El Rey Delibasic se despidió de las pistas hace 39 años: "El mejor jugador que vi en Europa", afirma Juan Corbalán

Alejandro Delmás
Alejandro Delmás
01/05/2022

'Athletes die twice' (Los deportistas mueren dos veces)". Lo dijo Jackie Robinson, el astro afroamericano del béisbol que hace 75 años cabales, en abril de 1947, rompió con los Brooklyn Dodgers la llamada 'Colour Barrier', la 'Barrera del Color' en las grandes Ligas profesionales de EE UU. Esa sentencia de Robinson, nieto de un esclavo, lideró el libro autobiográfico que Kareem Abdul-Jabbar escribió en 1990 -con Mignon McCarthy- como epílogo de su gloriosa carrera en la NBA: "Kareem". Obviamente, las 'dos muertes' a las que Robinson se refería eran la muerte biológica y, previamente -casi en el 100% de casos-... la retirada: el adiós del deportista de élite a la gran competición.

Aunque Mirza Delibasic (9-1-1954, Tuzla, Yugoslavia; 8.12.2001, Sarajevo, Bosnia y Hercegovina) nunca pudo saberlo en el día de autos, su primera muerte, la despedida de las pistas de baloncesto del llamado 'Rey Mirza' se produjo el 17.4.1983, hace 39 años casi cabales, en el Pabellón Municipal de Ausiàs March, en Badalona, hoy 'Pavelló dels Paisos Catalans'. En un oscuro turno de vuelta de los cuartos de final de la Copa del Rey de 1983 (último año del viejo formato copero 'por eliminatorias', antes de que en 1984 ya se jugara en concepto de 'Final 8', ocho equipos en una sola sede), ahí se cerró para siempre la carrera del sensacional jugador que los italianos llamaron 'Re Mirza', 'Rey Mirza'... antes de poner en contexto que "fue el primer 'Mozart' del baloncesto europeo, adelantado una década a Drazen Petrovic". 

En ese 'round' de vuelta de los cuartos coperos de 1983, el Real Madrid de Lolo Sainz batió por 107-108 al Joventut, entrenado por su exjugador americano Jack Schrader. El Real (Corbalán, Brabender, Fernando Martín...) cerraba así la eliminación de 'La Penya', a la que ya había golpeado masivamente con el 110-84 de la ida, el 13.4.83. En Ausiàs March, en la vuelta, Delibasic apareció como titular madridista y produjo diez puntos en el que iba a ser el último partido oficial de su vida. En la crónica de 'La Vanguardia', firmada por Jesús Pérez, podía leerse que 'Delibasic está atravesando una etapa lamentable'. Estaba concluyendo (con divorcio) el primer matrimonio de Mirza, en el que tuvo a Darío, el primero de sus dos hijos. El menor, Danko, es hoy Director de Comunicación del KK Bosna de Sarajevo, 'el club' de la familia Delibasic, el club campeón de Europa en 1979. Pero en abril de 1983 y tras aquella opaca, inadvertida despedida en Badalona, por la puerta trasera, tampoco nadie podía saber lo proféticas que iban a resultar aquellas líneas de 'La Vanguardia', escritas como por la mano más inexorable del Destino.

Ese 17.4.83, el Real Madrid que dirigía Lolo Sainz selló pase para su semifinal de Copa con el mismo Barcelona de Antoni Serra... que le había arrebatado la Liga sólo diez días en un célebre desempate en Oviedo, con 76-70 para el Barça (Epi, Sibilio... Starks), tras día negro de Delibasic, que sólo anotó cuatro tantos: el mismo Mirza, que sólo un año exacto antes (el 17.4.82) había decidido la Liga 1981-82 con admirable exhibición en el Palau Blaugrana -'28 puntos y 1.000 fantasías'-, en el  definitivo triunfo madridista: 93-102. 'Corbalán y Delibasic se encargaron de poner orden en el juego... Delibasic, en auténtico maestro, fue pieza fundamental' escribió Julio Carlos Díez en la página 65 del 'ABC', el domingo 18.4.1982. Este Campeonato conquistado entre el atronador silencio final del Palau, 'La Liga de Delibasic', se trataba de la Liga número 22 para el Real Madrid, después de 28 ediciones. 

