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Polideportivo

EL ESCAPARATE

El escándalo veló la tercera Copa de 'Kari' Pešić

24/02/2019 · Alejandro Delmás

Hace una semana exacta, la sección de baloncesto del F. C. Barcelona (el llamado oficialmente 'Barça-Lassa', con 'sponsor' añadido), firmaba en el WiZink Center/Palacio de los Deportes de Madrid (encima del solar de la vieja y Plaza de Toros madrileña)... su vigesimoquinto título español de Copa en una final que degeneró en grave escándalo. El resultado final de 93-94 para el Barça ante el Real Madrid (27 títulos de Copa, récord) sólo constó en acta como continuación de ese fuerte escándalo, desatado a raíz de dos increíbles decisiones de los árbitros Juan Carlos García González, Miguel Ángel Pérez Pérez y Benjamín Jiménez.

Infortunadamente, el 'show', que incluyó insultos, sanciones y el planteamiento del Real Madrid de una retirada por las bravas de la ACB... taponó otra bella realidad: se trataba y se trata de la tercera Copa del Rey y el título número 17 al frente de un club (incluso la EuroCup FIBA de 2007 con el Akasvayu Girona de un tal Marc Gasol) de alguien que ya es un mito en los banquillos: el técnico serbio/germano Svetislav 'Kari' Pešic (Novi Sad, Yugoslavia; 1949).

Además, Pešic agrupa en su palmarés otros seis títulos con selecciones nacionales (total global, 23), incluidos el Mundial absoluto 2002 (con Yugoslavia), más dos Europeos (2001, Yugoslavia, y 1993, Alemania)... y otros tres más con selecciones 'pequeñas', aunque uno de estos últimos resultó ser la piedra angular de su carrera como técnico: el Mundial 'junior' de 1987 que Yugoslavia arrebató a EE UU en la población transalpina de Bormio con chicos que luego serian estrellas mundiales: Toni Kukoc, Dino Radja, Vlade Divac... 'los chicos de Bormio'.

En fin y sobre las situaciones que devastaron los diez segundos finales de la prórroga de la final de la Copa del Rey 2019, el arriba firmante sólo puede decir que ve y recuerda baloncesto aproximadamente desde 1963, que intervino como jugador en categorías nacionales y Campeonatos Universitarios desde 1976 hasta 2000, que ha informado 'in situ' sobre cientos de partidos NBA, clubes y torneos de selecciones nacionales... y que en toda su vida y carrera periodística no recuerda que haya sido posible dejar sin sanción ¡¡por tres árbitros¡¡... una falta tan descomunal y rayana en la agresión como la del madridista Anthony Randolph al azulgrana Chris Singleton, ex 'wizard' de Washington. 

Penalizar oportunamente este incidente de 'asalto', a diez segundos del fin de la prórroga y con 90-92, habría liquidado la final en favor del Barça, que habría dispuesto de dos tiros libres... más posesión de balón. Conceder la última canasta del 93-94 a Tomic tras 'Instant Replay', y previa revisión videográfica (sólo dos tomas de las once totales) de lo que parecía un tapón ilegal de Randolph a Tomic fue otro abuso, dictado seguramente por mala conciencia y 'efecto compensación'... que acabó desatando todas las iras madridistas. Ya se verá dónde acaba todo esto. Pero aquí veníamos a hablar del...'Coach' Kari Pešic: a quien el Barça recuperó para los banquillos en febrero de 2018 cuando ya se planteaba una jubilación anticipada: el 'Coach' se hallaba de vacaciones en una estación alpina de esquí, en el Sur de Austria: tan cerca de... Bormio: 'Su' Bormio. Lo primero que hizo en el banquillo blaugrana fue ganar la Copa de 2018, en Gran Canaria: en modo muy parecido al de esta de ahora.

"ME FALTA YUGOSLAVIA".- Esta Copa y este Barcelona llevan el sello de un 'Coach' Pešic cuyo método de baloncesto (y su actual Barça), nos cuenta el base subcampeón olímpico José Luis Llorente Gento... "transmite cierta austeridad comunista, curiosamente más propia de los equipos soviéticos que de los creativos yugoslavos. Sin embargo, sea su estilo más o menos atractivo, su efectividad es indiscutible. El Barça es hoy un equipo aguerrido, que presiona de forma constante en defensa, con jugadores grandes, rápidos y fuertes".“Responsabilidad, responsabilidad individual, defensa y sobre todo… rebotes: el rebote es la clave para ganar este partido”. Esto era lo que Pešic pedía a los jugadores del Barça en la madrileña y ardiente tarde del WiZink, en la calle Goya.

