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Seúl-1988: 35 años del último oro de la Unión Soviética, con Sabonis y los ases de Ucrania y Lituania

Alejandro Delmás
Alejandro Delmás
01/10/2023

El 30 de septiembre de 1988, viernes, cayó lo que se llamó 'la gran granizada' que incomunicó a Alcázar de San Juan durante un buen puñado de horas. Pero ese viernes 30 de septiembre de 1988, a más de 10.000 kilómetros de Alcázar de San Juan, en el 'Jamsil Gymnasium' de Seúl, capital de Corea del Sur, la última Selección de la Unión Soviética que como tal iba a competir en unos Juegos de Verano, firmó su segundo y último oro olímpico al batir con facilidad en la gran final (76-63) a la Yugoslavia de Drazen Petrovic, Toni Kukoc, Vlade Divac Stojan Vrankovic, Dino Radja...

Dos grandes estrellas de Lituania gobernaron esa final para la URSS: Arvydas Romas Sabonis, con 20 puntos más 15 rebotes, y Sarunas, 'Saras' Marciulionis: 21 puntos, con 7/12 en tiros de campo, incluidos 3/6 en triples. Son los mismos Sabonis y Marciulionis que aparecen en la fotografía que domina nuestro 'collage'... precedidos, de izquierda a derecha, por Aleksandr 'Sasha' Anatólievich Vólkov. 

Esta fotografía -hoy, irrepetible- la tomó quien aquí firma para la desaparecida revista 'Basket 16' en el Centro soviético de Entrenamiento en Novogorsk, afueras de Moscú ('a 15 minutos del aeropuerto internacional de Sheremetyevo y a 40 minutos de la Plaza Roja'), el jueves 8 de ese mismo septiembre de 1988. En Moscú y bajo llovizna otoñal, las temperaturas oscilaban en esos primeros días de septiembre de 1988 entre tres y diez grados centígrados. La cazadora de cuero era lo mínimo. Podías bajar en un ascensor del Hotel 'Sport' acompañado por una clase de 'grizzly' humano que, a la vez, es una de las máximas leyendas olímpicas: Alexandr Alexándrovich Karelin, siberiano de Novosibirsk el mejor luchador de todos los tiempos en lucha grecorromana.

La fotografía del descomunal trío Volkov-Sabonis-Marciulionis  -los tres terminarían jugando en la NBA, tras ser condecorados como 'Héroes de la Unión Soviética'- se acompaña en nuestro 'collage' con la imagen de la entrevista que también el aquí firmante -primer periodista occidental admitido por el control militar en Novogorsk hasta septiembre de 1988- realizó en el mismo Centro de Entrenamiento a Alexander 'Papa' Gomelski, entrenador, director y eje supremo de aquel soberbio y postrero equipo soviético. 

Ofrecemos, además, a la pareja de lituanos Sabonis-Rimas Kurtinaitis jugando al billar también en Novogorsk (digan 'Novagorsk'), donde se comía -se devoraba- caviar rojo siberiano... con té de bebida de acompañamiento, bajo circunstancias en las que era prácticamente imposible hallar ningún tipo de bebida alcohólica. 'Cerveza sólo en España', proclamaba Arvydas Sabonis, entre billar y caviar, por los pasillos del casi inaccesible Centro de Entrenamiento donde se concentraban las selecciones olímpicas de la agonizante Unión Soviética. 

Sabonis comparecía en Novogorsk, aquel septiembre de 1988, tras una estancia de tres meses en Portland, Oregon, donde el eminente cirujano Robert Cook -que había trabajado con el cuerpo de 'marines' en Vietnam- le había revisado las tremendas roturas del tendón de Aquiles (pierna derecha) que mantenían apartado de la competición desde la primavera de 1987 al gigante lituano de 220 centímetros y -en 1988- 125 kilogramos de peso. 

"Si fuera mi hijo, no jugaría en dos años", dijo entonces de Arvydas Sabonis el propio Cook, médico y cirujano de los Portland Trailblazers de la NBA, tras haberle chequeado e inspeccionado durante el verano de 1988; en la foto en blanco y negro del 'collage' aparece Sabonis con Cook, en la clínica de este último, en Portland, ajustando una férula para la dañada pierna derecha del 'zar' lituano. 