En la ida (17.1.82), el Real se había impuesto por un justito 95-93 en el Pabellón de la Ciudad Deportiva madridista. Y este del 95-93 para el Real Madrid se trató de un partido que significó -amén de otro 'show' de Mirza- la irrupción en el baloncesto de élite del ala-pívot madrileño y madridista Guillermo Hernangómez Heredero, el padre de Willy, Juancho y Tamara Hernangómez Geuer. En el Campeonato de LIga 1981-82, Delibasic totalizó 659 puntos, a 25,3 de media por partido, décimo por promedio y máximo anotador de un Real Madrid al que casi materialmente él hizo campeón con su propìa mano. Para eso mismo había venido...

Pero en 1982-83, el Real (con Drazen 'Praja' Dalipagic sólo para Europa) había perdido la Liga y la Copa de Europa. Y el violín de Delibasic ya no sonaba con aquella sublime armonía de abril de 1982 en el Palau Blaugrana. A causa de sus problemas domésticos, Mirza Delibasic atravesaba por un periodo de depresión personal y deportiva... y el club blanco ya no se iba a presentar a la semifinal copera contra el Barça, después de la eliminación badalones del Joventut, alegando que la organización azulgrana se había negado a formalizar su inscripción de partida en la naciente ACB. 

El Barça se haría con la Copa en final ante el Inmobanco (125-93, Palencia)... y el Destino ya había puesto a Delibasic en la diana. El mal final de temporada hizo que el Real Madrid pensara en un hombre alto para fortalecer la plantilla: iba a ser Wayne Robinson. Caballerosamente, Mirza renunció al año de contrato que le quedaba, de los tres que había firmado en 1981... y se despidió con el carné de socio del club madridista recién sacado. "Los jugadores del Real Madrid no entienden la genialidad de Mirza", había escrito Martín Tello en 'AS'. 

REAL MADRID, 'ADIÓS' Y 'HOLA'.- "Yo, a Mirza le llamaba 'Mash'; me enseñó muchas cosas y se ruborizaba cuando se lo decía. Pero el segundo año con nosotros fue muy difícil para él, le afectó mucho el divorcio; hay esos casos como éste en el que como entrenador tienes que tomar determinaciones que te afectan muchísimo", señala hoy en el 'Informe Delibasic' (Movistar Plus) nada menos que Manuel 'Lolo' Sainz, primer entrenador de aquel Real Madrid. Darío Delibasic coincide plenamente con Sainz: "El divorcio de mi madre fue como el gatillo que desencadenó muchas cosas en mi padre". Y el doctor Juan Antonio Corbalán, plata olímpica en Los Ángeles/1984 con España, gran base-director de aquel Real Madrid y de la Selección  española de Antonio Díaz-Miguel, nos recuerda que Delibasic le dijo... "No hay más: 'Mirza no cobra lo que no trabaja'; se hizo socio del Real Madrid recién expulsado del Real Madrid... y entonces se fue a Italia".

"Ese segundo año, Mirza, que se cuidaba muy poco y fumaba mucho, ya había ido decayendo físicamente y enseguida dijo que 'sí' al planteamiento de la rescisión. No sé si ese decaimiento ya tenía que ver con lo que iba a pasarle después. En lo de fumar habíamos tenido que hacer un trato para que redujera su vicio. Era tan gran fumador como todos los yugoslavos de la época. Y el trato lo cumplió bastante bien. Comprendió que no podía dar mal ejemplo, sobre todo en casa. Después ya pasó lo que pasó", relató Lolo Sainz en otras conversaciones con el aquí firmante. Y lo que pasó exactamente en el verano de 1983 fue que Delibasic fichó por 'la' Indesit Caserta de su amigo Bogdan 'Bosa' Tanjevic, el director técnico y 'coach' del Bosna Sarajevo campeón de Europa en 1979: Delibasic... 30 puntos a Varese en la final de Grenoble. Y allí, en Caserta, en vísperas de la pretemporada veraniega de 1983, en agosto, Mirza sufrió el latigazo de un ictus, un ataque cerebral que le apartó para siempre de las pistas y que redujo su vitalidad, claramente y para los restos. Pocos dudan de que ese ictus fue el siniestro preludio del cáncer linfático que al fin acabó con la vida de Delibasic, el 8.12.2001.

