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Polideportivo

07/04/2018

puesta en escena en Balaídos no fue mala, si bien, poniéndole la lupa, ya se apreciaba que algo de mentira había en el fútbol de los de Montella. Buenos toquecitos entre los de rojo, pero cuando se llegaba arriba, nada de nada. Menos daño que el pescado en blanco. Los tiros sobre la portería de Sergio daban lástima. Flojos, sin intención, meras cesiones que cualquiera meta de Primera atrapa con tranquilidad. Sandro tiró al pecho a los siete minutos. Banega, pasada la media hora, lanzó con la zurda y antes de que el balón llegara a la portería botó varias veces. El Celta no estaba haciendo nada de nada, pero es que tal 'pequeño' matiz da igual cuando enfrente está el Sevilla. Si no marca, ya aparecerá un amable jugador nervionense. Esta vez fue Arana el que perforó su portería. En dos ocasiones, nada menos. Lamentable partido del brasileño.

Con el Celta por delante en el marcador, se activó el modo manita. Miedo daba lo que quedaba por delante. La única certeza es que el Celta tiene un delantero. El Sevilla, también. Pero bastante peor. Bajo tan inquietante realidad se desarollaba la segunda parte hasta que se fue confirmando la caída con estruendo. Otra de las terribles consecuencias de la derrota en Balaídos es que la portería de nuevo tembló. David Soria empezó bien, si bien con el paso de los minutos jugó con el mismo o más nerviosismo que Sergio Rico. Los goles le fueron cayendo con suma facilidad. En dos partidos, el revulsivo que pretendía Montella ha quedado desactivado. Ahora muy posiblemente haya perdido a Rico, mientras que seguir apostando por David Soria tampoco parece el camino para terminar con las dudas. La salida al borde del área con Aspas oliendo la presa lo dejó en muy mal lugar. Otro petardazo de la planificación, el no haber detectado que para el primer nivel se hace necesario más calidad en el puesto clave. Un portero y otro prácticamente son la misma cosa. El Sevilla puso la cara de cordero degollado y hasta el final del partido no dijo ni mu. Nzonzi y Banega ya etsaban a otra cosa. Sólo Sandro parecía querer agradar. La entrada del Mudo no aportó nada. Algo crujió con Montella viendo su lentitud en los cambios ante el Bayern de Munich. Ahora otra goleada lo vuelve a dejar más señalado de lo que parece. El Sevilla tuvo veinte minutos aceptables en los que efectivamente pudo marcar. Como no lo hace, va caminando hasta el pozo sin freno. El Celta sin hacer nada especial mas que encontrar a su gran goleador, le metió cuatro. Como pudieron ser cinco. Ni Champions ni final de Copa. Las grietas en la planificación son demasiado evidentes. Ahora, calentitos a Munich

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