La Crónica

Borussia DortmundvsSevilla FC
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Ficha técnica · El Mejor

Champions League (2020/2021) > 1/8 final. Vuelta

2-2: Este muerto está muy vivo

Se acabó, por este año, la aventura en la Champions de un Sevilla que se ha conjurado para volver. Pero no porque lo dicten esas frases de galletita de restaurante chino con la que hoy se componen tuits, tristemente instituidos como unidad básica de pensamiento, que transitan de la cursilería al ridículo. Nada de eso. El Sevilla demostró por la vía de los hechos, de un partido vibrante y pleno de recursos, que está asentado en la élite del fútbol continental. En su segundo escalón, para ser exactos. La eliminatoria con el Borussia quedó casi liquidada, a qué negarlo, en el Sánchez-Pizjuán. No hubo sorpresa en Dortmund, pero sí dejó el que se iba una tarjeta de visita en la puerta: “De esto somos capaces, nos volveremos a ver”.

La sorpresa del chef fue Óscar Rodríguez, fichaje estival que llegó con la vitola de su recién estrenada internacionalidad y tras un desembolso consecuente con su pertenencia al Real Madrid, que es alérgico a la baratura. Ni por ésas le ha dado Lopetegui apenas bola en medio año, en el que sólo había dado señales de vida… en los últimos veinte minutos del partido de ida, cuando se distinguió con un tiro al palo y una asistencia en el postrero intento por mantenerse con vida para la vuelta. Las situaciones desesperadas conducen, a veces, hacia soluciones de tintes esotéricos –como el enfermo terminal que recurre al curandero– y un tesoro recóndito puede aparecerse en ese espacio evanescente que hay entre la ciencia y la creencia.

El plan real, sin embargo, era estrictamente futbolístico y estuvo ejecutado de forma impecable por un equipo valiente porque a la fuerza ahorcan y el 2-3 de la ida era una soga que apretaba de lo lindo. Una exhibición de media hora fue lo que dio el equipo de Lopetegui, con la presión alta encerrando a los amarillos en su área y un puñado de llegadas que acongojaron a los teutones, un anfitrión con bajas y poco fiable en defensa que se salvó del 0-1 porque Hitz metió un manotazo afortunado a un tiro de Ocampos, porque Óscar pateó al aire solo en el punto de penalti o porque un derechazo de Suso salió a un centímetro del poste.

Una de las rémoras de este Sevilla es que, en ocasiones, se muestra ineficaz hasta la desesperación, incapaz de convertir el dominio en goles, y eso fue lo que le pasó ante un Borussia Dortmund que es exactamente lo contrario por obra y gracia de Erling Haaland, con toda probabilidad el mejor goleador puro del momento –Cristiano Ronaldo incluido–. Ejecutó su equipo una presión agresiva que terminó provocando un choque entre Suso y Koundé, pérdida, pase de la muerte de Reus y remate del nibelungo para quitarle las ideas de remontada a los sevillistas que aún pudieran albergarlas. En ese momento, comenzó otro partido. Ya no se jugaba por el premio de estar los cuartos, sino por algo mucho más importante: era una batalla por el honor.  

La desventaja no varió el plan del Sevilla, que seguía con la misión insensata de meter unos cuantos goles y el vodevil protagonizado por Çakir, el árbitro turco, y su asistente de VAR al comienzo de la segunda parte. Haaland, que tiene la fuerza de una apisonadora, pasó por encima de Fernando en un balón dividido y marcó el segundo gol. Falta cristalina que el árbitro se había tragado, por lo que fue llamado a consultas. Anuló el tanto, lógicamente, pero ya que estaba en el monitor revisó un levísimo agarrón de Koundé al noruego acaecido más o menos dos horas antes a varios kilómetros del balón, que cayó manso en los guantes de Bono. Penalti alucinante que detuvo el portero del Sevilla, hizo una parada mejor todavía en el rebote... y tuvo que repetirse el lanzamiento porque su segundo pie se separó medio nanomilímetro de la raya antes de tiempo. “Persona o cosa que acarrea problemas y dificultades sin aportar gran provecho”, he ahí la definición que el DRAE hace de la palabra “pejiguera”.