Mirza Delibasic (1,97 de altura, 176 veces internacional con Yugoslavia, hijo de padres musulmanes, nacido en Tuzla el 9.1.1954) había sido campeón mundial FIBA y oro olímpico en 1978 y 80 (Manila, Moscú) con una extraordinaria generación de 'plavi', los lobos azules o 'Chicos de Oro' de la gran Yugoslavia unida: Slavnic, Kicanovic, Dalipagic, Cosic... "Esa Yugoslavia se trataba de un equipo prácticamente invencible, con dos jugadores de clase mundial por puesto", analiza Sainz. "En ese momento el baloncesto yugoslavo era líder, en cuanto a entrenar y en cuanto a jugar y enseñar a los demás", señala en 'Movistar' uno de los grandes rivales de Delibasic, con la camiseta del Barcelona: Juan Antonio San Epifanio, 'Epi'. "Si un jugador era internacional yugoslavo, ese jugador tenía que tratarse de alguien extremadamente bueno, cualquiera que se pusiera la camiseta de Yugoslavia lo era", concluye Juan Corbalán. "La primera vez que yo vi jugar a Mirza me quedé asombrado", revela el propio Tanjevic.

"Mirza Delibasic siempre había sido un gran objetivo de Lolo Sainz, que lo quería a toda costa, En el club nos quedaron varios contactos yugoslavos desde que Miljan Miljanic entrenó al equipo de fútbol (1974-77). Era raro entonces que un yugoslavo viniera al Madrid con agentes, casi todo lo hacía el club", recordó al aquí firmante el cardiólogo Juan Antonio Corbalán (nacido en Madrid el 3.8.1954), en su despacho de la' Clínica 'Vithas', en Arturo Soria, Madrid. Sainz confirma las palabras del doctor Corbalán y confirma: "Yo era amigo de Tanjevic -lo soy aún- y siempre le decía: el día que se vaya de Yugoslavia, Mirza se viene a Madrid con nosotros. Él, Mirza, también quería. Desde que llegó, en el verano de 1981, nos dio otro aire. Vino junto a Fernando Martin, después de que habíamos tenido un año en blanco, y lo primero que hicimos con ese nuevo par de fenómenos fue ganar el Mundial de Clubes, en Sao Paulo. Pero yo no intervine materialmente en el fichaje, como sí hizo luego Ramón Mendoza en el caso de Petrovic, que traérselo no sé si fue una chulería del presidente o algo así". 

Entre la bruma (no tan difusa) de los recuerdos, Corbalán y Sainz coinciden en señalar a Miroslav Vorgic como factótum e introductor/intermediario de Delibasic en Madrid. En los años 70 y primeros 80, Vorgic fue entrenador (y jugador) del equipo madridista de voleibol y también preparador físico de larga trayectoria en el club -también trabajó con el Celta- a partir de la la 'Era Miljanic'. El propio Vorgic (que ya entrado el Siglo XXI acabó separado y sin dinero en un chiringuito de una playa de Murcia, donde le recogió el jugador excastillista Pepe Mesa)... también obraría como interlocutor privilegiado entre el Real Madrid y Drazen Petrovic durante la temporada del genio croata en el Real Madrid, la campaña 1988-89, llamada por tantas razones... 'La Liga de Petrovic'. Bogdan Tanjevic corrobora lo que él y Lolo se decían: "Mirza acabará en el Real Madrid".

UNA SINFONÍA.- Y sí: el baloncesto de Delibasic -que saltó a Sarajevo y al Bosna desde el KK Sloboda Tuzla- era como una sinfonía, subiendo y manejando el tono del balón como en pases de magia o con batuta. Puro ejercicio de fantasía. Houdini o Mozart, a la vez, en cambio de ritmo demoledor, siempre con el número '15' en la camiseta. Tiros y pases impensables, sin mirar, a una sola mano, de rosca, como de béisbol; en cambios de ritmo y de mano. Corbalán nos describe: "Era un creador de juego; con un tan gran jugador como él, el campo se abre mucho. Pero era un creador... que todo lo hacía con fuerza... Imagínate alguien que se moviera como un cisne pero que saltaba como un jaguar". Antes de jugar a baloncesto, Delibasic había practicado a fondo tenis y... ballet. Esto último nos aclara bastantes cosas sobre su juego de pies.

Mirza y jugadores del calibre de Zarko Varajic, Ratko Radovanovic, Borislav Vucevic (padre de Nikola Vucevic, hoy en Chicago Bulls) o un tal... Svetislav Pesic hicieron al Bosna de Sarajevo y de Tanjevic... campeón de Europa en 1979, en una final cerrada con 96-93 -en el 'olímpico' Palais des Sports de Grenoble- ante 'la' Emerson de Varese, de Bob Morse, Dino Meneghin, Charly Yelverton... y con 45 puntos de Varajic más 30 de Delibasic. Aunque, según Tanjevic, 'ese día de Grenoble, Mirza también podría haber anotado 45 puntos, de haber querido; estaba en el mejor momento de su carrera'). 

