Me ha sorprendido Monchi, y para bien. Cuando era sencillo volver a vivir de las rentas, cuando hasta al más crítico lo tenía en el bolsillo, el director deportivo del Sevilla se ha metido la presión que necesita él y el club para seguir rindiendo por encima del presupuesto. Nadie le va a exigir que gane ni un título ni siete, como es el caso, pero esa cultura ganadora a la que tanto ha aportado él, debe alimentarse cada minuto, sin descanso, sin desmayo, aunque no se termine ganando. Porque el Sevilla se ha metido en un nivel de club que no se puede ni se debe permitir caídas sonadas. Monchi no ha esperado a que se lo pidan. El, en primera persona, sin Del Nido empujando, ha querido hablar de ambición, de seguir apretando para no bajarse de esta ola. Monchi ha hablado de inercia, y acierta. Ser tricampeón es muy grande y obliga a seguir siendo grande. Monchi lo ha entendido perfectamente. De inglés no ha aprendido una papa, como demostró en la tele del Sevilla, pero se ve que ha tenido tiempo en Londres para pensar y mostrarse más humilde, él, pero más ambicioso, como representante del Sevilla.
Antes le costaba reconocer los errores cuando eran evidentes, pero ahora, que se podría tapar, los desnuda hasta con la tercera Copa en la sala de trofeos. Habla de reforzar todas las líneas, de ser fríos porque pese a los triunfos hay cosas que mejorar y no se pone límites, aunque evidentemente los haya. Luego acertará o no, pero Monchi vuelve a ser Monchi, o al menos muy parecido.
Me ha sorprendido Monchi, y para bien. Cuando era sencillo volver a vivir de las rentas, cuando hasta al más crítico lo tenía en el bolsillo, el director deportivo del Sevilla se ha metido la presión que necesita él y el club para seguir rindiendo por encima del presupuesto. Nadie le va a exigir que gane ni un título ni siete, como es el caso, pero esa cultura ganadora a la que tanto ha aportado él, debe alimentarse cada minuto, sin descanso, sin desmayo, aunque no se termine ganando. Porque el Sevilla se ha metido en un nivel de club que no se puede ni se debe permitir caídas sonadas. Monchi no ha esperado a que se lo pidan. El, en primera persona, sin Del Nido empujando, ha querido hablar de ambición, de seguir apretando para no bajarse de esta ola. Monchi ha hablado de inercia, y acierta. Ser tricampeón es muy grande y obliga a seguir siendo grande. Monchi lo ha entendido perfectamente. De inglés no ha aprendido una papa, como demostró en la tele del Sevilla, pero se ve que ha tenido tiempo en Londres para pensar y mostrarse más humilde, él, pero más ambicioso, como representante del Sevilla.
Antes le costaba reconocer los errores cuando eran evidentes, pero ahora, que se podría tapar, los desnuda hasta con la tercera Copa en la sala de trofeos. Habla de reforzar todas las líneas, de ser fríos porque pese a los triunfos hay cosas que mejorar y no se pone límites, aunque evidentemente los haya. Luego acertará o no, pero Monchi vuelve a ser Monchi, o al menos muy parecido.