'O Sabonis aprende inglés, o nosotros... lituano', se había quejado Jack Schallow, entrenado de los pívots en unos Blazers con Rick Adelman al frente del banquillo. En el 'Draft' NBA de 1986, los Blazers de Portland y del presidente Harry Glickman habían elegido a Sabonis con el número 24 de la primera ronda; Arvydas se trataba del primer europeo que se 'drafteaba' más allá de segunda ronda. 

Arvydas Sabonis había sido autorizado por 'Papa' Gomelski y por el 'Goskomsport', Comité Central de Deportes de la Unión Soviética, a realizar aquel viaje a Portland, por el doble interés mutuo -para Portland y la URSS- de recuperar cuanto antes los tendones del titán de Kaunas. Los Blazers, con idea de ir allanando el camino para que 'Sabas' se presentara cuanto antes en la NBA (lo que Sabonis no hizo hasta 1995, tras jugar seis temporadas en España, Valladolid y Madrid); los soviéticos, espoleados por Gomelski, porque tenían claro que Arvydas era la llave para conquistar el oro de Seúl.

"La clave son los pívots. Desde los pívots se puede construir todo el juego. Pero EE UU tiene a David Robinson; Yugoslavia, a Divac y Vrankovic, y yo... con Tkachenko y Belostenny lesionados, sólo tengo inválidos. Pero si Sabonis está bien, todo está bien, nada me preocupa", confesaba Gomelski en Novogorsk. "Arvydas no debería jugar en Seúl, es un riesgo gravísimo", había desaconsejado el doctor Vitkus, del Zalgiris Kaunas y de la Asociación Lituana de Baloncesto, en absoluto acuerdo con Robert Cook. Pero Gomelski impuso su criterio ("Si Gomelski dice 'okay' es 'okay', todo queda claro, aunque en Lituania nadie pueda creer esto", confirmaba en Novogorsk el ala-escolta lituano 'Valdi' Homicius; aparte de todo, Arvydas Romas Sabonis confiaba en Alexander Gomelski. Y confiaba... mucho).

"Sabonis podrá intervenir en los Juegos de Seúl, pero el dictamen es que se abstenga de competir antes de ir a Seúl, sólo  hará rehabilitación". Ese fue el veredicto oficial de los médicos del Comité soviético de Deportes, el temido 'Goskomsport'... contra cuya ilimitada autoridad sobre las vidas y haciendas de los deportistas soviéticos clamaba, inclusive, un tal Garri Kaspárov: "Esto es un robo que perpetran unos ladrones que roban nuestras vidas e ingresos; hay que terminar con esto", sentenció Kaspárov, en aquel mismo verano de 1988.

UNA URSS... MULTINACIONAL.- Antes de resumir el relato de cómo Gomelski y la URSS acabaron llevándose el gato al agua y el oro de Seúl a lo más alto del podio olímpico, convendrá refrescar la composición de aquel 'súperequipo' de todas las Rusias. 

En la docena de elegidos por Gomelski -que excluyó al coloso Tkachenko, convaleciente de una rodilla y con 141 kilos de peso para 220 centímetros- coexistían Sabonis, los tres escoltas Marciulionis, Valdemaras Homicius y Rimas Kurtinaitis, las cuatro estrellas de Lituania... con las tres grandes figuras de Ucrania, Sasha Volkov, un escolta de 2,08 de altura, más los pívots Belostenny -2,14 de altura, acababa de sufrir un accidente de tráfico, con daños en la rodilla- y el hoy fallecido Valeri Goborov (2,11), además del alero uzbeco Valeri Tikhonenko (que jugaría en España), el buen base Tiit Sokk (Estonia), el escolta letón Igor Miglinieks y, en fin, dos 'rusos de Rusia': el alero Vladimir Tarakanov, oficial del Ejército Rojo en el CSKA y hombre de confianza de Gomelski, y el pívot Viktor Pankrashkin: 2,15 de altura. En fin, seis nacionalidades de seis naciones de hoy... para una sola Selección de la Unión Soviética, tan inmensa como la misma URSS.