Ese fue el el día en que, pese al camión de puntos de Varajic, 'La Gazzetta Dello Sport' tituló: 'Re Mirza'. Todo, con miles de bosnios coreando en Grenoble aquella mítica palabra, en cuatro sílabas rítmicas: "Yu-gos-la-via": El Real Madrid de Sainz y Corbalán se había quedado atascado en la ronda de semifinales con un letal 82-83 ante Varese (sin Meneghin), en el viejo Pabellón de la Ciudad Deportiva. Fue cuando Luis María Prada dispuso de tres tiros libres para abatir a Varese, sin tiempo ya en el reloj... y falló los tres.

EL RELATO DE CORBALÁN, ROMAY Y LLORENTE.- Entre 1981 y 1983, en esos dos años madridistas de Mirza Delibasic, Juan Antonio Corbalán fue uno de los que más se acercaron al singular genio bosnio... que tan poco se cuidaba. Era como si ya se estuviera madurando aquel primer libro del doctor Corbalán, 'Conversaciones con Mirza', de paso para el documental que el propio Corbalán ha dirigido y estrenado en este pasado invierno de 2021: 'Shooting for Mirza', 'Tirando para Mirza'. También puede ser: 'Tirando por Mirza'. 

Y nos refresca Juan Corbalán: "Aquel equipo nuestro de los primeros 80 era humanamente muy vivo, como existencialista. Fuera de la pista hablábamos muy poco de baloncesto. Nosotros éramos un poco transición entre los anteriores, Vicente Ramos, Luyk o Cabrera, incluso Coughran y Brabender y los que ya venían llegando, con Fernando Martín o López Iturriaga. Mirza era especialmente rico y vivo en reflexiones y vivencias. No éramos endogámicos no; el nuestro era un grupo que daba mucho más... y Mirza tenía una vida cojonuda,  con 1.000 anécdotas de vivencias. Ya se sabe que en los Balcanes hubo un cruce de civilizaciones y una gran selección natural, y quizá por eso sean tan buenos y haya tanto talento y habilidad: son una raza seleccionada. Ellos son herederos del Imperio Turco: los bosnios y algunos serbios. Otros son más germanófilos, como los croatas... y después también tuvieron la proyección social que en los países socialistas se le daba al deporte". Sainz afirma: "Se integró en el equipo a la perfección, con una gran humildad, era un cerebro". 

Según Fernando Romay, "Mirza Delibasic no se las daba de nada aunque captaba la atención, era de los jugadores que más carisma irradiaba en el grupo". "No soy tan frío como parece", decía el propio Delibasic a sus compañeros. Tras una noche afortunada en el bingo -del que era asiduo-, Mirza, que dominaba el idioma español a las mil maravillas, compró una motocicleta nueva a Angelito, el utillero de aquel Real Madrid campeón de los primeros años 80. "Mirza le dijo a Angelito: 'Si tengo una noche buena en el casino, yo te regalo una moto', recuerda Romay, quien agrega: "Él era un 'disfrutón', venía a Madrid a vivir la vida que no había vivido en el resto de su vida, lo dominaba todo, controlaba sitios. Alguien que llega al equipo y hace una cosa como ésa te tiene ganado para siempre". José Luis Llorente, otro subcampeón olímpico en 1984, como Corbalán y Romay y junto a ellos, detalla: "A Mirza le encantaba la cerveza 'Mahou Cinco Estrellas', decía que era la mejor del mundo... además de fumar, el bingo, el mus y un montón de expresiones castizas. Por ejemplo, también adoraba el cocido madrileño".

