A los 40 años de la despedida del gran Bjorn Borg, con su sexto y último 'Roland Garros', ya emerge en ATP su hijo: Leo Borg

Alejandro Delmás
01/05/2021

En un mes irán a hacer 40 años del 7 de junio de 1981: cuando, en la Pista Central de Roland Garros, aún no denominada oficialmente 'Philippe Chatrier' y con un 'look' bastante diferente al que hoy tiene, el llamado 'Vikingo de Oro', Bjorn Rune Borg, 'IceBorg', firmaba su sexto título en los Internacionales de Francia. Desde 1974, cuando -sin haber cumplido aún 18 años- Borg alzaba por primera vez la 'Copa de los Mosqueteros' en una final agónica en la que remontó un 0-2 en sets ante Manolo Orantes... el campeonísimo sueco sólo había sufrido hasta ese 1981 una sola derrota en el 'Stade Roland Garros', la que tuvo que aceptar en 1976 a mano del 'condottiero' romano Adriano Panatta. En 1973, el mismo Panatta (hijo del conserje del Club 'Parioli', de Roma) también había apeado a un entonces semiadolescente y barbilampiño Borg en los octavos de final de los Internacionales de Francia. El habilidoso y lleno de clase tenista del barrio EUR de Roma sería el único hombre capaz de abatir al sueco en Roland Garros, de donde Borg se despediría con un balance de 49 victorias en 51 partidos: vencedor siempre... excepto los dos aciagos días de Panatta, quien supo resolver el enigma del 'IceBorg' en sendos partidos de cuatro mangas.

Absolutamente nadie podía imaginar en la atardecida de aquel 7 de junio de 1981, cuando Borg exhibía por sexta vez la Copa de los Mosqueteros tras derribar en cinco agotadores sets (61, 46, 62, 36, 61) nada menos que a Ivan Lendl... que en esos mismos momentos, sólo un día después de cumplir 25 años... Borg se estaba despidiendo del Grand Slam de París. Pero así fue. Pues el mismo fenómeno al que 'Sports Illustrated' había llamado en su portada 'Bjorn El Invencible' en su portada pos-Wimbledon 1980, el mismo al que 'Time' designaba -también en su portada de ese mismo julio de 1980- como 'The Incredible Tennis Machine', 'La Increíble Máquina de Tenis'... aún perdería las finales de Wimbledon y del US Open 1981 ante John McEnroe, gran némesis histórica de Borg. 

Y después de aquella final del US Open 1981, que McEnroe liquidó en cuatro sets (46, 62, 64, 63)... Borg -que aquella neoyorquina noche de brujas se marchó apresuradamente de las instalaciones de Flushing Meadows bajo la amenaza de un atentado personal- emprendió un camino discreto hacia las sombras de un dorado retiro en Montecarlo. Sueco-sueco, 'Vikingo de Oro' al fin... Bjorn nunca más volvería a jugar un torneo de Grand Slam. Tras la brutalidad de Rafael Nadal Parera (91,46%, 471 victorias en 515 partidos 'terrícolas' a día de hoy), el llamado 'IceBorg' aún mantiene el segundo mejor balance ganador de todos los tiempos sobre tierra batida: 86,2%. Eso fue después de cerrar carrera en pistas de arcilla con 281 triunfos y 45 derrotas. En ese mismo piso de tierra, Ivan Lendl viaja tercero: 81,0% en balance general de 329-77. Más allá, Borg aún exhibe a día de hoy el mejor porcentaje absoluto en la ATP con TODAS las superficies agrupadas: 83,0%, 640 victorias y 131 derrotas. 

WIMBLEDON/1980.- Después de todo, también 'más allá, quizá en la Eternidad o en los reinos lapones de las auroras boreales, Borg era el mismo indescifrable 'ser' oculto bajo una máscara impenetrable que un año antes, en 1980, había ganado una final inconcebible a John McEnroe en Wimbledon, la quinta -y última- coronación del sueco (todas en fila) en la Centre Court del All England. Fue 16, 75, 63, 67 (16/18 tras diabólico 'tiebreak'), 86 para Borg, en su victoria número 35 en serie en aquel 1980, donde al fin cedería la final del US Open a manos del genial McEnroe, 'Mac El Zurdo'. 