Otra gran ausencia era el formidable base-escolta letón Valdis Valters, quien había roto relaciones con el 'coronel' Gomelski. "Todo el talento que Valters tiene lo pierde por no saberse ganar el respeto de sus compañeros", sostenía -molesto- un Gomelski... que era coronel de verdad, aunque había tenido que hacerse amigo del 'general' Gavrilin, que era quien mandaba en el Comité soviético de Deportes a finales de los 80.

OSCAR, ESPAÑA... Y ESTADOS UNIDOS.- El máximo anotador del torneo olímpico de Seúl fue Oscar Schmidt Bezerra, el cañonero brasileño de,2,05 de altura, entonces en las filas de 'la' JuveCaserta, Italia. Schmidt promedió 42,3 puntos y 36 minutos de juego en ocho partidos (Brasil cerró en el quinto puesto), con la monstruosa epifanía de los 55 puntos a... España, el sábado 24 de septiembre de 1988, en Jamsil, actual récord olímpico de anotación. Para la memoria, la penúltima España de Díaz-Miguel, entonces vigente subcampeona olímpica (desde 1984), ganó el partido, fase previa, Grupo B, por 118-110. Pero el 'capocannoniero' Oscar Schmidt, imparable e implacable, se despachó con 11/17 en tiros de dos puntos, 6/11 en triples y 15/16 en tiros libres. Además, cinco rebotes para Schmidt, sólo uno menos para Brasil que el pívot Israel Machado.

España, segunda en ese Grupo B previo tras infamante capitulación inicial ante EE UU (97-53) se derrumbaría sólo dos días después en el cruce de cuartos de final ante la Australia de otro cañonero, el alero Andrew Gaze: 74-77 y 28 tantos para Gaze, segundo anotador general tras el intratable Oscar, a media de 23,9 puntos. 

El resto fue un calvario de miserias y discusiones para una Selección española privada de sus dos pívots más potentes, los madridistas Fernando Romay, con grave lesión en rodilla, y Fernando Martín, quien aún no había sido recalificado por la FIBA tras efímero paso por la NBA: Portland, 1986-87. 

Sendas derrotas de despedida ante Canadá (91-96) y Puerto Rico (92-93) clavetearon a España -que venía de la plata de Los Ángeles- en un bastante opaco octavo puesto. El carmonense Andrés Jiménez promedió 17,6 puntos (noveno en la tabla de anotadores) y 8,5 rebotes para consolidarse como el mejor jugador español en ese evento final de 1988.

El de Seúl iba a ser el último torneo olímpico de baloncesto en el que no se permitió la participación a los 'profesionales' de la NBA ('profesionales' ya eran todos los de la FIBA, a esas alturas), algo en lo que también tuvo bastante que ver el fracaso de esta Selección universitaria de Estados Unidos... precisamente ante la Selección soviética de 'Papa' Gomelski que ya hemos descrito.

HACIA EL GRAN DUELO.- Dirigida por John Robert Thompson feroz, orgulloso 'Black Power' y legendario 'coach' de los 'Hoyas' de Georgetown University, la Selección estadounidense, campeona del mundo en 1986, en Madrid, presentaba a un grupo de muy buenos jugadores -promesas- universitarios de NCAA donde brillaban el ya citado 'Almirante' Robinson ('El Pívot Nuclear', 2,16 de altura, Número 1 del 'Draft NBA' de 1987; S. A. Spurs) con grandes aleros intercambiables, 'swingmen': Danny Manning (Número 1 del 'Draft' NBA de 1988, L. A. Clippers), Dan Majerle, Mitch Richmond, Stacey Augmon, Hersey Hawkins... todos ellos, de paso para sólidas carrera en la NBA.

Pero ese -en teoría- bastante imponente equipo de Thompson contaba con un problema que saltaba con sólo 'rascar'. No tenía tiradores puros ante zonas 'altas' que podían hallar en partidos con normas FIBA. Y, en caso de que la URSS alineara a Sabonis, no había 'pívots' de reserva con cierta garantía para dar relevo y refresco a Robinson. No lo eran J. R Reid ni Charles D. Smith, buenos jugadores pero no 'centers', 'pívots-pívots'...