Regresa 'Juanito' Corbalán a escena: "Mirza Delibasic sabía muchas cosas, 'Mirza sabe', lo que él solía decir... y las contaba muy bien, era un grandísimo jugador. Y también era ese existencialista, lleno de riqueza vivencial.  Le gustaba buscar cada rincón de la vida que le tocó vivir. Resulta que, como el juego no te permite poner caretas... él jugaba como los ángeles. Para mí, Delibasic fue la mejor expresión del baloncesto en una pista, el mejor que he visto jugar en Europa. Como teníamos la misma edad, los dos de 1954, coincidíamos en Campeonatos de Europa desde que teníamos 15 años, desde Campeonatos juveniles y 'juniors' en Gorizia, Zadar (1972, Europeo 'junior'): él, Mirza, yo y el israelí Micky Berkowitz ('Miki Berkovich'). Nuestro ascenso fue paralelo. En Zadar ya estaba dos o tres puntos sobre los demás. Pero Delibasic fue el mejor jugador que yo vi en Europa a partir de los Juegos Olímpicos de 1976. Verás, hay otros que pueden meter muchos más puntos que este tipo de jugadores. Pero el MVP es el Jugador Más Valioso, el jugador 'total' y el MVP, el Mejor o Más Valioso en Europa fue Delibasic para mí, como Michael Jordan lo fue fuera de Europa. Stephen Curry y LeBron James pueden meter más puntos... pero Jordan -al que vi meter un tiro desde casi media pista en Los Ángeles, por la izquierda, junto a mí- y Mirza Delibasic han sido las dos máximas expresiones del baloncesto que yo conocí, del mismo modo que Navarro ha sido nuestro mejor jugador de baloncesto en nuestra última década triunfal, al menos según yo lo veo". La palabra de Juan Antonio Corbalán, nuestro 'Doctor' del sueño de plata en 1984, en Los Ángeles... y 'Jugador Más Valioso' del Eurobasket francés de 1983.

Enfrente de Mirza, y de azulgrana... Juan Antonio San Epifanio, 'Epi': "Cuando fichan a Mirza Delibasic para el Madrid es como 'pufff, vaya rival me ha tocado, evidentemente jugamos en la misma posición y por lo tanto me va tocar defenderle'. Era un jugador que tenía una visión del juego muy por encima del resto. Pero Mirza era un 'gentleman total'. Cuando nos ganó en 1982, pensé que para eso lo había fichado el Madrid, para ganar la Liga; pero eso sólo ocurrió el primer año, luego hay otro segundo año...". 'Joe' Llorente enfoca de lejos esas cosas que ven los bases. "Mirza pasaba muy bien el balón y de muchas formas diferentes. Como si flotase jugando. En el Palau Blaugrana, en 1982, sacó la chistera". Y Romay observa: "Era un jugador de ajedrez dentro de la cancha, siempre iba dos jugadas por delante de lo que se estaba haciendo. Tú sabías que te iba a llegar el balón, aunque ni cómo... ni por dónde"...

ICTUS, GUERRA Y OCASO.- En el otoño de 1983, Mirza Delibasic -que ya no había jugado el Eurobasket de aquel año, en Francia, con España subcampeona en Nantes y dejó su dorsal '15' de los 'plavi' al recientemente fallecido pívot Milenko Savovic- se recuperó (más o menos) del ictus de Caserta en una clínica de Belgrado... y naturalmente hizo caso omiso de las recomendaciones médicas de 'vida sana al máximo'. Recibió varios homenajes. Pasó a vivir en Sarajevo, donde le llamaban 'Kindje', con su segunda mujer serbia, la exjugadora Slavica Suka. En 1992, todo el círculo de amigos de Sarajevo -'raja'-, la vida de Delibasic, todo Sarajevo, Tuzla y Bosnia entera, más Hercegovina, hicieron explosión bajo la artillería serbia. Delibasic se quedó en Sarajevo, ciudad torturada, mientras sus hijos Darío y Danko salían del país: al fin, este pasó a vivir en casa de Tanjevic, entonces en Trieste.

En 1993, Mirza Delibasic lideró y asesoró técnicamente a una Selección de Bosnia-Hercegovina que en Sofia participó en el torneo previo de clasificación para el Eurobasket-93 (Alemania Federal). Los seleccionados salieron de Sarajevo bajo un diluvio de plomo. Entre ellos iba Samir Avdic (ex-Unicaja; hoy, ministro del Cantón de Sarajevo), uno de los campeones mundiales 'junior' de 1987 en Bormio, con la Yugoslavia... de Svetislav Pesic. El día antes de enfrentarse a Yugoslavia (ya sólo con serbios, macedonios y montenegrinos), en ese torneo de Sofia, un proyectil de obús cayó sobre el centro de Tuzla, la ciudad natal de Delibasic... y mató a 72 personas. Entre una tensión abrumadora y en previsión de incidentes, Bosnia -por orden de su Gobierno- no se presentó aquel día ante Yugoslavia. Al fin, y tras avatares casi cinematográficos, la selección bosnia acabaría octava en aquel Eurobasket, su mejor clasificación hasta hoy. Recuerda Lolo Sainz, emocionado: "Vi a  Mirza en junio de 1993 allí en Alemania, donde yo fui como seleccionador español y se me cayó el alma a los pies. Hacía muchísimo que no le veía, como diez años, y me dijo: 'Así estamos, por esta loca guerra'. No era el Mirza que habíamos conocido, había perdido esa mirada especial, tan suya, ya era la mirada de hombre derrotado... había que ver lo que estaban pasando". "Muchos de sus amigos de Sarajevo murieron en la guerra y durante el cerco serbio", apunta su hijo Darío, en el 'Informe' de Movistar.

