45 años del Ali-Frazier III: el 'Thrilla in Manila', ¿el mejor combate de la historia?

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Alejandro Delmás
11/12/2020

Entre marzo de 1971 y octubre de 1975, Cassius Marcellus Clay/Muhammad Ali y Joseph William Frazier/'Smokin' Joe Frazier disputaron una trilogía de combates en la cumbre de los grandes pesos mundiales que marcaron una época y una raya en el océano del boxeo mundial de todos los tiempos. La trilogía se cerró con ventaja de 2-1 para Ali, desde la cita inicial, el 8-3-1971, en el Madison Square Garden de Nueva York, cerrada con victoria a los puntos de Frazier: esta fue la primera derrota de Ali en el boxeo profesional (llegaba a 'The Fight of the Century' en 31-0) ... y la primera vez que Muhammad hincó la rodilla en un 'knock down'.

Oro olímpico en 1964, en Tokio, 'Smokin' Joe (1944-2011, 1,82 de altura) retuvo en el Garden su imbatibilidad, 27-0 en esos días de marzo de 1971... y propinó una severa lección a 'The Greatest', Muhammad Ali (1942-2016, 1,91 de altura, oro olímpico en 1960, en Roma), que hubo de internarse en un hospital neoyorquino, con la mandíbula fracturada: el mismo hospital donde acabaría Frazier, pocos días después y con la cara reventada.

Ese de 1971 del Garden fue el llamado 'Combate del Siglo' o 'The Fight of the Century', cuya crónica escribió Norman Mailer para la revista 'Life'... con sensacionales fotos de Frank Sinatra, a pie de 'ring'. En 1974, de nuevo en el mismo cuadrilátero neoyorquino, pero sin título mundial en juego (en 1973 y en Kingston, Jamaica, George Foreman, campeón olímpico en México/1968 le había arrebatado el cinturón a Frazier, con un KO espectacular)... Muhammad Ali se tomó la primera revancha y dominó claramente a Frazier por decisión unánime a los puntos tras doce 'rounds': decisión tan unánime a favor de Ali como la de 'The Fight of the Century' en 1971 a favor de Frazier. En este segundo enfrentamiento en el Garden, Ali forzó... hasta 133 'clinchs' en los que tuvo que actuar el árbitro Tony Pérez, de ascendencia portorriqueña. Antes, el 31-3-73... Ali había sufrido la segunda derrota de su ilustre carrera: fue en el Arena de San Diego y ante el también llamado 'Mandingo': Ken Norton, un pegador de 1,91 de altura que, literalmente, partió la cara y la mandíbula al ex Cassius Clay.

El claro éxito en el sórdido Ali-Frazier II ('Super Fight II'), el 28-1-1974, abrió la puerta a Muhammad para asaltar de nuevo el cetro mundial ante Foreman: algo que Ali conseguiría en 'The Rumble of Jungle', en Kinshasa, Zaire, el 30-10-1974, la célebre batalla selvática donde Muhammad Ali sorprendió al mundo en ocho espesos, siniestros asaltos para sobrevivir -con KO a la contra, en el asalto octavo- a los imponentes, homicidas mazazos de Foreman: y Muhammad lo hizo casi todo... recostado sobre unas cuerdas destensadas previamente -'Rope-a-Dope'- con un destornillador por su 'manager', Angelo Dundee. A solo unos centímetros del 'ring' del entonces 'Stadium 20 de Mayo' de Kinshasa (hoy, 'Stade Tata Raphaël'), Frazier fue uno de los comentaristas del Ali-Foreman, junto a figurones como Jim Brown, actor y gran estrella de 'American Football': y no precisamente (según nos narra el propio Norman Mailer) en favor de Muhammad Ali.

Sostenía Joe Frazier, sobre los sucesos de Kinshasa: "Foreman estaba enfermo. O, como mínimo, fuera de forma. George no debía de haber peleado aquella noche. Con Foreman en buena forma, el Ali de entonces no hubiese ganado ese combate. Nadie me ha pegado más fuerte que George Foreman. En mis primeros tiempos me pegaron fuerte otros como Eddie Machen o Doug Jones, pero no creo que haya existido nadie con la pegada de 'Big George'. En el caso de Ali, a mí me pasa que yo siempre sabía cómo podía golpearle y dañarle. Y lo demostré..."

