Cándido

Antonio Félix
13/10/2021

El mejor presidente de la historia del Sevilla negó el otro día “ser el pelele de nadie”. Tal condición había marcado toda una vida en José Castro y, de hecho, fue su cualidad fundamentalísima para que José María del Nido lo terminara aceptando como sucesor, con vistas a apartarlo de un plumazo y recuperar el poder una vez concluidos “los dos días” que iba a pasar en el trullo. Cuatro Europa Leagues y cinco presencias en Champions después, José Castro, el mejor presidente de la historia del Sevilla, ha de seguir proclamando que no es ningún pelele mientras ve venirse a Del Nido como un poseso a recuperar su trono.

Cierto es que la enfermiza perturbación de Del Nido por volver al poder, que ha arrasado incluso la relación con su hijo predilecto, ha superado cualquier límite. Pero también lo es que Castro y sus acólitos se han manejado en esa batalla con una bobería inmaculada, al punto de alfombrar la vuelta a la capitanía de un señor al que deberían haber inhabilitado para tal cargo. En lugar de eso, le han abierto las puertas de par en par. No es difícil imaginar a Del Nido revolcándose de risa en su sofá al recordar cómo fueron Castro y sus socios quienes le agasajaron repartiendo dividendos a tutiplén con los que alivió su precaria economía y, después, eligieron a un fondo de buitres para compensar su compra de acciones con los que no tardó en entenderse. Primero le dieron el dinero para comprar títulos; luego le presentaron a los aliados para reforzar su asalto. Más pardillo no se puede ser.

No se sabe muy bien qué guio a Castro y los suyos a actuar de esta manera. Tal vez se confiaron, dada la increíble sucesión de éxitos que emprendieron. Tal vez se apiadaron de un Del Nido que pasó por fases de severa precariedad. Tal vez entendieron como definitivo el as del hijo, Del Nido Carrasco, preparado desde todos los frentes para ser el próximo presidente. Lo mismo, en la apoteosis de la candidez, creyeron que el pueblo se alzaría para oponerse al expresidiario. En cierta medida, se puede decir que actuaron con buenismo en un asunto que ha desvelado toda la mierda que puede supurar el fútbol, y que es mucha: la idiotez severa, el cainismo feroz, la avaricia desenfrenada, la ambición psicópata, la inopia de la masa, el mercantilismo más atroz, la venganza, el engaño, la hipocresía, la traición…

Dentro de un par de semanas, un puñado de acciones y alguna decisión judicial decidirán el futuro del Sevilla. Es el tiempo que tiene Castro para encontrar una solución definitiva a un problema gigantesco y esencialmente creado por ellos mismos. Es el tiempo que le queda para quitarle la razón a Del Nido en su elección, para demostrarle que, efectivamente, no era ningún pelele sino el mejor presidente de la historia del Sevilla. Eso, o cuatro Europa Leagues y cinco presencias en Champions después, y saldrá por la puerta sin tener siquiera una entrada propia en la Wikipedia.

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