En 1993, Mirza Delibasic concedió, entre lágrimas, una conmovedora entrevista a Gervasio Sánchez, fotoperiodista de 'El Heraldo de Aragón. El titular ya era demoledor: 'Yo era yugoslavo y ya no sé lo que soy.". Continuaba Delibasic ante Sánchez: "Aquí vivimos en una situación parecida a la de Alemania en los años 30 y 40, con la ascensión del nazismo. Siempre creí que eran cosas del pasado... han destruido mi país. Vivía en el centro, en el Casco Viejo. Pero hace un mes, mi casa fue bombardeada y aunque no fue totalmente destruida, no podemos vivir en ella".  Gervasio Sánchez concreta ante las cámaras de Movistar: "Desde casi el principio de la entrevista, Delibasic empezó a llorar y en la fotografía con su hijo Danko, la impresión es clarísima, se ve cómo había estado llorando hasta minutos antes". Para su Danko... "Se ve extraño para mí... mi padre siendo capaz de sujetarme, yo le recuerdo sólo cuando ya estaba débil".

Romay y Corbalán confirman: "Entonces, Mirza no quiso salir de Sarajevo, no quería tener ningún tipo de privilegio; le brindamos la posibilidad de venir a Madrid, pero nos decía... 'yo soy un referente para toda este gente". Danko asegura que... 'desde el punto de vista de un hijo, ésta se trató de una de las mejores decisiones que mi padre pudo tomar".

Mirza Delibasic no se movió de Sarajevo. En la ciudad destrozada y ametrallada ("parecía el fin del mundo", recuerda Darío Delibasic), y entre las calles pintadas con 'graffitis' de 'No olvidad Srebrenica', 'Dont forget Srebrenica' (la masacre de los bosnios de Srebrenica, a manos de tropas serbias), Delibasic se recluyó con Slavica en la Pensión Monic. Allí le encontró Alfonso Armada, con quien habló para 'El País'. 'Habla muy despacio, con una mueca en la boca, como una sombra', narraba Armada, a quien Delibasic dijo esto, entre otras cosas:

"Es muy triste lo que está pasando... lo peor es saber que muchos amigos están ahora en las colinas disparando contra sus antiguos compañeros, destruyendo la ciudad que construimos juntos. Que tu vecino, que tu amigo esté ahí disparando contra nosotros es algo que, no se puede comprender. Si estuviera bien, yo también iría a combatir a primera línea, como muchos amigos míos, muchos jugadores. Estamos aquí sobreviviendo.... Uno se siente vacío. Cuando existía Yugoslavia, me sentía yugoslavo. Cuando la guerra estalló empecé a sentirme bosnio. Aquí no hay ninguna familia étnicamente pura. Todos estamos mezclados". Y también:  "Me han llamado Brabender y Corbalán y me han ofrecido irme a vivir a España". En la Televisión bosnia y en perfecto español, Delibasic proclamó casi por entonces: "Yo soy Mirza Delibasic; en el 84, mi ciudad, Sarajevo, acogió al mundo para los Juegos Olímpicos de Invierno; y ¿qué es lo que queda de Sarajevo?... muy poco'. Pero aquí amamos a los serbios, amamos a los croatas... e incluso a los 'bosniacos' (N: los 'bosnios musulmanes, su etnia. Era sarcasmo). Ahí, Mirza -fumando, siempre fumando- ya surgía´del éter casi como un espectro. 

Bogdan Tanjevic -de quien aprendió mucho aquel jugador del Bosna campeón de Europa del 79... llamado Svetislav Pesic- recuerda: "Desde 1983, Mirza ya tenía una sombra de melancolía... la muerte era como una sombra que le acompañaba, la melancolía había caído sobre él... y yo hice la mayor parte, acercarme a su corazón. Él... al que lo que le gustaba era pasarlo bien; él, que era la suprema belleza del pase". "Cuando la guerra empezó... mi padre también empezó a morir lentamente", dice Danko Delibasic.