La brillante, sorprendente victoria de Ali sobre Foreman, con la recuperación del título mundial por Muhammad, daba ahora el derecho moral a Frazier para reclamar una nueva oportunidad de reconquistar la cumbre de los grandes pesos. El esperpéntico promotor Don King (..."Yo puedo ir a sitios en donde a Henry Kissinger no se le ocurriría poner el pie"), que iba a atrapar a Mike Tyson y que había organizado el combate de Kinshasa en cooperación con el presidente zaireño, el dictador Mobutu Sese Seko, apuntó ahora a la colaboración del Gobierno filipino. 

La cosa era con otro dictador: Ferdinand Marcos, que ofreció a King una serie de 'bonus' para los boxeadores... más el Araneta Coliseum (28.000 espectadores; entonces, 'Philippine Coliseum') en Quezón City, un húmedo suburbio a 12 kilómetros del centro de Manila: y el Ali-Frazier III quedó fijada para la media mañana de Filipinas, el 1 de octubre de 1975: miércoles y exactamente la misma fecha en la que Francisco Franco pronunciaba el último discurso público de su vida, en la Plaza de Oriente y ante decenas de miles de ciudadanos españoles que jaleaban a 'su' entonces Jefe del Estado y Caudillo: la estancia de Franco en este mundo no pasaría del siguiente mes de noviembre. Obviamente con título mundial en juego, el Ali-Frazier III se fijó a las 10:45 horas de la mañana filipina del 1 de octubre, para pillar la mejor franja horaria en Estados Unidos... en la noche del 30 de septiembre. El mismo efecto de 'Zonas del Tiempo' que cuando se produjo el ataque aéreo japonés a la base estadunidense de Pearl Harbor, el 7-12-1941.

Las gestiones de Marcos y King (con la ayuda de la 'Manila Connection', Bob Arum y Thomas Oh, que convencieron a Ali y a su 'gerente', Herbert Muhammad), más el buen uso de las 'Zonas del Tiempo' con las cadenas televisivas de EE UU arrojaron como resultado sendas 'bolsas' de 4,5 millones de dólares fijos para Ali y 2,5 para Frazier, más 1,5 millones de dólares adicionales de premio -'bonus'- para el ganador y campeón.

Y aquí nos adentramos ya de lleno en lo que fue el llamado 'Thrilla in Manila' (cacofonía de 'Thriller in Manila'), también llamado 'Batalla Épica' o 'Epic Battle'. Se trata del que muchos han descrito como el mejor combate, el más intenso e infernal de todos los tiempos, del que se acaban de cumplir 45 años... y del que el firmante no ha escrito antes por lo que cabría llamar 'exceso de original: pero que el mismo firmante -y ahí quedan las vivencias y la foto en 'Galería'- tuvo tiempo sobrado de recrear y recontar en 2006 con el propio Joe Frazier en su hoy ya demolido 'Joe Frazier's Gym': en North Broad Street, Filadelfia, Pennsylvania.

'THRILLA IN MANILA'.- Todo venía enmarcado por la palabra 'Ego' y por el rencor mutuo que se profesaban Ali y Frazier: este no perdonaba a Muhammad que, desde los prolegómenos de su primer combate, en 1971, el ex Cassius Clay se hubiera referido siempre al propio 'Smokin Joe' como 'Gorila' o 'Tio Tom' -Frazier era hijo de una familia humilde, con doce hermanos, semiesclavos cosechadores de algodón en South Carolina-... justo cuando Joe Frazier se había significado, incluso legalmente, en favor de Ali y su lucha por no acudir al Ejército ni a la Guerra de Vietnam: todo lo que en 1967 le costó el título mundial de los pesos pesados, la descalificación mundial... y casi puso a Muhammad entre rejas.