"Hay dos cosas que me faltan en la vida: mis padres y mi Yugoslavia... yo me siento todavía yugoslavo. Me pregunto si se podría volver a aquella Yugoslavia o a aquella manera como nosotros vivíamos. En esta vida no puedes rendirte", acababa de declarar  a 'El Mundo' el propio Pešic, en los días anteriores a la Copa del WiZink Center. Pero las más típicas frases de un tipo muy balcánico, curiosísimo, trascendente, pasionalmente serio... y con fama de tacaño, escueto y ahorrador son éstas: "Es mucho mejor ganar que perder”. Y, en la misma línea... “es mejor ser primero que segundo". También: "No soy un mal entrenador... pero no lo sé todo”.

Es el mismo 'Kari' Pešic que -tras ser compañero en pista del genial Mirza Delibasic en el Bosna de Sarajevo, campeones de Europa en 1979, en otra vida- recordaba así en 'El Mundo' su primer gran cruce con la gloria como entrenador, en 1987 en el Mundial 'junior' de Bormio... después del bautismo de oro (siempre, con los mismos chicos de Yugoslavia) en el Europeo cadete de 1985: " (Bormio) fue muy emocionante, yo me siento todavía como aquel yugoslavo que era, que éramos. Y aún me conmueve cuando lo recuerdo. No sólo logramos títulos. Vivimos un tiempo, una vida, que ya no volverá".

Svetislav Pešic nació en Novi Sad por pura casualidad. Su verdadera ciudad es Pirot (el KK Pirot fue su primer club, como jugador, en 1964), al este de Serbia, muy cerca de la frontera con Bulgaria. Cuando vuela a Pirot, lo hace por Sofía, que queda mucho más cerca. Iba para portero de fútbol, pero su madre le hizo cambiarse al baloncesto, ya harta de que llegara a casa con la ropa sucia y destrozada. Tiene fama de tacaño y el apodo que lleva entre los amigos serbios y de Pirot, 'Kari' obedece a que en 1960, cuando tenía 11 años, Pešic vitoreaba en las calles con el nombre de 'Kari' al velocista alemán Armin Hary, blanco campeón olímpico de los 100 metros lisos en 1960, en Roma: "¡Qué rápido es este Kari!'. 

Hoy, después de unos 15 años viviendo y trabajando en Alemania (de 1987 a principios del Siglo XX), 'Coach Kari' maneja dos pasaportes, el serbio y el alemán. Su esposa, Vera, jugaba al baloncesto en el Zeljeznicar de Sarajevo. Su hijo Marko fue jugador del Alba Berlín y de la selección alemana, su hija Ivana también jugaba y su yerno, Jan Jagla, fue también internacional alemán y jugó en el Joventut de Badalona. Svetislav entrenó a Marko cuando este jugaba en el Alba Berlín... y hoy, Marko es el 'general manager' del baloncesto del Bayern Múnich. En el Mundial FIBA de 2002, en Indianápolis, Svetislav Pešic ganó la medalla de oro al frente de Yugoslavia y Marko, la de bronce: con la Alemania de Dirk Nowitzki. Y ojito a Luka, hijo de Marko, que ya mete triples con los infantiles del Bayern. 'Esto' era Yugoslavia.

'Coach Kari' fue campeón de Europa como jugador, con el Bosna de Delibasic (Bogdan Tanjevic, Varajic...), en 1979 y luego como primer técnico del Barça, en la Euroliga 2003. Es el único entrenador campeón de Europa con dos selecciones distintas: la de Alemania en 1993, y la de Yugoslavia en 2001: en Estambul, cuando la España de Pau Gasol y Navarro firmó su primer podio continental: el tercer puesto.