Este 'partido de partidos', esta finalísima 1980 del All England ('cumbre' con la que quizá sólo pueda competir en todos los tiempos la final Nadal-Federer de Wimbledon 2008), fue un Maelström de 3h53min en el que Bjorn Borg atravesó por aguas tan turbulentas como los siete 'match points' dilapidados por el sueco en el cuarto set... más otros ocho puntos de 'break' no consumados en el set final, el quinto, que BB acabó gobernando por 8-6 antes de arrodillarse sobre la rala, sagrada hierba de la Centre Court: es la imagen gráfica quizá más icónica y 'posterizada' en la historia del tenis moderno.  

Aquel día, sabado 5-7-1980, mientras ya tomaba posición para abrir sirviendo el quinto set, Bjorn Borg pensó: 'Esto es terrible. Voy a perder'. Borg siempre admite que, bajo la máscara impenetrable... pensaba eso. Y pensaba más y peor: "Si pierdes un partido como este, la final de Wimbledon, después de todas esas oportunidades, no lo olvidarás por mucho, mucho tiempo. Eso podría ser muy, muy difícil". En esas (bien enmascaradas) condiciones mentales... Bjorn sacó para abrir el set final en el partido supremo del All England Club, en el británico santuario de la Centre Court. Y perdió los dos primeros puntos: 0/30. "Pero luego", recordó, "me dije a mí mismo: 'tengo que olvidar, tengo que seguir intentándolo, intentar ganar". "Sirvió el siguiente punto y ganó. 15/30. Así, otros tres más. Y cerró ese juego, esencialmente vital, en el servicio del 40/30. 

Después de esos dos primeros puntos perdidos en el quinto set, Borg iba a servir 29 veces más en la gran final de los Campeonatos de Wimbledon de 1980; de esos 29 saques... Bjorn ganaría 28 puntos. Sólo perdería uno: fue en el noveno juego, que ya dominaba con un inatacable 40/0. De nuevo era un ser... 'inhumano de nuevo, "jugando en otro planeta" como siempre dijo Ilie Nastase de él. 

Pero había sido humano, muy mortal, y eso era lo importante. Ya sabíamos que el gran Borg podía vencer a cualquier oponente. Eso lo sabíamos. Pero esta tarde sabatina de 1980 descubrimos que Borg sólo podría ser derrotado... por sí mismo. Por eso fue tan importante esa final de 1980, de la que emergería en 2017 la película con el título tan sucinto como representativo: 'Borg vs. McEnroe', dirigida por el cineasta danés Janus Pedersen y con protagonistas como Sverrir Gudnason, Shia LaBeouf o Stellan Skarsgard... y el propio chaval Leo Borg, el hijo del mito: Leo, un calco viviente de su padre, se metio en el rodaje -en 2016- como 'el joven Borg'... apenas 13 años cumplidos. 

"Ha ganado Wimbledon cuatro veces seguidas, acaba de perder un 'tiebreak' en 18/16", reflexionó un reverente McEnroe después del trance supremo de 1980. "Uno podría pensar que tal vez al menos por una vez se rendiría. Y, simplemente, diría que 'lo' olvidé. No. Es lo que hace Borg 'ahí dentro', cómo es, cómo piensa"... se negaba a sí mismo el propio McEnroe: "Sé que yo no podría hacerlo". Aquella gloriosa tarde 'wimbledoniana' de tormento y éxtasis, John Patrick McEnroe Jr. se desplomó entre aplausos al gran campeón sueco: el verdadero 'Rey de Wimbledon' entre 1976 y 1981. Pronto, en apenas un año, los acontecimientos iban a girar. Y de qué manera. Mentalmente exprimido, exhausto y agotado ante decenas de demonios interiores (como ya se deja intuir en el buen 'biopic' de Pedersen)... Bjorn Borg abandonó la alta competición en 1982, con apenas 26 años. Nació en Södertälje, Suecia, el 6-6-1956; medía, mide como 1,79-1,80 de altura. Pero 'El Vikingo de Oro' hizo implosión y explosión, por dentro y por fuera... después de una carrera apasionante a la que ya no pudo reengancharse cuando así lo quiso intentar, entre 1991 y 1992.