"Ego'. Es la gran palabra del Siglo XX. Si hay una simple palabra que nuestra centuria haya añadido a la potencialidad del lenguaje, esa es ego (...) y Muhammad Ali empieza con el más inquietante ego de todos". Así empezaba Norman Kingsley Mailer, Norman, 'Normin' Mailer, doble ganador del Premio Pulitzer (1968, 1979)  la crónica en la estupenda revista 'Life' de lo que fue 'The Fight of the Century'. Mailer se inscribía en una lista de sensacionales periodistas, escritores y reporteros que siguieron los pasos y hazañas de Ali y Frazier. Junto a 'Normin'... George Plimpton (uno de los que en 1968 detuvo en Los Angeles a Sirhan Sirhan, el asesino de Robert Kennedy), Hunter S. Thompson, Sir David Frost, Mark Kram...  

Pero una primera aproximación a lo que pasó entre las doce cuerdas del Araneta Coliseum en la 'Zona de Tiempo' filipina del 1 de octubre de 1975 se la dio al aquí firmante el mismísimo Joe Frazier en aquella mañana de Filadelfia del 'Joe Frazier's Gym', en noviembre de 2006: "Sigo pensando que yo nunca perdí con Ali... El primer combate, el de 1971 en Nueva York, fue el mejor de todos. Pero no solamente fue el mejor de los tres que disputamos nosotros: entonces pronostiqué que iba a ser una barbaridad de pelea y ahora, con el paso de los años, estoy seguro de que para mí fue el mejor combate de todos los tiempos". En 'Life', Mailer reflexionó sobre el 'miedo a la extinción' que habitaba en los golpes de Frazier: que Mailer describía como 'llegados desde el rítmico vientre de un bazooka'. En 'The New York Times', Red Smith y Dave Anderson cuestionaron con acritud la decisión unánime en favor de Ali de 'Super Fight II', en 1974: el primer triunfo de Muhammad sobre 'Smokin'.

"En mis recuerdos, yo no me veo perdedor de ninguna de nuestras tres peleas", continuaba Frazier: "Sabía cómo hacerlo, del modo en que él boxeaba, y también anticipé cómo lo haría. Sabía que siempre llegaba un momento, cuando Muhammad tuviera el torso machacado por mis combinaciones, en el que antes o después dejaría la cabeza a mi alcance. Tuve que esperar, pero sabía que si insistía en mi táctica, él no aguantaría y quedaría a mi alcance. Y... en Manila pasaron muchas cosas extrañas. Es cierto que yo, a esas alturas, cuando me hicieron abandonar, antes del último asalto, el decimoquinto, apenas veía: estaba ciego del el ojo izquierdo. Y casi tampoco oía. Yo quería seguir adelante a toda costa, porque, aún como estaba, sabía que en el último asalto el combate podía ser mío con toda seguridad a los ojos de los árbitros. Sabía cómo sacar la ventaja final ante los árbitros y sabía que Muhammad, que ya no tenía más reservas ni trucos, no hubiera podido dar más en ese asalto número 15, pero..."

En el calor agobiante y tropical, entre la demoledora, feroz humedad del suburbio de Quezón City (a lo que se añadía el halo del humo de los habanos 'Montecruz Supreme' con los que King fascinaba a Ferdinand Marcos incluso en el Palacio Presidencial de Malacañang)... Frazier y Ali construyeron en Manila/Quezón, lo que en efecto, fue un episodio épico e imborrable, un cuadro para la posteridad: 'The Epic Battle'. Con sus 191 centímetros de talla y sus 2,03 metros en envergadura/alcance de brazos, Muhammad (220 libras, 99,8 kilogramos) volvía a sufrir el asalto indomable de Frazier (1,82 de altura, siendo generosos), el cosechador de algodón de South Carolina: una máquina de guerra de 210 libras (95,3 kilogramos... pero sólo 1,87 de envergadura) desatada y rencorosa hacia Muhammad Ali, el 'chico guapo' de Louisiville, Kentucky. El chico dorado y guapo, el 'Golden Boy' del Partido Demócrata de los años 70, del 'postureo' anti-segregación racial y los 'intelectuales' del boxeo: Plimpton, Mailer, Thompson, Frost...

