Nos tocó el cupón

Javier González-Cotta
01/08/2020

Prosigue el carrusel del coronavirus con su minuto y resultado. Lo decíamos por aquí la semana anterior. Se dijo hace tiempo que el verano y el calor atenuarían la propagación del bicho. Pero visto está que la canícula no lo mata y, en cambio, sí que nos mata a nosotros al modo tradicional, haciéndonos morir en las calles, indefensos bajo la solana, refritos como San Lorenzo mártir en su parrilla.

El caso es que escuchamos a diario dónde ha tocado el mortífero cupón y dónde no. Por fin la miasma nos tocó y nuestro Gudelj, el bravo serbio, dio positivo. Decimos “por fin” no porque estuviéramos deseándolo, obviamente. Decimos que “por fin” porque tarde o temprano la dichosa miasma tenía que tocarle a los equipos que han tenido que reanudar su trabajo con vistas a las competiciones europeas. Le tocó a Mariano, el jugador del equipo capitalino de nuestros amores más fervorosos. Y le tocó a Gudelj. Normal hasta cierto punto. Los muchachos tuvieron sus pequeñas vacaciones. Y ahí todo se vuelve más incontrolable. Que si cosa de un pequeño descoque. Que si un desliz humano y perdonable. Que si un mal destino elegido para pasar unos breves días de asueto. No importa si hubo desliz o si todo discurrió bajo la austeridad y la rectitud. El coronavirus nos sigue dando una lección de socratismo absoluto. Sólo sabemos que no sabemos nada (o casi nada).

Claro que ahora los epidemiólogos y demás “expertos” –esos entes del añorado planeta Gamínedes– van conociendo mejor cómo actúa la maldita miasma. Pero la convivencia con la pandemia nos descoloca a los ignorantes más confesos, como es nuestro caso. Ni el verano ni el calor atenúan la infección. Los jóvenes se convierten claramente en propagadores y en víctimas también. Nuestros viejos vuelven a ser vulnerables cuando los creíamos casi a salvo con una adecuada protección en sus residencias.

Sólo sabemos, pues, lo que ya sabíamos. El virus se combate con mascarilla, lavado de manos y  distancia física con el desconocido. Es el consabido abecé, lo que nos recuerda a aquel 4-4-2 machacón y paleolítico en las alineaciones del fútbol de antaño. No olvidamos, claro está, el caso primero y anterior del Fuenlabrada. Pero se me permitirá una pequeña maldad. Nos alegramos verdaderamente que sus contagiados vayan recuperándose a la vera atlántica de la playa de Riazor. Pero nos ha irritado bastante tener que escuchar a diario el apelativo supuestamente cariñoso con que los medios se referían al nombre del equipo. Lo han llamado el “Fuenla”. Habíamos escuchado antes, torciendo el gesto, aquello del “Lega” (por el Leganés) y del “Geta” (por el Getafe). Los medios de la Villa y Corte intentan hacer simpáticos a los equipos menores de la Comunidad de Madrid con estos apodos amables. Ya me dirán el cariño que despierta el “Geta”. De modo que, salud aparte, no sentimos pena por el devenir deportivo del “Fuenla”.

Volviendo a nuestro Gudelj, parece que su positivo va virando a negativo (al menos mientras se escriben estas líneas, porque nunca se sabe). Nos dicen que la Roma nos espera en la Europa League ahíta de forma y buenos resultados.  Se teme el bajón físico del SFC, mermado por la falta de auténticos entrenamientos. Lo que tenga que ser será. Nos consuela saber que para el destino, a diferencia de para el virus, no existen “expertos”.

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