LOS CHICOS DE BORMIO Y DE LA GUERRA.- Pero el hecho más memorable en la carrera y quizá en la vida de Svetislav Pešic se remató el 5 de agosto de 1987, en el pequeño 'resort' italiano de Bormio, en los Alpes de Lombardía. Ese día y en el Palazzo Pentágono de Bormio, la Selección Junior o Sub-19 de Yugoslavia dominó por 86-76 a EE UU en la final del Mundial de su categoría. España ni se clasificó para aquel Mundial. Allí, en la fase previa, el 1 de agosto, la Yugoslavia de 'Coach' Pešic había bombardeado a esos mismos EE UU (Gary Payton, Stacy Augmon, Larry Johnson…) con un impactante 110-95.

Lo más impactante no fue el 110-95 en sí. Fue que Toni Kukoc, un zurdo larguirucho -croata, de Split, iba a ver al Hajduk de fútbol en el viejo Estadio Stari Plac-, y sin cumpir 19 años aún, redujo a cenizas la defensa dispuesta por Larry Brown para sus chicos americanos. En el partido que marcaría su devenir como jugador de élite, Kukoc ametralló la defensa de Brown con 11/12… en triples. Fueron triples de todas las facturas: parado ('set, 'catch and shoot'), en transición, tras 'dribblings' o bloqueos, con Augmon, Johnson, Lionel Simmons o LaBradford Smith cerrando sobre Kukoc, al que sus compañeros 'plavi' de cuatro años llamaban 'La Pantera Rosa'. Fueron 37 puntos totales, con la escolta suprema de los 22 tantos de Nebojsa Ilic, del Estrella Roja y hoy 'general manager' de la Federación Serbia.

Esto recuerda Toni Kukoc (que estos días pretende ser golfista olímpico con Croacia...) de aquel 1-8-1987: "Jamás en mi carrera volví a hacer unos números semejantes, ni siquiera me acerqué. Aquel día de Bormio, los triples me eran más fáciles que una bandeja. Ves ese agujero enorme, grande, como un estanque, y sabes que cada cosa que tiras… allí dentro va. Normalmente, yo podía anotar cinco o seis triples, pero ese dia salió todo, todo iba sobre ruedas después de que entraron los dos primeros tiros. Ese día supimos que no había límite para nosotros y que teníamos que ganar ese Mundial”. Tras los 11 triples, Toni se detuvo en 37 puntos con 1/2 en canastas de dos y 2/3 en tiros libres. Fue asombroso. Quedó para la leyenda que acompañó a Toni Kukoc cuando en 1993 se incorporó a los Chicago Bulls, donde Michael Jordan se acababa de retirar (Michael regresaría en 1995 y al fin jugó hasta 2003, en Washington, pero esa es ya otra historia). Hoy, Kukoc y Jordan juegan ocasionalmente al golf... incluso junto a Scottie Pippen.

Aquel 1 de agosto de 1987, Kukoc dejó petrificados a Larry Brown y sus americanitos. Tras entrenar al Bosna (1980-87), Svetislav Pešic dirigía a aquella cosecha yugoslava que fructificó en el oro del Campeonato Mundial de 1990, en Argentina… y que hizo implosión, pulverizada en las entrañas por la Guerra de los Balcanes. Ahí van los nombres de los 12 campeones de Bormio 1987. El Mundial estuvo a punto de no celebrarse por los diluvios y riadas alpinas que devastaron la zona, sólo días antes. Pero allí se proclamaron campeones, con Yugoslavia y con Pešic… Zoran Kalpic (4), Luka Pavicevic (5), Ilic (6), Kukoc (7), Miroslav Pecarski (8), Teo Alibegovic (9), Aleksandr 'Sasha' Djordjevic (10), Samir Avdic (11), Vlade Divac (12), Radenko Dobras (13), Dino Radja (14) y Slaviša 'Slavko' Koprivica (15). Preparando el Campeonato, en las alturas de Sarajevo, habían tenido que hacer a las órdenes de Brana Rajacic, gruñón asistente de Pešic, hasta tres series de subidas a los 300 escalones del trampolín olímpico (que ya no existe) del Monte Igman. Y la noche antes de la final de Bormio, los chicos 'plavi', joven manada de lobos balcánicos, anduvieron revolcándose en jugueteos por los toboganes y trampolines helados de aquel pueblito de los Alpes, en las inmediaciones del Passo dello Stelvio, una Cima Coppi del Giro italiano.