TODO LO QUE BORG FUE.- 40 años después (...¡¡!!) de las últimas pinceladas maestras de Bjorn Rune Borg, y en pleno rugido de la temporada terreste sobre tierra batida, la 'clay court season' los que vivimos y testificamos aquellas hazañas... casi que nos sentimos en la obligación de descifrarlas a tanta ágrafa legión (el propio Rafa Nadal, inclusive), como si se tratara de los Pergaminos del Mar Muerto o la 'Piedra de Rosetta' de Jean-François Champollion. Libra por libra, sólo ha existido Bjorn Borg como único jugador en el Planeta Tierra del tenis que resista la comparación 'terrícola' o 'terráquea' con el rodillo que es Rafael Nadal Parera.

Borg aprendió a golpear la bola de tenis con la raqueta tirando a solas horas y horas contra la puerta de su garaje: cuesta arriba, justo como se muestra en el 'film' ya citado. De ahí que su 'zona' de confort se edificara a través de un diluvio de bolas altísimas, pesadísimas; todo, bajo un control y un 'timing' inhumanos y con unos pies que no paraban en los desplazamientos laterales: Bjorn había forjado la resistencia, movimientos, coordinación de piernas y fondo físico en torneos juveniles de hockey sobre hielo, en la Suecia de finales de los años 60 y primeros 70. Y, ya como tenista profesional, ganaba pruebas de atletismo en las que se inscribía de sopetón: con preferencia por los 3.000 obstáculos.

Como, a partir de 1974 y hasta 1981, Borg fue seis veces campeón en Roland Garros, con las referidas 49 victorias en 51 partidos, aquí sí que existe un marco de puerta o un arco París/Port D'Auteuil donde el 'IceBorg' o el 'Cy-Borg' se encuentra más o menos exactamente en el mismo umbral que Nadal: seis títulos para Borg en serie de siete participaciones, justo igual que Rafa después de pasar por París en 2011. Hasta que Rafa Nadal lo logró en 2008, nadie había doblado títulos en Roland Garros y Wimbledon desde que Borg lo terminara de hacer en 1980 (como en 1978 y 79). 

En Wimbledon, Borg 'endureció' el saque, se adaptó a la hierba de modo inconcebible -por su fortaleza mental-, atacó la red, aprendió a volear con recia solidez... y se impuso cinco veces en el All England: donde su mera visión desataba auténtico frenesí de multitudes. Todo esto ocurría entre 1976 y 1981, año en el que, en preludio de despedida total, Borg entregó al fin la corona de 1980 al mismísimo McEnroe. En Nueva York, Bjorn nunca pudo conquistar el US Open, contra los grandes sacadores estadounidense... y las titilantes, vacilantes luces artificiales de la feria de Flushing Meadows. 

¿Y Roland Garros? En efecto y entre 1974 (la primera final ganada, la de la demolición de Manolo Orantes, 26, 67, 60, 61, 61), y la ya citada despedida victoriosa de 1981 ante el emergente Lendl, Bjorn Borg se impuso seis veces en siete presencias en Roland Garros (no acudió a París en 1977 para practicar en pistas duras en EE UU), con una sola derrota en ese ciclo: 'la' de Adriano Panatta, en 1976. Antes estuvo la otra 'panattada' de 1973, cuando el querubín de Södertâlje se estrenaba en el Bosque de Bolonia sin haber cumplido los 17 años. 