La Versión de la Muerte en Manila empezó para Ali a las 10:45 horas de aquel disecante mediodía ecuatorial. Hasta ahí, la actitud de Muhammad había sido casi frívola: simplemente, Ali no aceptaba a Frazier como hombre ni como boxeador pese a la amarga lección que 'Smokin' le había dictado en 'The Fight of the Century', su primer 'duelo salvaje'. La estética gobernaba las acciones de Ali, para quien Frazier era incapaz de hacer nada 'bonito'. Para Muhammad Ali, Joe Frazier era una afrenta a la belleza y al estilo: a su propia belleza, la de Muhammad, y a su concepto genérico de cómo un buen boxeador debería moverse. No es que Ali odiara exactamente a Frazier; más bien le contemplaba con todo el desprecio del exquisito que no puede soportar a otro más tosco y muy lejos de su propia exquisitez y perfección física y profesional.  

EL TAÑIDO DE LA CAMPANA.- Justo hasta el tañido de la campana del primer 'round' en el Araneta Coliseum, Muhammad Ali estaba convencido de que iba a 'bombardear' -literalmente- a Frazier, al que ya no 'valoraba' siquiera como un oso agresor, sino como una especie de torpe y lenta tortuga: del mismo modo que en Kinshasa había definido a Foreman como 'The Mummy': La Momia. Ali, soberbio campeón del mundo no veía capaz a ningún hombre de resistir oleada tras oleada de impactos en la cabeza, uno tras otro. "Herbert, voy a machacar a ese negro, 'nigger", dijo Muhammad Ali a Herbert Muhammad unos pocos segundos antes de empezar su propio avistamiento de la Muerte, Muhammad Ali sí podía manifestarse así. Él, sí: Ali.

Joe Frazier vestía en Manila unas calzonas azules -con franja o banda blanca- del color de los 'monos' de trabajo de los operarios (Ali, blancas con banda negra). Joe no era un sociópata, ni un ser odioso. Pero en la oscura tensión de Frazier anidaban palabras como 'Gorila', 'Feo' e 'Ignorante, con toda la crueldad con que Ali se las había dedicado. Smokin quería arrancar el corazón de Ali y estrujarlo entre sus zarpas. Se lo había anticipado en una recepción, allí en Malacañang: "Te voy a azotar ese culo que tienes de medio marica". Y 'Smokin' Joe Frazier sí podía manifestarse así. Él, sí. Esto, cuando el sudor de Quezón City, Manila, se anudaba a los cuerpos como una toalla húmeda: incluidos los cuerpos de Don King y de Ferdinand e Imelda Marcos.

De acuerdo a su plan, arrogante y despreciativo, Ali tomó el centro del 'ring' abriendo y chocando sus guantes: empezaba la pelea con el aire de un magnífico prototipo bélico: en apariencia, indestructible. Aquel 'Maestro de Baile' o Pavo Real ya había tenido que dejar la danza para las clases. Porque esto era más serio: se trataba de una cacería en la que Muhammad operaba en el lado bueno del fusil de gran calibre o cañón de largo alcance. Pero 'Smokin' Joe Frazier se metia en la misma bocana del cañón de Ali, sin importarle cuántas veces le abrieran fuego: ni cuantos impactos pudiera recibir. 

En los dos primeros asaltos, las rocosas piernas de Frazier vacilaron un par de veces bajo el cañoneo. 'Nunca más te va a llamar 'Clay', aullaba desde la esquina el 'gurú' espiritual de Ali: el exuberante Bundini Brown. Bundini pensaba que perdería aquel al que primero le asaltara el miedo. Pero eso no iba a ser Frazier... que sufrió en el tercer asalto un tremebundo castigo venido de la izquierda de un agresivo Ali: que, como novedad desde los dos combates anteriores... rehuía siempre unos 'clinchs' celosamente perseguidos por el árbitro, el enérgico filipino Carlos Padilla. Atacaba. Ali atacaba. Agredía.

En el cuarto 'round' se esparció el ominoso perfume de un cambio de rumbo. Frazier parecía ir cogiendo ritmo, mientras que de sus guantes salían la misma clase de golpes que podían haber escapado de una trilladora... o cosechadora. 'Continúa agresivo, campeón', exigían desde el rincón de Ali... que al fin de ese cuarto asalto empezó a perder los nervios y gritó a Frazier "You dumb chump, you!" ('Tú, cabeza de necio; sí, tú'). Al asalto siguiente, el quinto, Ali estaba encerrado en su propia esquina mientras Frazier percutía sobre su cuerpo con martillazos a los riñones que resonaban como truenos o estampidos pesados. "Sal del maldito rincón", soltaba Dundee a Muhammad Ali. 'Deja de jugar", agregaba un nervioso Herbert Muhammad.