En agosto de 2000, el firmante de estas líneas también pudo contactar con Delibasic, siempre en Sarajevo... aún con sus principales edificios en ruinas -como el Hotel President- y entre explosiones de proyectiles que se desactivaban en la ciudad y en el vecino Monte Igman, cubil, 'balcón' o plataforma de los francotiradores serbios a mediados de los 90. Esto sucedió durante un viaje de la Selección española de fútbol, un Bosnia-España del PreMundial 2002, y para el periódico 'El Mundo del Siglo XXI'. Mirza estaba designado para ir a los Juegos Olímpicos de Sydney-2000 como 'Embajador Especial' de la delegación olímpica bosnia en esos Juegos de Australia... pero ya se veía asaltado por un agresivo cáncer linfático. Aquella conversación del firmante con Mirza Delibasic se publicó el lunes 4 de septiembre de 2000 (al día siguiente de debutar Joaquín Sánchez en el Betis, en el Estadio de 'San Lázaro', Santiago de Compostela), en un reportaje que se tituló... 'Delibasic, la voz del genio', del que adjuntamos captura en 'Galería'. Con certeza, esa fue la última vez que Mirza habló con un periodista español. 

De pinta enfermiza, aunque sobría y articulada, ahí el genio de Tuzla seguía viviendo en la Pensión Monic, dirigía las categorías inferiores del MV Basket (de su amigo Vjeceslav Tolj) y recordaba, con esa voz gutural y despaciosa cómo en el final de la Liga 1981-82 había dicho en el fragor del Palau Blaugrana a Corbalán y a Fernando: "Tranquilos, tranquilos que esto lo ganamos... y cuando lo ganamos, no se lo querían creer". Mirza recordaba cómo Corbalán le llamaba 'genio' ('¿Cómo estabas tan seguro, genio'...?) y también cómo, andando el tiempo... "Fernando Martín quería corregirme a mí, ¿lo cree usted?... A mí me llevaron a España para jugar y ganar partidos como ese del Palau Blaugrana. Cuando vi que ya no podía hacerlo, escogí marcharme libremente. Y no iba a cobrar si trabajar". En otros momentos, en otros años, el propio Fernando Martín Espina había aceptado esas diferencias de criterio con el 'Re Mirza'. En la Navidad del año 2000, Mirza Delibasic había ofrecido este premonitorio, inquietante discurso en Sarajevo, en la aceptación de haber sido nombrado 'Mejor Deportista del Siglo XX en Bosnia y Hercegovina': "Han tardado tiempo en enumerar todo lo que gané...  imaginen cuánto sudor he tenido que derramar para lograrlo... más difícil todavía es crear un país: espero que todos, aunque lo dudo, estemos aquí para ver al deportista del año 2001. Gracias, 'Hvala'..."

THE END.- Muy poco después de haber sido condecorado -ya en su lecho de muerte- con la Orden Olímpica por Juan Antonio Samaranch, todavía presidente del CIO, Comité Olímpico Internacional, Mirza Delibasic falleció en Sarajevo, el 8 de diciembre de 2001. No llegó a cumplir 48 años. Le venció, como es natural e inevitable el ya extendido e imparable cáncer linfático. Juan Corbalán lo recuerda todo con visos casi de novela. Apasiona el relato:  "Era un domingo por la tarde... yo llamo a Wayne Brabender se lo cuento y le digo que creo que tenemos que irnos a Sarajevo. Ya estaba Florentino, y yo, por no ser desleal... le digo al club que Wayne y yo nos vamos al entierro: 'Quiero que lo sepáis, que nos vamos por nuestra cuenta'. Casi a medianoche, sin más, nos llamaron de 'El Corte Inglés, y nos dijeron que a las 12:00 de esa noche, en una agencia que había junto al Eurobuilding nos daban dos billetes, que no iba nadie del club. Los recogimos, fuimos y yo preparé dos pequeños discursos; uno personal y otro mas institucional. Volvimos a los dos días". 

"La primera persona que vio muerto a mi padre fue el presidente de la nación. Y el segundo, un gitano del barrio en el que viviamos. Sus mejores amigos eran simplemente gente común". Eso queda en la memoria de Danko Delibasic, como "tanta gente de todo el mundo, miles y miles de personas en circulo durante horas en torno al féretro de mi padre".Slavnic, Tanjevic, Varajic, Radovanovic. En Sarajevo, Wayne Brabener y Juanito Corbalán (fotografiado en Madrid con Mirza y con el firmante en el 'collage' que ilustra este texto) asistieron al entierro de Mirza en el Cementerio de Bare, anexo al Estadio Olímpico de los Juegos de Invierno de 1984. Entre esas decenas de miles de personas se incluían, por supuesto, Bogdan Tanjevic... más los grandes internacionales de la mejor Yugoslavia, los compañeros de MIrza. Zoran 'Moka' Slavnic, Ratko Radovanovic y Zarko Varajic (fallecido en 2019) se hallaron entre los portadores del ataúd de Mirza Delibasic, en su viaje definitivo.