En el Grupo B, los Estados Unidos de John Thompson, todo defensa, carreras y presión más... David Robinson arrollaron a la España de Díaz-Miguel (97-53), ofrecieron señales de fragilidad ante el Canadá de Kristmanson, Triano, Pasquale y Kazanowski (76-70, Canadá ganaba 40-42 al descanso), noquearon al Brasil de Oscar (102-87) barrieron a Egipto y China (102-35, 108-57) y en cuartos apearon a los 'duros' de Puerto Rico: 94-57, aunque ya se había lesionado en la espalda uno de los mejores tiradores del equipo: Hersey Hawkins...

Por la otra parte del cuadro, en la apertura del Grupo A (18 de septiembre), la URSS de Gomelski abrió con derrota (79-92) ante la fortísima Yugoslavia que capitaneaba un tal Drazen Petrovic: 25 puntos, más 20 de Zarko Paspalj. En su primer partido en año y medio, Arvydas Sabonis cerró acta con discreción: 11 puntos y cuatro rebotes en 26 minutos. Pero había 'competido', que era lo importante. 

Soviéticos, lituanos, la URSS toda... se temían cualquier 'asalto' o zarpazo por las bravas o por las malas (una patada, por ejemplo9 de los lobos yugoslavos a los dañados tendones de Aquiles del gigante de Kaunas; Sabonis, que admiraba intensamente a Larry Bird ('ese es mi estilo de jugador") proclamaba a los cuatro vientos: "No jugaré en el Real Madrid si Petrovic está en el Madrid; nunca jugaría con ese tipo, tan buen jugador como mala persona. Si es el mejor de Europa, será porque yo he estado sin jugar. Ya tengo suficiente experiencia con él y con 'ellos'. ¿Recuerda la final de la Copa de Europa de 1986, en Bucarest? (NB: Zalgiris Kaunas-Cibona Zagreb, que venció con descalificación de un Sabonis provocado por Mihovil Nakic) Si Petrovic cambia, pues mejor para todos. En cuanto a David Robinson, es un buen jugador, aunque no 'top'. 'Bueno'... y ya está".

Tras la derrota inicial ante los 'plavi', sin más incidentes -aunque el resultado ponía a Gomelski y los suyos ante un cruce semifinales con EE UU-, la URSS necesitaba ajustar clavijas en sólo 48 horas. La potente Australia de Gaze, Sengstock... Luc Longley esperaba en un turno que podía costarle caro a los soviéticos. Pero casi todo el que haya jugado a deportes de equipo ya conoce que un gran jugador, a la que puede empezar a 'pillar ritmo'... cobra velocidad y se hace imparable en un santiamén. Y Arvydas Sabonis ya había cogido ritmo ante su odiada tropa yugoslava. 

Ese 20.9.1988, en el Jamsil Gymnasium de Seúl, Sabonis destrozó a la Australia de Gaze -los australianos no podían creer lo que veían- con 17 puntos, ¡¡ 20 !! rebotes y cuatro asistencias en 29 minutos de acción. 

Entre los tres pívots australianos pescaron 13 rebotes (Longley, 3), siete menos que 'Sabas', él solo... y totalizaron 15 puntos (Longley, 3), dos menos que el redivivo 'zar' de Kaunas. 21 puntos de Kurtinaitis y 16 de Volkov dieron escolta a la reaparición del 'zar' en el Salón del Trono. La URSS apabulló a los 'aussies' (91-69) y casi aseguró el billete para las rondas finales.

Al día siguiente, miércoles 21, Gomelski dio descanso a la 'torre' de Kaunas, pero así y todo, la Selección de todas las Rusias se deshizo de los portorriqueños de Jerome Mincy y del pívot José 'Piculín' Ortiz, no sin necesidad de prórroga: 93-81, con 76-76 en el tiempo reglamentario. En la prórroga desequilibró un excepcional Marciulionis, loco por irse a la NBA: 32 puntos, 13/16 en tiros de campo. Ayudaron lo suyo Sokk (14 puntos) y Volkov, sensacional 'todoterreno', 'all around': 12 tantos.

