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REAL MADRID (67): Prigioni (4), Llull (12), Velickovic (12), Reyes (8), Tomic (2) -quinteto inicial-, Bullock (6), Lavrinovic (9), Jaric (0) y Garbajosa (14). CAJASOL (60): Calloway (8), Ellis (17), Kirksay (2), Savanovic (15), Triguero (4) -quinteto inicial-, Miso (6), Xavi Rey (0), Radenovic (2), Satoransky (2), Cabanas (0), Sastre (0) y Douglas (4). Árbitros: Amorós, García González y Bultó. Sin eliminados. Se ha insistido mucho, con razón, en la loa a la defensa del Cajasol; que volvió a funcionar en el tercer partido de este playoff de cuartos pero a la que le faltó el condimento indispensable, la sal sin la que ningún alimento tiene sabor: el rebote defensivo. El trabajo de Tomic, Reyes y Lavrinovic en la zona cajista le proporcionó al Real Madrid un montón de posesiones extra. Por ahí minó el equipo de Messina la resistencia sevillana, que apenas fue creíble durante los primeros ocho minutos. A decir verdad, la eliminatoria se fue en el horrendo primer cuarto de San Pablo, dicho sea sin que suene a reproche, sino a reconocimiento de lo complicada que era la misión que había traído a los de Plaza a Madrid por segunda vez en cuatro días. La guerra de guerrillas planteada por el técnico catalán podía hostigar a un enemigo tan poderoso durante un tiempo pero a la larga, estaba condenada a la derrota. La sabiduría de Prigioni, la velocidad de Llull y la mano de Bullock dominaban fuera de la zona; los centímetros y ese plus anotador que responde por Jorge Garbajosa lo hacían dentro. El 0-12 se inicio en la segunda parte, que empató el marcador a 41, fue más fruto de las lagunas a las que son proclives los madridistas que de otra cosa. En esa situación, con un par de balones para ponerse por delante, el Cajasol sintió vértigo. Sólo Ellis, auténticamente on fire, la metía con regularidad. Un par de posesiones mal negociadas por Kirksay y Calloway le devolvieron a los locales un margen confortable que administraron con veteranía. Los sevillanos hicieron más de lo que se puede hacer con este plantel admirable: sexto en la liga regular y un playoff al límite contra la constelación estrellas de Florentino. Haría falta más pasta.
Lucas Haurie |