En la final del 5 de agosto, el técnico estadounidense Larry Brown, enloquecido, volcó todo su arsenal defensivo hacia el perímetro y contra Kukoc, al que redujo a nueve puntos. Pero, lógicamente, y tras el 40-43 del descanso, las torres de Yugoslavia, Divac y Radja, decantaron el titulo, con 21 y 20 tantos, Kevin Pritchard (15) y Lionel Simmons (13), ambos de paso para la NBA, fueron los más realizadores de unos desolados 'yankees'. En el descanso, cuando perdían por tres, Pešic arrojó al suelo violentamente la bolsa de equipamiento del utillero, en el vestuario de Yugoslavia… y dejó todos los discursos a Djordjevic, quien pidió “jaja” (“pelotas”, “huevos” en serbocroata) a sus compañeros y les arengó a "dejar en la pista todo lo que se tenga, desde las plantas de los pies para arriba".

"Salimos del vestuario como perros que no hubiesen comido en varios días… estábamos absolutamente seguros de que no íbamos a perder”, recordaría el bosnio Alibegovic. Miguel Ángel Forniés, fotógrafo catalán y luego Jefe de Prensa del Joventut, fue el único periodista español presente en Bormio. En plena euforia 'plava' y sobre la pista del Pentágono, Forniés hizo a los campeones (junto al gran patrón Borislav Stankovic, 'boss' supremo de la FIBA) una foto histórica y emblemática en blanco y negro, sobre la que volveremos. Más tarde, en Navidades, Pešic (que ya había sido contratado por la Federación de Alemania) felicitó a sus chicos de Bormio con esa postal, a cuyo dorso el 'Coach Kari' había escrito, de su puño y letra: “Nunca olvidéis lo que hemos logrado juntos”.

Como equipo, esos chicos-hombres de Yugoslavia nunca perdieron con ningún otro de su generación entre 1984 y 87. 'Misha' Pecarski, Djordjevic, Divac y Koprivica eran, todos, del Partizán. Tras ganar la final se fueron directamente al 'Training Camp' del equipo sénior del Partizán de Belgrado, en la Montaña Dorada de Zlatibor donde el 'general manager' en 1987 era… Dragan Kicanovic, y en juveniles ya emergía Sasha Danilovic. “Éramos el verdadero y propio 'Dream Team' de Yugoslavia, recuerda siempre un Divac al que Brana Rajacic regañaba cada vez que intentaba subir la pista con 'dribblings' descarados entre las piernas… o así. “Coach, ¿cómo le deja hacer eso (a Divac, 2.12 por entonces)?”, clamaba Rajacic a Pešic, que se encogía de hombros y respondía: “Lo hace perfectamente”. Pero si no hacían bien las series de cuestas y la preparación fisica, Pešic castigaba a Radja y Divac con carreras, en las que cargaban a hombros a Rajacic: con sus 120 kilogramos...

Amunicionada con la soberbia artillería de los campeones de Bormio (más Drazen Petrovic, Paspalj, Vrankovic, Zdovc…), Yugoslavia dominó el Mundial absoluto de 1990 y los Europeos de 1989 y 1991, además de firmar plata en los Juegos de 1988, en Seúl, ante la última gran URSS de un renacido Arvydas Sabonis. En 1991, los Balcanes estallaron: justo cuando los 'plavi' y los chicos de Bormio iban a sellar un nuevo título continental, en el PalaEur de Roma. Comenzó la diáspora. En muy pocos años, Drazen Petrovic, Paspalj, Kukoc, Radja, Divac, Vrankovic… marchaban a la NBA. Desde la Universidad de Oregón State (donde Divac le visitaba, cuando iba a jugar a Portland), Alibegovic fue al Alba Berlín… y a Cáceres.

PRISIONEROS DE GUERRA.- 'Prisioneros de guerra', como escribió Alexander Wolff en 'Sports Illustrated', los grupos étnicos de serbios, bosnios y croatas iban rompiendo lazos. Petrovic dejó de responder a las llamadas de Divac. Este (entre Lakers, Hornets y Kings) dejó de hablarse con los croatas, con Drazen y con  Kukoc, y también con Radja… casi sin saber cómo. “Pasamos de ser compañeros de mesas y de chistes que bromeábamos con el acento y la procedencia de cada uno…a tener que visitar hospitales de guerra y a gente sin hogar. Si hubiéramos mantenido las amistades, nos habría esperado un infierno en cada vuelta a casa.”, admitiría Radja, ya en 1996, casi mientras Divac lloraba en Los Ángeles (“éramos el mejor equipo del mundo…”), cada vez que encontraba entre sus cintas la grabación de la final europea de 1991, con la paliza final de su Yugoslavia a una excelente Italia: 88-73. Por cierto, en el PalaEur y en 1991, España arrancó bronce, ante Francia: fue la última medalla en el palmarés del seleccionador Antonio Díaz-Miguel Sanz.