Vamos con la explicación de las dos victorias de Panatta sobre Borg en París, en 1973 y 1976. Panatta era -es- un tipo chulo de verdad, con mucha personalidad: no se arredraba ante la solidez rocosa de Borg, que lanzaba bolas como piedras del Báltico, altas, liftadas, una tras otra. Con uñas o garras. Pero el italiano sabía romper el infernal, autómata ritmo de Borg... con dejadas, 'cortados' y cambios de alturas y velocidades. Cuando ambos lo dejaron, el 'condottiero' de Roma, gran emblema de la marca deportiva 'Fila'... había batido un total de cinco veces al endemoniado 'robot' o 'Cy-Borg' sueco sobre pistas 'terrícolas': más que nadie. Esto, aunque en el 'cara a cara' total con Panatta, Borg acabó mandando por 10-6. Pero fue precisamente Borg, con todo su carisma, el que lanzaría a 'Fila' (y a las zapatillas 'Diadora'... y a las raquetas' Donnay') a lo más alto del mercado deportivo en tenis -y en más deportes, como baloncesto- con una línea de ropa carísima... que todo el mundo quería tener y que ha permanecido como absolutamente icónica en el mercado 'vintage': 'Fila BJ'. 

38-40 PULSACIONES.- "Borg no se alteraba ante nada, tenía 38 o 40 pulsaciones por minuto y seguía tirando bolas altas liftadas, pln-pin, derecha-revés, pasitos cortos y rápidos, muy veloz, 'un-dos, un-dos', con su concentración y cordaje a 38 kilos en aquella Donnay de madera. En la tierra, sólo Panatta le podía sacar de quicio, con esa personalidad del italiano", recordaba hace unos años nada menos que Ion Tiriac, el 'boss' supremo y monarca absoluto del Mutua Madrid Open... y de tantas cosas. Tiriac perdió las tres veces que jugó con Borg, aunque siempre podrá decir que le ganó un set: en 1973, sobre la tierra de Buenos Aires: 61, 36, 63 para aquel mismo Borg angelical al que Panatta apartó aquel mismo año de su primer Roland Garros, aunque no fue sin esfuerzo: 76, 26, 75, 76. 

Nacido en junio de 1986, Nadal nunca pudo ver jugar a Borg 'in person'. Cosas de la vida. Le hubiera gustado. Muchísimo. Y más... poder medirse con él. Pero Rafa sólo ha visto jugar al mito sueco en esas imágenes añejas que se repiten en los circuitos cerrados de Wimbledon y Roland Garros en los descansos por lluvia o entre sesiones. A Nadal le impresionan lejanamente de Borg "su constancia y concentración". Es lo que Rafa ha podido divisar de aquel impresionante, remoto resplandor boreal. "Pero está claro que los materiales y las épocas son muy diferentes", ha reflexionado alguna vez Rafael Nadal. En Roland Garros, Borg alcanzó resultados asombrosos como el 60, 60, 61 al estadounidense Terry Moor en los cuartos de aquel mismo 1981: 17-0 de entrada, hasta 5-0 en el tercer set. En un lluvioso París, poco o nada de esa 'Ville Lumière', la 'Ciudad de la Luz', Borg 'caminaba sobre las aguas'. "Es inhumano, es alguien como de otro planeta. Parece no sentir nada", dijo el pobre, devastado Moor: de Hartford, Connecticut. O el 60, 61, 60 al italiano Corrado Barazzutti en las semifinales de 1978. En sus días, Moor y Barazzutti se felicitaron y sorprendieron por haber podido ganar a Borg... un juego. Barazzutti incluso le dio las gracias: y era una semifinal de Roland Garros. De 1978: no hace tanto.

