Marioneta

Antonio Félix
21/10/2020

La venganza, ese gran motor de la vida, nos desvela estos días entre ilegibles tuits del agente Bayram Tutumlu las cloacas en las que se dilucida el futuro del Sevilla. Tras su magnífico esplendor en la hierba, un asqueroso hedor se va haciendo más y más intenso, mientras buitres de toda calaña acuden al asalto de uno de los clubes más apetitosos del mercado. Les anima la tontada de una directiva que, más allá de blindar sus bolsillos, no sólo olvidó blindar al club contra cuatreros de medio pelo, sino que les abrió la puerta de par en par, párvulos ante el timo de la estampita que le pegó un buscón aprovechando el pavor que a sus antiguos compañeros daba el renacer, febril y despiadado, de José María del Nido.

He aquí la figura central de un drama con tintes a ratos shakesperianos, a ratos ozorenses. He aquí el hombre que, un día, se dijo la figura más importante sobre la tierra tras el Papa, ante el aplauso general de la platea. Quién sabe si aquél fue el inicio de la intensa perturbación que ahora muestra con tan perseverante indecencia. Pues si es cierto que este señor, sin más negocio ni fortuna tras la cárcel, recibe un millón de euros de dividendo del Sevilla, si el club le paga otro medio millón de soldada a su hijo, si comprometido estaba que este mismo ascendiera a la presidencia en apenas tres años para manejar el cotarro, ¡qué más podría pedir quien mantuviera algo de su sano juicio! ¡Hasta dónde llega la estulticia del ego! Acaso aún se nos escapen detalles trascendentes: así pues, que Tutumlu hable y calle el mundo.

Quién sabe si la venganza, ese gran motor de la vida, empuje también los propósitos de Del Nido. Recuerden aquello que dijo al entrar en la trena: "Me voy para cuatro tardes pero volveré para ajustar cuentas con los traidores". No debieron ser pocos aquéllos: alcaldes que besaban su mano antes de escupírsela, altos cargos a quienes "no había de faltar de ná" en los viajes europeos, y que ná luego devolvieron, directivos esquivos, técnicos en fuga... Más, de momento, de nuevo en la tarima de los tribunales, con el único que ha ajustado cuentas ha sido con su hijo, el primogénito al que durante tanto tiempo cinceló como su sucesor. Y ese renegar no ha hecho sino aumentar la desconfianza en esta patraña en la que nadie confía en nadie. Cómo hacerlo comprobando el pelaje de los protagonistas de la charranada. No resulta desde luego estimulante ver al hexacampeón de Europa despellejado entre truhanes de tan baja estofa. Y causa un hondo estupor que antaño aquel hombre que se consideraba el mayor del mundo sea hoy apenas la marioneta de un puñado de trileros y asustaviejas.

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