Para Kukoc (de Jugoplastika Split, como Radja), que invitaba a sus colegas de juventud a pasar los veranos con él en Split, junto al mar, “ya nunca más podía tratarse entre nosotros solamente de baloncesto; veíamos a niños heridos… sin brazos, sin piernas”. “Para volver a jugar a juntos, habríamos necesitado hacerlo bajo un nombre abstracto, no sé, XYZ o algo así”, razonaba Teo Alibegovic.

Por todos los medios, 'Coach Pešic' (hecho, a su vez, un trotamundos) intentó, sin éxito, promover una reunión colectiva de su equipo, en cualquier parte, en América o donde fuese. Preguntaba a todos si seguían teniendo la foto de Forniés en Bormio, que él les dedicó como postal navideña. Si se les había perdido (como le pasó a Kukoc, cuando se fue a Chicago), el 'Coach' buscaría el recambio.

EL PODIO DE 1995.- Cuando fue a empezar el Eurobasket de 1995, todo en Atenas, en el primer desayuno, en el comedor de los equipos, Divac sí se saludó con Kukoc y Radja. Un saludo protocolario: nada cercano. Ya había muerto, en 1993, en Alemania y en accidente de tráfico… nada menos que Drazen Petrovic: “Lo que más me apenó fue que nunca pude restablecer relaciones con él”, dijo Divac, que ya en la misma pista de la final del Mundial de 1990, tras ganar el título, había despedido por las bravas a un 'hooligan'… con la bandera de Croacia. “Le dije que había ganado Yugoslavia y que allí sobraba esa bandera”. Muy poco después, cuando fue a visitar la tumba/monumento de Petrovic, en las afueras de Zagreb, Vlade Divac fue perseguido por gritos de 'chetnik', como se conoce a los peores terroristas serbios. Cuando Yugoslavia conquistó aquel Eurobasket de 1995, en Atenas, los croatas les acusaron de haber hecho en lo más alto del podio ateniense el signo de los 'chetniks', con los tres dedos desplegados a modo de revólver… y la Selección de Croacia abandonó el podio. “Aquel día no quisimos provocar. Sólo se trataba de decir… ‘esto es Serbia, que ha ganado, y nosotros somos serbios’. Pero los croatas siempre sufrieron muchas presiones para no llevarse bien con nosotros y contra nosotros”, resumió entonces 'Sale' Djordjevic.

“Cuando miro a nuestra foto de Bormio y pienso en la guerra… siento tanta tristeza”. Svetislav Pešic declaró eso en los primeros años del Siglo XXI, justo después de que verificó la inutilidad de sus esfuerzos: él mismo había llegado a ser un 'Prisionero de Guerra'. “He ganado Campeonatos de Europa y del Mundo, he ganado Euroligas… pero mi satisfacción personal más grande fue el Mundial con los Juniors de Yugoslavia en Bormio. Fue el resultado de cuatro años viviendo y trabajando juntos. Quedará en mi alma para siempre… en deportes, las cualidades de Yugoslavia siempre incluyeron un sentido de cooperación y de camaradería. Así fue en baloncesto, balonmano, fútbol, voleibol, waterpolo… incluso en ajedrez, que siempre nos ha gustado por las tramas y combinaciones que envuelve. Desgraciadamente, los políticos de nuestro país aprendieron muy poco de nuestros deportistas”. Ese era la reflexión de Pešic, en aquellos albores de siglo. Muy poco después, Alexander Wolff lo sintetizó en 'Sports Illustrated' con estas líneas de E. M. Forster: “Si tuviese que elegir entre traicionar a mi país o traicionar a mi amigo, espero poder tener las agallas para traicionar a mi país”. Los chicos de Bormio, con su 'Coach' Kari Pešic a la cabeza fueron unos campeones inolvidables. Y fueron… prisioneros de una guerra feroz. En Yugoslavia, la Yugoslavia de Svetislav Pešic.

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