Y en el sexto asalto... apareció lo que el mundo conocía como Joe Frazier. Justo dónde, cuándo y cómo se esperaba la señal del humo de 'Smokin'. Las peleas de Frazier habían enseñado lo siguiente al mundo: uno puede llegar lejos, muy lejos, incluso a ese lugar remoto y desolado donde late el corazón de Joe Frazier. Uno puede abrir sus costados, colgarle cabeza abajo en una plaza pública, incluso linchar a Frazier; podrías incluso creer que ya le tienes, que Joe es tuyo. Pero justo ahí... te das cuenta de que no. No es así, no era así. Justo en ese sexto asalto, Joe Frazier desencadenó sobre Muhammad Ali toda la furia que le había hecho campeón mundial de los pesos pesados: asaltando pulgada por pulgada el pecho de Ali, la 'zona de combate' donde Frazier quería estar con su mejor carta: el demoníaco gancho corto de izquierda, directo a la cabeza de Ali. Hasta Imelda Marcos miró al suelo cuando dos de esos 'left hooks' alcanzaron la cabeza de Ali con resonancias de golpes de matadero... y las piernas de Muhammad parecían buscar la lona.

Pero, en mitad del desierto... Ali resistió lo irresistible. Digirió el castigo y se marchó al séptimo asalto diciendo a Joe Frazier "Old Joe Frazier, why I thought you were washed up...?" ('Viejo Joe Frazier, por qué pensé que estabas acabado?" Y Frazier replicó; "Somebody told you all wrong, pretty boy". 'Alguien te lo contó todo mal, chico guapo'. El asalto de Frazier continuó, épico, a la desesperada... y en la travesía del décimo asalto, el combate estaba absolutamente igualado. Peor aún: era pura, tórrida agonía. Ali se sentaba en su rincón como medio muerto; allí, Bundini y Dundee le pedían: "Da todo lo mejor que tengas, campeón, baja otra vez al pozo, el mundo te necesita".  "Lawd have mercy!", 'Señor ten Piedad', aulló Bundini cuando, al final del undécimo asalto... Frazier atrapó al campeón en el último rincón y le machacó a golpes salvajes.

El mundo contenía el aliento. Entonces, simplemente luchando por su vida, por puro instinto de conservación... Ali empezó a hallar la salvación y la luz al final del túnel oscuro. Varias derechas largas detuvieron a Frazier, cuya cara empezó a perder toda definición de persona humana. Como islotes perdidos en un mar morado, en el Golfo de Leyte, masivos hematomas empezaban a rodear los ojos de 'Smokin': sobre todo, el izquierdo. A 'ojos vista', los golpes de Frazier perdían aquella fuerza homicida. "My God,", 'Dios Mío', gemía Angelo Dundee. "Mírale, campeón, se ha quedado sin fuerzas", decía Dundee a Muhammad. En los asaltos 13 y 14, Ali extrajo de su cuerpo las últimas onzas de energía. En el decimotercero, una de las derechas largas del campeón envió el ensangrentado protector bucal de Frazier... directo a aterrizar en las filas de la Prensa. Frazier quedó prácticamente 'groggy' en el centro del 'ring': pero sin temblar ni dar un atisbo de doblar la rodilla. En el decimocuarto, Frazier ya no se podía encoger ni 'enroscarse' o 'enrollarse' como una bobina bajo la metralla de Ali; Joe estaba sin guardia, con las manos bajas, "Ya es tuyo", dijo Dundee a Ali al final de ese... ultimo asalto del combate: Muhammad respondió tableteando ¡nueve! derechas al cuerpo de Frazier, el mismo cuerpo cañoneado que, con el ojo izquierdo cerrado y cegado, fue guiado a su rincón por Carlos Padilla. Eddie Futch, el preparador de Frazier, dijo en ese momento: "Voy a parar esto, Joe". "No me puedes hacer esto", respondió Frazier, con palabras que apenas podía escupir entre espuma de sangre oscura. "Ya no podías ver nada durante estos dos últimos asaltos... ¿qué te hace pensar que vas a poder verle en el que hace 15?", espetó Futch. "Joe, le quiero para mí, le quiero que sea mío, 'Boss", replicó Frazier: a la desesperada. Futch apoyó la mano en el hombro de Frazier y acabó así con el martirio: "Sit down, son, It's all over. No one will ever forget what you did here today...", 'Siéntate, hijo. Todo ha terminado. Nadie olvidará jamás lo que habéis hecho aquí hoy". 

