Sevilla FC

La Liga depreciada

JORNADA A JORNADA

  • Carmona-Girona

Arquitectónicamente, si uno la contempla, la columna clasificatoria de la Liga es como la del estilo corintio que nos explicaron en Historia del Arte en la noche de los tiempos. A decir verdad, es mitad estilo corintio por arriba y mitad estilo jónico o incluso dórico, el más sobrio de los tres, de la parte media a la baja.

Veamos, todo es ponerse. Entre el Barcelona y el Betis, del primero hasta el quinto clasificado, luce la columna de la Liga con su lustroso capitel corintio de hojas de acanto, con sus típicas y agradecidas volutas y espirales. Entre el Espanyol y Osasuna, del sexto al noveno, se halla la parte aún superior, donde el ábaco con su equino y su collarino alrededor. Pero entre el décimo puesto (Athletic Club) y el último (Oviedo), lo que vemos es una adusta columna más dórica que jónica que baja hasta el suelo sin concesiones ni florituras.

No piense usted tanto en el Partenón como en los templos de Zeus Olímpico y el de Poseidón en el cabo Sunión y podrá pintarrajearlo sin dolor de conciencia con los colores de los veinte equipos según los tramos de la columna griega. No pasa nada por hacer un poco el gamberro de forma fantasiosa. Así se distraerá por un momento y olvidará tal vez su último berrinche. Sobre todo, si su equipo figura en ese amplio tramo medio formado por la columna que separa el décimo clasificado, el citado Athletic, con el Rayo, el decimoctavo que marca el descenso. Del uno al otro sólo hay seis puntos de diferencia (el Rayo tiene incluso un partido menos, junto con el Levante, por el aplazamiento de su encuentro debido al estado lastimoso que presenta la huerta de Vallecas).

Esto, digamos, por la parte arquitectónica de la Liga. Porque si es por la parte económica y social, con su otra lectura paralela, lo que va del Athletic Club al menesteroso Oviedo, lo consideraríamos como la zona de las clases medias empobrecidas de forma calamitosa en los últimos años. Dando por bueno que Rayo, Levante y Oviedo son ahora pura clase baja o 'working class', el resto sería clase media con matices y media-alta venida a menos.

Valencia y Sevilla (equipos siameses en la irritación y el desvarío en los últimos años), son el deslustrado ejemplo de la depauperación que ha sufrido la clase media-alta del fútbol español. Quiere decirse esa otra burguesía respondona que, deméritos aparte, se ha quedado sin derecho a canapé en los finos saraos de la élite. De ahí, en fin, la decadencia de la Liga que promueve el tebano Javier Tebas. El austericidio financiero que ha aplicado a la competición ha convertido a Angela Merkel en el recuerdo de una manirrota sin cabeza. Una cosa es vigilar porque no haya dislates presupuestarios en los clubes, y otra cosa distinta es dejarlos desangrar con lentitud y dolor de la peor manera, como si de un tiro en la barriga se tratara. Y eso que tanto Sevilla como Valencia ya saben lo que es pegarse un tiro por ellos mismos.

Arquitectónicamente, si uno la contempla, la columna clasificatoria de la Liga es como la del estilo corintio que nos explicaron en Historia del Arte en la noche de los tiempos. A decir verdad, es mitad estilo corintio por arriba y mitad estilo jónico o incluso dórico, el más sobrio de los tres, de la parte media a la baja.

Veamos, todo es ponerse. Entre el Barcelona y el Betis, del primero hasta el quinto clasificado, luce la columna de la Liga con su lustroso capitel corintio de hojas de acanto, con sus típicas y agradecidas volutas y espirales. Entre el Espanyol y Osasuna, del sexto al noveno, se halla la parte aún superior, donde el ábaco con su equino y su collarino alrededor. Pero entre el décimo puesto (Athletic Club) y el último (Oviedo), lo que vemos es una adusta columna más dórica que jónica que baja hasta el suelo sin concesiones ni florituras.

No piense usted tanto en el Partenón como en los templos de Zeus Olímpico y el de Poseidón en el cabo Sunión y podrá pintarrajearlo sin dolor de conciencia con los colores de los veinte equipos según los tramos de la columna griega. No pasa nada por hacer un poco el gamberro de forma fantasiosa. Así se distraerá por un momento y olvidará tal vez su último berrinche. Sobre todo, si su equipo figura en ese amplio tramo medio formado por la columna que separa el décimo clasificado, el citado Athletic, con el Rayo, el decimoctavo que marca el descenso. Del uno al otro sólo hay seis puntos de diferencia (el Rayo tiene incluso un partido menos, junto con el Levante, por el aplazamiento de su encuentro debido al estado lastimoso que presenta la huerta de Vallecas).

Esto, digamos, por la parte arquitectónica de la Liga. Porque si es por la parte económica y social, con su otra lectura paralela, lo que va del Athletic Club al menesteroso Oviedo, lo consideraríamos como la zona de las clases medias empobrecidas de forma calamitosa en los últimos años. Dando por bueno que Rayo, Levante y Oviedo son ahora pura clase baja o 'working class', el resto sería clase media con matices y media-alta venida a menos.

Valencia y Sevilla (equipos siameses en la irritación y el desvarío en los últimos años), son el deslustrado ejemplo de la depauperación que ha sufrido la clase media-alta del fútbol español. Quiere decirse esa otra burguesía respondona que, deméritos aparte, se ha quedado sin derecho a canapé en los finos saraos de la élite. De ahí, en fin, la decadencia de la Liga que promueve el tebano Javier Tebas. El austericidio financiero que ha aplicado a la competición ha convertido a Angela Merkel en el recuerdo de una manirrota sin cabeza. Una cosa es vigilar porque no haya dislates presupuestarios en los clubes, y otra cosa distinta es dejarlos desangrar con lentitud y dolor de la peor manera, como si de un tiro en la barriga se tratara. Y eso que tanto Sevilla como Valencia ya saben lo que es pegarse un tiro por ellos mismos.

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