La deuda es bonita

Antonio Félix
23/09/2020

Una de las buenas cosas que se le habían halagado a los dirigentes del Betis, que las tienen, era la ordenación de la economía del club. Tampoco es que el tema necesitara de un gran mérito, después de los disparatados enjuagues de Lopera y el latrocinio a pecho descubierto de Oliver, pero, qué demonios, se agradecía descubrir que los jóvenes jerarcas de Heliópolis proclamaban el rigor en la tesorería y se alejaban del perfil de los chapuzas y mangantes que tanto pueblan la geografía del fútbol español.

Era reconfortante verles ondear esa bandera y presumible que, en cuanto las circunstancias y su conveniencia les empujaran, quedara convertida en un sucio paño de cocina, como continua e indefectiblemente, temporada tras temporada, ha ido sucediendo con las convicciones proclamadas por los distinguidos señores Haro y Catalán.

Ya la temporada pasada comenzó a encenderse una lucecita de alarma en las cuentas del Betis, después de que el oráculo del big data de Catalán y su nene impulsara al club hacia una apuesta de enorme riesgo, asumiendo traspasos o nóminas desmesurados como los de Borja Iglesias y Fekir bajo la ciega confianza de que ese 'plantillón' conduciría irremisiblemente al maná de Europa, ya saben, el lugar sin el que, según don Ángel Haro, "no eres nadie".

El incremento de la deuda y los impagos de la nueva ciudad deportiva delataron señales perniciosas que se convirtieron en catastróficas con el batacazo en la temporada y los terribles efectos de la pandemia del Covid. Desde hace meses, los dirigentes béticos, en una nueva demostración de su ingenuidad para este negocio, proclamaron la tiesura, que no fue sin embargo óbice para contratar a uno de los entrenadores más caros de la Liga, para lo que antes tuvieron que contratar a uno de los directores deportivos más caros de la Liga, el mismo que hoy proclama que en su trabajo "hay cosas más importantes que fichar jugadores". Conviene aqui asentar dos cosas. Cómo, de nuevo, en la pugna entre convicciones y necesidades vuelven a ganar las mismas. Y que la mentira, hasta la más burda, sale gratis en el fútbol, y en especial en éste de gradas desiertas.

El hecho es que el increíble arranque del equipo de Manuel Pellegrini (guau, victorias ante dos de los más firmes candidatos al descenso) no sólo parece haber concienciado a los dirigentes verdiblancos de lo futil de sus preocupaciones por la bolsa: es que los ha sepultado. No deja de sorprender cómo, en cuatro tardes, un entrenador que venía de pasearse por China y pegársela en el West Ham se ha erguido como un emperador sin contestación. Resulta ciertamente sonrojante esa táctica de enviar a hurtadillas mensajes desde el club que Pellegrini, a la primera que tiene, se pasa por el forraje. En las actuales circunstancias, no cabe duda de que serían aceptadas como agua de mayo ofertas como los 7 millones que el Génova da por Sanabria, un futbolista amortizado en el Villamarín, o por Loren, que parece partir como el tercer delantero para el nuevo técnico. Pero Pellegrini dijo que se olvidaran de lo de Sanabria y que lo único que pasa con Loren es que está gordo, y no hay nada más que hablar. Hasta ahora, era curioso hacer callar a los dirigentes béticos por las muchas cosas que hacían mal. Hoy tiene un punto incluso cómico ver cómo un empleado les calla con lo poco que presumíamos que venían haciendo bien.

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