Hasta cuartos de final, la URSS costeó mientras Gomelski se dedicaba a 'entrenar' a Sabonis -al que el 'coach' plateado de Kronstadt le pasaba balones... pegando con los pies- y el equipo 'rojo' ensayaba el plan contra la Selección americana de John Thompson: 73-110 a los anfitriones coreanos, 78-87 sobre la República Centroafricana y, ya en cuartos, ajustada victoria por 110-105 ante un Brasil que vencía por 53-58 en el descanso... para verse desarbolado en gran segunda parte de la URSS, pese a... 46 puntos de Oscar Schmidt. 

Este día, 26.9.1988, ante Brasil, Kurtinaitis (24) y Volkov (20) lideraron a los soviéticos, de los que emanaba un buen aviso para EE UU, con seis jugadores en 'dobles dígitos' de anotación: Kurtinaitis y Volkov, ya citados, Marciulionis (14), Sokk y Tarakanov (13 para cada uno) y, en fin, Sabonis: 12 puntos más nueve rebotes.

HISTÓRICO.- Y dos días después de los turnos de cuartos, el 28.9.1988 y en semifinales, los Estados Unidos de América y la Unión Soviética se medían por primera vez en unos Juegos Olímpicos desde la célebre final de 1972 que la URSS dominó 'en la cuenta larga' y en su único triunfo olímpico ante Estados Unidos: 51-50. Fue, además, el último gran duelo 'cara a cara' en la historia olímpica. Nunca más iba a haber un USA-URSS en unos Juegos Olímpicos. Ni tampoco volvería 'USA Basketball' a los Juegos con un equipo de universitarios, entre otras cosas... por el desenlace de esta semifinal en Seúl.

La Unión Soviética pasó a la finalísima de esos Juegos y se impuso a los universitarios de John Thompson con resultado de 76-82: 37-47 para la URSS en el descanso. Con el hábil y buen tirador Hawkins fuera de combate, ni Thompson ni sus jugadores supieron 'leer' ni atacar las formaciones zonales que la iniciativa de Gomelski ajustaba sinuosamente de 2-1-2 a 1-3-1 (con Sabonis siempre en el centro, cerrando la entrada a Robinson)... para salir siempre en ataque con el interminable eje central del propio Sabonis, sus manos y su 'periscopio' de 220 centímetros para marcar el 'tempo' del juego y la salida ante la presión de Thompson. 

Esa salida de la URSS siempre era en 2-1-2 sobre el 'eje de Sabas', que veía los espacios y movilidad de los fantásticos escoltas lituanos de la URSS: Kurtinaitis (28 puntos, 4/10 en triples), Marciulionis (19, 3/3 en triples), además de Volkov (13 puntos, 5 asistencias) y, por supuesto, Sabonis: 13 puntos más 13 rebotes. Cuatro hombres en 'dobles dígitos' de anotación. La URSS anotaría 7/17 en tiros de tres puntos, casi el doble que los jóvenes estadounidenses, que apenas ensayaron: 4/7 desde la línea de 6,25 metros, tantos triples en total... como Kurtinaitis a solas. La URSS (Sabonis...) también controló en rebotes: 32-29.

Por dos veces se vio Estados Unidos a sólo dos puntos por detrás: 50-52, tras robo y 'slam dunk' de Reid, con 13:46 por delante, y 57-59, en transición de Willie Anderson. Pero, con Sabonis y Marciulionis en acciones decisivas que tiraron de la URSS, los de Gomelski respondieron con parcial de 10-3 para 'demarrar' hasta un 60-69 que era demasiado abismo con con 5:25 por delante. En el minuto 39, Estados Unidos se acercó a tres puntos (76-79), pero nuevamente los soviéticos detuvieron la remontada y aguantaron para firmar el 76-82. 

Como se esperaba, y con Danny Manning gravemente limitado por las faltas desde el primer tiempo, Robinson lideró a Estados Unidos: 19 puntos y 12 rebotes, pero sin causar daños decisivos. 'Thunder' Dan Majerle añadió 15 puntos... pero en la final estaba la Unión Soviética, que siempre había controlado y gobernado el 'tempo' del partido de la mano del Gomelski, el viejo zorro plateado de Kronstadt, Leningrado, San Petersburgo. 