PALABRA DE BORG.- "Nadal es el mejor jugador de tenis en tierra batida de todos los tiempos. Me recuerda a mí mismo en cómo se mueve, en los golpes de fondo, la concentración... y en que demanda lo mejor de cada rival. Ante Rafa siempre tienes que jugar al 110%, porque él te lo exige, porque te hace un 'match point' de cada punto", dijo Borg a quien suscribe aquí, en varios encuentros personales, entre 2008 y 2010. Agregaba Bjorn: "Aunque, posiblemente, Roger Federer sea un jugador más completo en el conjunto de superficies y golpes (como también pueda serlo Djokovic), Roger es más bien como un artista que crea obras de arte. Pero la tierra batida es para Rafa como el patio de su casa. Ha aprendido a construir los puntos desde pequeño, que es lo que se necesita en tierra. Y se ve que ha dedicado infinitas horas a mejorar su revés cruzado, que ahora es absolutamente un arma de ataque", observaba Bjorn Borg; que luego se ha hecho bastante amigo de Rafa a través de los eventos de la llamada 'Laver Cup'. Tras variedad de avatares económicos y conflictos vitales -como cuando quiso subastar sus trofeos y McEnroe personalmente se lo impidió, a Bjorn Borg le va ahora relativamente bien con su propia marca de ropa 'casual'.

Con Patricia Östfeldt, su tercera y actual esposa (tras Mariana Simionescu y Loredana Berté), Borg tiene dos hijos: Robin... y Leo, que ya anda por ahí ganando cositas en tenis: con mucho del aire y estilo de su señor padre. Esto, aunque Leo echa bastantes más bolas a la red que Bjorn. Tras hacer el papel del niño/joven 'Papá' Bjorn Borg en la mencionada película 'Borg Vs. McEnroe', Leo decidió dedicarse al tenis antes que el fútbol, con grave disgusto de su madre, Patricia: que incluso lloró ante la noticia. "No podrá esquivar la responsabilidad de que siempre le van a comparar con su padre y temo que eso sea demasiado duro para él", aventuró Mamá Patricia sobre 'su' Leo. "Sé que la comparación con mi padre me seguirá toda la vida, y es algo con lo que tendré que convivir. Pero nunca lo he visto como algo difícil: sencillamente resulta inevitable", argumentó el chico, con la cabeza bastante bien amueblada. 

Hace un mes exacto, aun con 17 años -cumple 18 el próximo 15 de este mismo mayo-, Leo Borg (1,85 de altura) debutó en ATP en el mismo Club Puente Romano de Marbella que su padre, literalmente, 'ayudó a edificar' en 1979. Fue en el 'Andalucía Open' que dominó Pablo Carreño. Leo Borg perdió en la fase previa por -61, 60- con el ruso Yevgueni Donskói. En Marbella, Leo se entrenó con Feliciano López y con su cuerpo técnico. El hijo tenista y 'semiclonado' de Bjorn Borg también pasó etapas del verano de 2020 en la Rafa Nadal Academy de Manacor; pero su centro de operaciones y su familia están en Estocolmo: a tres o cuatro paradas de tren de... Södertalje, donde nació Bjorn. 

'BJORN AGAIN'.- En 1981, un maravilloso periodista estadounidense, Curry Kirkpatrick, cerraba así su pieza previa sobre Wimbledon -el último que jugó Borg- y sobre el campeonísimo sueco, en un emotivo reportaje de 'Sports illustrated' que se titulaba: 'La Barba ha empezado (a crecer)'. Esa historia/reportaje corresponde al 'Sports Illustrated' de junio de 1981: y ahí está esa portada que ofrecemos en nuestro 'collage' de fotografías al comienzo del texto (Bjorn con el aquí firmante, con su hijo Leo... en todo su cénit de Wimbledon) y que se titula ' Bjorn Again'. Es un bonito juego de palabras en inglés con 'Born Again', 'Nacido de nuevo', por todas las dudas que se habían cernido sobre Bjorn antes del Roland Garros de 1981. 

