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VÍCTORFERNÁNDEZ
Me levanto y me voy

Es el mensaje, estúpido

01/02/2019 · Víctor Fernández

(Por favor, ruego que se abstengan de leer este artículo todos aquellos incapacitados para entender un texto. Vaya a ser que algún idiota piense que le llamo estúpido a alguien…)

Durante el proceso electoral de Bill Clinton en 1992, su estratega James Carville ideó una campaña que revolucionó el marketing político. George H. W. Bush partía con una ventaja sideral de casi un 80% gracias a su política internacional. Sin embargo, la economía atravesaba un momento delicado y Carville lanzó su torpedo aprovechando esta grieta. En el búnker de Clinton, había tres frases colgadas en el tablón como ideario: "Cambio o más de lo mismo", "La economía, estúpido" y "No te olvides del sistema de salud". La segunda llevó a Clinton a la presidencia, que machacó con la recesión económica a su rival. Más tarde, esa frase empezó a escribirse con un "es" por delante y a utilizarse con otras fórmulas para destacar lo esencial de un asunto, No es Amadou, no es la alineación errónea del entrenador, no es la actitud en el Camp Nou, no es Messi… "Es el mensaje, estúpido".

Lo que se ha torcido en el Sevilla es el mensaje. Desde el pasado verano, el mensaje ambicioso ha ido descendiendo sibilinamente. Hay decenas de ejemplos que así lo demuestran. Ninguno de ellos habrá ocupado un titular, pero el subconsciente se ha cargado de ellos. Ya no hay crisis tras una derrota. Las goleadas se aceptan con naturalidad. Se reaviva una rivalidad enterrada hacía tiempo con el Betis. Cánticos acerca de una cantera que camina en la sombra. Todo se justifica ahora por la dificultad de la competición. No sé por qué motivos, el Sevilla ha autogenerado un sentimiento de necesidad que no existe. Caparrós y Machín no han venido a salvar nada, su misión es continuar agrandando la sala de trofeos. Desde hace un tiempo, el club asume la derrota y un papel secundario. Sin duda, se vive más cómodo así. Sin duda, vender la milonga del cuarto puesto es menos arriesgado que pelear salvajemente en las eliminatorias. Claro que el error está permitido y que el tropiezo copero no es mortal, pero asusta la naturalidad con la que se aceptan jugadores de segunda fila, el paseíto que dio el equipo por Tánger, la humillación perpetrada en el derbi, el ridículo del Bernabéu y los experimentos con gaseosa y Juan Soriano en el Camp Nou… La base del problema no es la derrota: "Es el mensaje, estúpido".

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