí. Y sé que hubo ese sabotaje". Pero todo cede ante la célebre sentencia de su 'ilustre' 'coach', Charlie Francis; "Si alguien está limpio, ese será un perdedor".

CRIMEN... Y CASTIGO.- El domingo 24 de septiembre de 1988, en la final olímpica de 100 metros lisos, un colosal rayo vengativo azotó la pista de Seúl: a velocidad salvaje. Tras reaccionar al tiro en 132 milésimas de segundo, el canadiense Ben Johnson pasó los 50 metros en 5.52, a 48 km/h (Lewis, 5.65): y cruzó la meta, tras 47 feroces zancadas (dos décadas después, a Usain Bolt y su 1,95 de altura le bastarían 41 zancadas), en unos siderales/criminales 9.79, tras relajarse en los últimos diez metros y alzar el dedo ante un mundo atónito. Segundo en 9,92 (récord de América), Carl Lewis fue a estrechar la mano de un Johnson que aceptó el gesto con desdén y desgana supremos. "La carrera de Ben ha sido sensacional; en la salida debe de haber 'pillado el tiro' ('caught a flyer')", proclamó Lewis. Y esto dijo Johnson: "Me gustaría decir que mi nombre es Benjamin Sinclair Johnson Jr. y que este récord del mundo va a durar hasta el Siglo XXI... a menos que yo mismo lo supere. Más importante que el récord ha sido batir a Carl Lewis y ganar el oro". Francis analizó la cinta de la final, junto a Johnson y calculó que, sin el frenazo y el subidón del dedo indice, la carrera habría valido '9.70'. 

Apenas cuatro horas después de la final que conmovió al mundo, los frascos de orina de los cuatro primeros ya estaban en el Olympic Doping Control Center, a menos de media milla del Estadio Olímpico de Seúl, junto al Río Han. A las 06:00 del lunes, el doctor Park Jong Sei, director del 'Control Center', tuvo el análisis que confirmaba 'estanozolol' en un 'Frasco A' de la final de 100 metros. Inicialmente, no se sabía el nombre del controlado: pero el número de la etiqueta del frasco resultó ser el de Ben Johnson. En la sobremesa del lunes, y ante los delegados del equipo de Canadá, Park confirmó que también había estanozolol (como 80 nanogramos) en la orina de Big Ben. Tras realizar dos nuevos análisis, Park confirmó el control 'positivo' al IOC: hacia las 22:00 horas. El 'gurú' Donike fue entrevistado y preguntado por los '80 nanogramos'. Su respuesta fue demoledora: "No importa la cantidad, no hay una frontera en la toma de esteroides, del mismo modo que no se puede estar 'un poquito embarazada'. O lo estás, o no lo estás. Pero sí puedo decir que en este caso... la cantidad no era precisamente pequeña". 

El canadiense Dick Pound, uno de los vicepresidentes de Samaranch en el IOC, explicó: "Ben dice que no ha tomado nada y yo creo que él no tiene conocimiento de las cosas. Su cuerpo puede ser culpable, pero su mente es inocente". Ahí anidaban las razones por las que el 'campechano' Johnson acabó admitiendo ante los tribunales canadienses que en Seúl no había tomado 'nada especial' y que había usado en el Mundial de Roma 'lo mismo que había usado en Seúl'. Claro. Al fin, y por todo ello, Ben acabaría despojado del título y el récord que facturó en aquel Mundial romano de 1987... bajo jurisdicción IAAF, recuérdese. Ahí, Larry Heidebrecht apuntó que "alguien le ha dado algo a Ben tras la carrera". Se sospechaba -y Johnson lo rubricó- que Andre Jackson, un compañero de Carl Lewis en 'Santa Monica Track Club' había metido 'algo' dentro de una cerveza que Johnson se tomó tras la carrera. "Lo que Ben tiene dentro de su cuerpo no es algo que se pueda deslizar en una lata de cerveza", replicó Pound. Mary Decker-Slaney, la leyenda estadounidense de 'Nike', de los bosques de Oregón y del medio fondo, afirmó: "Lo que ha pasado es una maravilla. No es por ir contra Ben, sino por ir a favor de un deporte limpio. El hecho de que algo tan grande como esto no se pueda barrer bajo una alfombra es algo que da esperanzas al deporte". Johnson abandonó Seúl en una huida multitudinaria, descalificado por un mínimo de dos años, en desgracia absoluta y con los 'sponsors' en fuga masiva. 

Tras un abochornante juicio público en Canadá ('La Investigación Dubin'), Ben ya no volvería a competir hasta 1991: siempre demasiado lejos de 'aquellas' marcas siderales de 1987, 88 y el estanozolol: eso, aunque Charlie Francis aseguró que 'el material' de Seúl se trataba de 'Furazabol'; antes de morir (2010) Francis contó su versión -'conspiratoria'- de los hechos de Seúl en el relato 'Speed Trap', En 2013, Ben Johnson diría: "25 años después... sigo siendo castigado". 'The Loser', 'El Perdedor' (no precisamente como Charlie Francis lo había descrito): así títuló 'Sports Illustrated', el 3-10-1988, la pieza estelar de su número especial de los Juegos de Seúl: bajo una gran fotografía con 'ojo de pez', en la que Ben Johnson demarraba como un tiro o un relámpago sobre el resto de un pelotón, crispado... y apelotonado. Pues fue... 'The Loser'.

Había sido, ni más ni menos, lo que Ridley Scott llamaba en 'Blade Runner'... 'retirada rutinaria de un replicante'. De los otros siete finalistas de 100 metros en Seúl, seis (todos excepto el fibroso estadounidense Calvin Smith, que se colgó finalmente el bronce) acabaron siendo delatados por problemas, escándalos o controles asociados al dopaje: el propio Carl Lewis... Linford Christie, Dennis Mitchell, Desai Williams, Robson da Silva, Raymond Stewart. Pero, cada vez que uno cruza a patita el Puente del Cachorro, del fondo del brazo fluvial bajo el que yace el solar de Chapina... aún parece emerger aquel eco demencial de 150 kilogramos en 'press de banca', manejados a pulso rápido por los pectorales de una especie de 'Terminator' en aquel mayo de 1987. 'Claang... cloonk... claang'. El eco salvaje de Benjamin Sinclair Johnson Jr.

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