Con aquel título de 'SI', 'The Beard Has Begun', se refería Kirkpatrick a la costumbre de Borg de no afeitarse durante la quincena que duraba -y que dura- Wimbledon. Curry Kirkpatrick apeló a cualquier truco para ganarse la confianza de Borg, de quien describía los entrenamientos, las carcajadas, los 'tics' y las manías proteccionistas de su ancestral entrenador, Lennart 'Laban' Bergelin en los rigurosamente selectos clubes londinenses con sus privadísimas pistas de hierba como islas de recogimiento: Cumberland, Vanderbilt, Lensbury. Todo, mayormente con un compinche del calibre, la técnica, el carisma y el tenis como fue el ya fallecido Vitas Gerulaitis. Bergelin siempre conducía el coche de Borg... con las ventanas herméticamente cerradas, para que la brisa húmeda de Londres no afectara a su ilustre pupilo. Eso, mientras los padres de Bjorn, Rune y Margareta (de quien su hijo Bjorn es vivo retrato) aguardaban acontecimientos en su playa privada de la remota isla sueca de Kättilö. En los últimos tiempos de la carrera de Bjorn, el padre, Rune... adoptaría la costumbre de escupir al agua del mar en Kättilö, porque así lo había hecho en los puntos de set (seis) y situaciones difíciles (decenas) que el hijo Bjorn tuvo que salvar ante John McEnroe en la antológica final de 1980 en Wimbledon. "Creo que así puedo ayudarle; si le ayudé una vez, es que funciona", apuntaba Rune Borg a Lennart Bergelin... que se lo dijo a Kirkpatrick. Suecos... Mariana Simionescur relataba cómo Borg, antes de dormirse cada noche, repasaba el cordaje de cada raqueta al oído. "Es como un concierto de arpas celestiales". Bjorn dormía siempre estrictamente en la misma posición. "Lo que funciona bien no se toca", sostenía el hombre que en sus traslados londinenses no era capaz de reconocer el Museo Británico o Trafalgar Square.

Así remataba Curry Kirkpatrick ese reportaje en 'Sports Illustrated', el 22 de junio de 1981: "En el aparcamiento del Club Lensbury, Borg reúne sus pertenencias, posa para fotografías y fima autógrafos para los chiquillos de la vecindad. Empieza a marcharse. Bergelin casi le ha conducido fuera de la calleja cuando, de repente, Borg manda parar el coche: ha reparado en una chiquilla que se ha quedado atrás, plantada tras él: sin consuelo. Le dice a Bergelin que dé marcha atrás. Borg baja la ventanilla y pregunta a la chiquilla si le estaba esperando a él. Le firma la libreta de autógrafos a la niña, que se queda sin habla. 'Tanto agradecimiento...', musita el padre de la niña. 'Ni mencione eso', dice Bjorn Borg. Y solamente entonces, Bergelin acelera el coche, que ya lleva la ventanilla alzándose, tal como se marcha. Cuando el campeón de Wimbledon no debe de bajar nunca la ventanilla para que no le dé la brisa de Londres... de semejante 'BE-LLE-ZA' está hecho este Bjorn Borg". 

Después de ese 1981 y la final donde cedió ante McEnroe su quíntuple corona (46, 76, 76, 64, con la ira de McEnroe bajo total control porque... 'ya es suficiente tener que vérselas con 'el', decía John, 'Superdesagradable'), Bjorn Borg nunca volvió a jugar en el All England Club de Wimbledon, Church Road, SW-19, Londres. 

Y sólo entonces, cuando hizo mutis por el foro, mostró el hierático Bjorn Borg signos exteriores de fatiga: fue cuando 'él' regresó a la vida 'normal'. Si no en su paso, comenzó a mostrarse en su rostro, en sus ojos. Parecía agotado, de alguna manera asustado, tan diferente de todos aquellos que le habían rodeado, los que habían clamado de alegría por el mero hecho de que acabaran de verle a él... o a su mágico, hermético, imponente tenis. Pero Bjorn Borg era el único que podía haber visto claramente dentro de sí mismo. Y, por Dios, el descubrimiento de lo que había en realidad dentro de sí mismo debió de derrotar y de asustar incluso al propio 'Bjorn El Invencible'.

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