En 2007, Delibasic fue inducido al 'Salón de la Fama', ese 'Hall of Fame' donde también están entronizados Michael Jordan, Phil Jackson... o Pedro Ferrándiz. Su segundo hijo, Danko, jugó en el Bosna y a partir de 2010 pasó a ser Director de Comunicación del club de Sarajevo, cuya nueva pista se llama 'Sala Mirza Delibasic'. 

Hacia 2002, Corbalán ya había preparado una novela titulada 'Conversaciones con Mirza'. "No tenía editorial, por eso no pude publicarla antes de 2012. Es como un 'yo' deformado novelescamente, como un chico al que en sus reflexiones, y como en realismo mágico... se le aparece Mirza y le va guiando por Sarajevo. Era 2002 y yo aún tenía esa gran unión emocional con Mirza. Teníamos muchas cosas comunes, no sólo relativas al baloncesto los habíamos nacido casi en la posguerra, habíamos vivido divorcios, nos quedaban nuestras madres... y nos habíamos guiado a solas en nuestros pasos en la pista. No sé si Mirza se hubiera podido ir de Sarajevo: con Tanjevic, a Trieste. O a España, con nosotros. Quizá. Pero si no lo hizo, es que él, Mirza, no podía. Simplemente, eligió quedarse en Sarajevo.  Por cada triunfo hay una derrota, por cada alegría hay una lágrima. Mirza fue una persona trascendente. Desde el deporte que le gustaba, buscaba cada rincón de la vida que le tocó vivir. Cuando alguien de tal calado humano desaparece, deja una huella grande para los que tuvimos la fortuna de conocerle. Sarajevo representó la sinrazón de los hombres en algunos momentos", concluye Corbalán, que tras 'Conversaciones con Mirza', lanza en estos meses su trabajo 'Shooting for Mirza', la cinta sobre Delibasic y la misma vida a través de los años 90 en Bosnia y en Sarajevo. "Se trata de un documental dramatizado, aquí, también hay que jugar muy bien. Es como los tableros que se rompen, que hay que terminar de romperlos", sintetiza Corbalán, recordando aquel tablero de la Ciudad Deportiva que destrozó un tal Arvydas Sabonis en el Torneo de Navidad de 1984... y que él, Juan Corbalán, terminó de romper. 

A Corbalán le hace gracia que haya que luchar para que la ACB reconozca que, en efecto, el récord de puntos anotados en la Liga española son los 65 de Walter Szczerbiak. "Walter hizo eso con nosotros, con el Madrid, en 1976 (140-48 al Breogán)... y sin línea de tres puntos. No sé los triples que podrían haber metido Walter... o Wayne Brabender. Me hace gracia esa cosa de que todo sea como 'antes o después de Cristo', según diga la ACB. Aquí en España ha habido baloncesto organizado desde mucho antes de la Guerra Civil. Y si hablamos de las asistencias, hoy lo es todo pase que termina en canasta, cuando con los criterios de nuestra época... había todas las restricciones, incluso de dar botes. No sé cuántas asistencias habría podido promediar yo hoy. Y, ¿cuántas asistencias se le habrían contado a Mirza Delibasic? Es eso: el juego no permite poner caretas", nos apunta Juan Antonio Corbalán Alfocea.

Para el internacional bosnio y ex-NBA Mirza Teletovic (de Mostar): "Mirza Delibasic fue el país, mi país; sólo muy de vez en cuando sale una persona como él". Fernando Romay subraya a Teletovic: "Nadie en tan poco tiempo dejó tanta huella como Mirza Delibasic". Y, si nos vale aquello que dijo Jackie Robinson de que 'los deportistas mueren dos veces'... ¿cuántas veces murió Mirza Delibasic? "No somos más que recuerdos, la memoria es absolutamente necesaria y Mirza tardará mucho en morirse porque habrá muchas personas que le recordarán hasta la última hora de su existencia". Palabra -palabra llena de emoción- del mejor base del baloncesto español en toda su historia: el doctor Juan Antonio Corbalán.

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