López Iturriaga y su inolvidable canto del cisne en Amate

José Antonio Jiménez
17/11/2020
La visita de un equipo vasco a Sevilla es la excusa perfecta para recordar...”

Este sábado visitará el Municipal de San Pablo el Bilbao Basket. Un elenco de no muchos años de existencia, que desembarcará en la capital hispalense con una bagaje que lo sitúa en la zona más baja de la tabla clasificatoria de la Liga ACB. Atrás quedan los años en los que luchaba por codearse con los más grandes, por ganar títulos y restarle cuota de mercado a orillas del Botxo al Ath. Bilbao. Algo más que un equipo de fútbol, una filosofía de vida.

Los viejos amantes al deporte de la canasta recordarán que antes al baloncesto en Bilbao lo representaba otro conjunto. Patrocinado por una entidad financiera, vestido de amarillo y azul y morador La Casilla. Vetusto pabellón tan ochentero y tan complicado para todos los rivales. En ese equipo se ganaron la vida los excajistas Toñín Llorente, Chus Llano, Chinche Lafuente, Darrell Lockhart… y un profesional fundamental para entender la evolución de nuestro baloncesto: Juan Manuel López Iturriaga. Un alero vasco por los cuatro costado que tantas canastas había logrado con el Real Madrid y la selección española gracias a su rara habilidad de estar siempre solo. Uno no recuerda a un exterior tan capacitado para correr el contrataque. Estabas pendiente de quién se haría dueño de un rebote y López Iturriaga ya estaba desmarcado en el aro contrario esperando ese pase que le facilitara las cosas.

Más de distancias cortas que largas (pese a ser el mejor triplista merengue en el esteno de los 6.25 en la temporada 83/84) precipitó su salida de la Casa Blanca con la llegada de Petrovic. No era cuestión de juntar en el mismo vestuario a dos profesionales tan mal avenidos. Por eso, el Real Madrid le agradeció los servicios prestados durante tantos ejercicios antes de desearle toda la suerte del mundo en el equipo de su tierra: El extinto Caja Bilbao. Conjunto al que defendió entre 1988 y 1990. Con bastante acierto y muchos minutos sobre la pista. Casualidades del destino, su último gran recital antes de colgar las botas fue un sábado caluroso. Un 29 de abril de 1990, Sábado de Feria. En Sevilla, en Amate… y ante el Caja San Fernando.

Pese a no ser el máximo anotador de su equipo ante los de José Alberto Pesquera (lo fue Mark Simpson con 25 puntos y 4 triples), sus 19 tantos y 2 triples pesaron más que la aportación de un alero al que el destino le dio la opción de jugar en el Real Madrid. López Iturriaga, 36 minutos sobre el parket de Amate, firmó los último siete puntos de su equipo. Puntos para explicar que la victoria volara para Bilbao (76-81 fue el resultado definitivo de la contienda). Entre aplausos salió del pabellón un jugador querido por todos, desconocido para casi nadie… Y puede que sin esperarlo haber firmado en nuestra tierra su última gran actuación. Su particular canto del cisne. Igual que Gloria Swanson en la magestuosa Sanset Boulavard.

Cada vez que un equipo masculino de Bilbao nos visita es normal que nos acordemos del epitafio de un grande. De un mito. De un profesional que sobrevivió a su retirada y del que todavía nos acordamos cada vez que hay un contrataque. Juan Manuel López Iturriga, un palomero inigualable que no podía haber elegido mejor sitio para decir adiós por la puerta grande.

 

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