A esas alturas, ya todo daba igual, incluido el resultado. El partido se había convertido en un duelo a muerte entre veintidós tíos, en el sentido más heteropatriarcal del término, picados como legionarios ante una caja de botellas de orujo. Cada fricción originaba un incendio forestal, tales eran las chispas que saltaban, cada adversario a la vista era víctima de un insulto tabernario y cada jugada no era un intento de marcar un gol, sino una excusa para mostrar supremacía: física, técnica, táctica, anímica, cualquier cosa. Todo eran pequeñas batallas y en esa locura pescó el Sevilla su gol, tan merecido, al transformar En-Nesyri un penalti sobre De Jong.

Hacía falta un segundo gol para que la noche se activase en “modo milagro”, algo así como un revival de aquella tarde en Donetsk, donde Palop arrancó una prórroga al marcar de cabeza. Bueno, hacía falta un gol y hacía falta no encajar el tercero, cuestión que resolvió Bono con un par de paradas de las de antes de lesionarse. ¡Ay, esa semifinal que se perdió! El caso es que el Sevilla merodeaba el área de Hitz, que tapaba portería sin dar sensación de seguridad ni estar guarnecido por una defensa precisamente de hormigón. Había un intersticio para colarse, lo que intentó con denuedo Papu Gómez e impulsaron desde las bandas el reencontrado Navas y un descomunal Acuña. Llegó el 2-2, un cabezazo espléndido de En-Nesyri a la escuadra, quizá un pelín tarde. 

O no. Porque aunque era el 95 sobre un descuento marcado de seis minutos, algo podía pasar y algo ocurrió. Llovió un balón al área del Borussia, cayó a pies de Rakitic, que controló en el punto de penalti y detuvo el tiempo. No había hueco para chutar, así que se la echó a Diego Carlos, tres metros a su izquierda. Tampoco se le hizo la luz al fornido central, así que retrasó el balón, volvió a caer otro centro y Munir se fue al suelo fulminado por un brazo amarillo. ¿Suficiente para pitar penalti? No, excepto que con Haaland al comienzo del segundo periodo bastó mucho menos para señalarlo. Fin del partido. Frustración y orgullo a partes iguales. ¿Un robo? Nada de eso, hombre. Lo que hubo fue un punto de infortunio, un delantero colosal enfrente y un resultado en la ida que era casi disuasorio.

Ficha Técnica

Borussia Dortmund (2): Hitz, Morey (Meunier, minuto 94), Emre Can, Hummels, Schulz (Zagadou, minuto 88), Delaney, Bellingham, Dahoud, Reus, Haaland y Hazard (Passlack, minuto 65).

Sevilla FC (2): Bono, Jesús Navas, Koundé, Diego Carlos, Marcos Acuña, Fernando (Rakitic, minuto 85), Joan Jordán (‘Papu’ Gómez, minuto 60), Óscar (Óliver Torres, minuto 77), Suso (Munir, minuto 85), Ocampos (De Jong, minuto 60) y En-Nesyri.

Goles: 1-0, minuto 35: Haaland. 2-0, minuto 54: Haaland, de penalti. 2-1, minuto 68: En-Nesyri, de penalti. 2-2, minuto 95: En-Nesyri.

Árbitro: Cüneyt Çakir, turco. Amarillas para Morey, Marcos Acuña, Koundé, Haaland, Joan Jordán, Emre Can, Óscar, Fernando y Diego Carlos.

El mejor del Encuentro

Ocampos

Quizá la mejor noticia es que Ocampos vuelve a tener la velocidad y potencia que necesita su equipo.

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