Así recordó ese brutal momento el propio Joe Frazier, en 2006, en Filadelfia: al aquí firmante: "No me enteraba siquiera de lo que Eddie estaba diciendo... pero yo nunca hubiera dejado de combatir. Durante un corto tiempo, ni siquiera supe lo que estaba pasando, hasta que vi cómo daban ganador a Muhammad. Después nos enteramos de que en el mismo momento en que Futch lanzó la toalla, Muhammad Ali estaba diciendo que no regresaba al 'ring'... entonces no lo supimos, era imposible enterarse. (El rincón de Frazier no escuchó las voces de Tommy, uno de los hermanos de Joe, que, apostado junto al rincón de Ali, gritaba: "Ali está pidiendo que le corten los guantes, no va a seguir"). 

"Es la cosa más cercana a la muerte que he vivido", sentenció Muhammad, quien se desmayó justo al momento de levantarle la mano y siempre adujo (al igual que Angelo Dundee): "En efecto, había pedido que se cortaran los guantes, pero era para poder resistir en el último asalto la inflamación de las manos; se habían inflamado de tanto golpear y ya no era posible aguantarlas dentro de los guantes". Esta batalla espectral de Manila fue la última pelea en que Eddie Futch dirigió a Joe Frazier. Según Futch, "El 'Thrilla in Manila' fue una cuestión de anatomía. Eso fue lo que le separó a estos hombres; Ali, con sus largos brazos, era demasiado grande para Joe, quien tuvo que aplicar una presión constante... que le extrajo toda la energía".  "¿Quién eres, quién está ahí? Enciende la luz, estoy ciego, no puedo ver", preguntó e imploró Joe Frazier al día siguiente a Mark Kram, el reportero de 'Sports Illustrated', cuando este fue a verle, 24 horas después de la masacre, a la habitación de la villa que Frazier y su equipo habían alquilado para el combate. Kram relató que 'la cara de Frazier estaba demolida, derruida y surrealista, casi como si hubiera sido una pintura de Goya; sus ojos eran simples hendiduras'. "Man', le he alcanzado con golpes que hubieran derribado los muros de una ciudad", dijo Frazier a Kram, antes de concluir así: "Lawdy, Lawdy, he's a great champion... 'Señor Todopoderoso... 'él' es un gran campeón'.

 "Nunca veremos nada igual; ni siquiera lo espero de mi chico: ha sacado absolutamente todo lo que tenía dentro de sí", reflexionó Angelo Dundee. "Estoy harto de que todo este juego dependa de mí", dijo Muhammad Ali, cuyas palabras finales en Manila fueron: "Al fin de todo, pensaba... ¿qué estoy haciendo aquí, por qué estoy haciendo esto ante esta bestia humana? Debo de estar loco para aguantar tanto dolor. Fue como la muerte. La agonía, lo más próximo a morir que nunca he sentido. Siempre saco lo mejor de cada uno de los hombres con lo que combato. Pero Joe Frazier... le digo al mundo que él es el que saca lo mejor de mí. Es un infierno de hombre ("...that's one helluva man"): y que Dios le bendiga. Que otros tipos peleen esas peleas por nosotros. Podría ser que nunca se ya viera nada igual". Y no se vio, no. Como subrayó el 'Premio Pulitzer' David Halberstam, "Frazier y Ali, les guste o no, son cada uno de ellos prisionero del otro y de lo que pasó en cada una de esas tres noches". El resto de los episodios Frazier-Ali, desde cuando Muhammad llamaba a Joe... 'Gorila' o 'Tío Tom', hasta cuando Joe dijo de Muhammad que "alguien podía haberle tirado a aquel fuego olímpico que encendió en Atlanta", dieron vida a una rivalidad épica. Lo vimos, lo vivimos, lo contamos: 'Lawdy, Lawdy'... Dios Todopoderoso bendiga a Joe Frazier y a Muhammad Ali.

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