Hubo llamadas teléfónicas y mensajes al club NBA de los Portland Trail Blazers, en protesta por la actuación de su médico, Robert Cook, en la recuperación triunfal de Arvydas Sabonis. "Hemos traído a recuperar a nuestra casa al mismo hombre que nos iba a quitar el oro olímpico, como darles a los 'Soviets' la cuerda con que nos iban a ahorcar"... y Cook aplicó memorable respuesta: "Hice lo mismo que hubiera hecho con un 'vietcong".

Sólo dos días después, cuando granizaba a muerte en Alcázar de San Juan, llegó la gran final, 'finale', en la que la eliminación de EE UU (que embolsó el bronce con 78-49 a Australia) más la 'puesta en ritmo' de Sabonis concedían masiva ventaja psicológica a la URSS ante la Yugoslavia de Drazen. Sabonis echó el resto y se mostró implacable ante sus viejos, grandes enemigos 'plavi': 20 puntos más 15 rebotes. Marciulionis acumuló 21 puntos: 76-63 para la URSS, en su despedida olímpica... y oro para Moscú.

24 oscuros puntos no pudieron enmascarar la gris actuación de Drazen Petrovic (8/17 en tiros de campo, con 2/6 en triples), quien andaba ya con la mirada puesta en Madrid y -por elevación-, también en la NBA. Precisamente... en Portland. Sólo un yugoslavo más, Divac, pasó de la decena de puntos: 11. Pero, en rebotes, con 'Sabas' al frente, los soviéticos barrieron ambas zonas, con superioridad absoluta en capturas: 31-21.

Esta y así fue la gran 'finale' del baloncesto olímpico de la Unión Soviética, que aún jugaría como tal el Eurobasket de 1989 (Zagreb) y el Mundobasket de 1990, que significaron dos de los tres postreros éxitos de Yugoslavia. La URSS, que logró bronce europeo en 1989 y firmó plata en el Mundial argentino de 1990 (donde EE UU aún acudió sin hombres de la NBA), tuvo que resignarse a ver cómo la penúltima Yugoslavia alzaba estos dos títulos. 

A su vez, la Yugoslavia que conocimos como tal se despidió en el Eurobasket de 1991, en Roma (donde la URSS ya no acudió y la España de Díaz-Miguel se colgó el bronce), con soberana exhibición de otro equipazo que empezó a romperse con abandono del base escolta esloveno Jure Zdovc... porque la República de Eslovenia ya se declaraba independiente. 

Empezaba otra era. Pisaron la NBA, naturalmente, varios campeones olímpicos de Seúl:  Volkov (Atlanta, 1989-91; después, Sasha sería parlamentario en Kiev y ahora combate contra Rusia), Saras Marciulionis (Golden State, Sacramento, Denver, hasta 1997) y el propio Sabonis, a Portland ("Lituania siempre quiso verme en la NBA...") entre 1995 y 2003 ya como el 'Big Red', 'Gran Rojo', apodo que nunca le sentó bien por lo de 'rojo' y que incluso dio nombre a un sistema de juego de los Blazers de los 90. También, por supuesto, jugaron en la NBA todos esos 'yugoslavos', croatas, serbios y montenegrinos: Petrovic, Kukoc, Vrankovic, Divac, Paspalj... 

"Yo no soy ruso, soy lituano. Li-tu-a-no. Y mi color es el verde", decía Arvydas (simpatizante del Betis, por el 'verde' lituano), tan lejos como en septiembre de 1988, a pocos metros de Gomelskl y de la zona militar de Novogorsk. Ya saben que Arvydas Sabonis, previo paso por Valladolid y Madrid, se fue a jugar a Portland, la tierra donde nació John Reed, el gran testigo de la Revolución soviética, el activista y autor de 'Diez días que estremecieron al mundo'. 

Y, tan cerca de Novogorsk, donde Gomelski y Sabonis planearon conmover al mundo, John Reed está enterrado... en Moscú. Sí; en los muros del Kremlin.



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