María Torres, del fracaso a la gloria en seis meses

Redacción
26/11/2021

La karateca campeona del mundo de kumite, María Torres, cuenta las claves del oro logrado en Dubái, su rutina, la figura de su padre y su psicóloga, la vocación de ser profesora y su capacidad para resurgir: “2021 ha sido el peor y el mejor año de mi vida”.

La karateca malagueña vive todavía un sueño, aún “en estado de shock” cada vez que lee que es campeona del Mundo de kárate en la modalidad de kumite +68 kilos, un logro que jamás se dio en categoría absoluta en el deporte español.

A sus 24 años ya es una pionera y uno de los tres pilares del deporte nipón a escala nacional, con permiso de los medallistas olímpicos Sandra Sánchez y Damián Quintero.

La deportista aterrizó el lunes en la estación de trenes de Málaga y allí le esperaban más de 200 personas, entre ellos familia, amigos, pareja, alumnos de su escuela y aficionados. Después de coronarse en el Campeonato del mundo de kárate celebrado en Dubái, “no esperaba tal recibimiento” ni todo lo que le vino, le viene y le vendrá después, cuenta emocionada en una conversación con Efe.

Infinidad de felicitaciones, como las de su Málaga Club de Fútbol o los Reyes de España, las que más le sorprendieron; el recibimiento en el Ayuntamiento de Málaga y homenajes como el que la Federación Andaluza de Kárate le hará el próximo fin de semana en el polideportivo de Ciudad Jardín junto a Damián Quintero. Son días de estar en el foco, de no parar, pero “los vive y disfruta al máximo”.

El momento álgido de su carrera llegó el pasado fin de semana, cuando ganó la medalla de oro por un ajustado 5-4 en una final “muy emocionante” ante la egipcia Menna Shaaban Okila. “La clave ha sido la confianza en mí misma”, explica Torres, que llegó a la cita tras meses de buena preparación. Esa medalla no se entiende sin todo lo que hay detrás.

María Torres lleva desde los tres años subida al tatami. Su padre, Gregorio Torres, entrenador de kárate y cinco veces campeón de Europa, es la base de su éxito: “El oro es más de él que mío, para mí lo es todo, sabe cómo motivarme”, asegura.

Su referente, su maestro y su apoyo cuando las cosas no salen bien. ¿Su mejor consejo? “Él siempre me ha intentado inculcar que disfrute, que esto lo hago para disfrutar”.

Subir a lo más alto del podio en Dubái ha sido el premio a la constancia: tres horas diarias de entrenamiento, una cuidada nutrición, trabajo técnico y varias veces a la semana una preparación específica en ‘scouting’ a las rivales, para estudiar sus tácticas. “Levantarme, ir a entrenar, comer, ir a trabajar y volver a entrenar”, resume. No se olvida del trabajo con su psicóloga, que considera algo crucial.

“Con mi psicóloga deportiva hablo más de la vida cotidiana que de lo deportivo”, consciente de que, en el deporte de élite como en la vida, “todo afecta”. “Me ayuda en los momentos de bajón, me da tips para cuando me entran dudas”, cuenta sobre su psicóloga, con la que trabaja cada semana. En momentos de presión o dudas sobre sus capacidades, encontró salida gracias a cuidar su mente.

El kumite es una modalidad del kárate que se basa en el combate con técnicas controladas, donde solo se puede golpear controlado en la cabeza y en el cuerpo de manera más contundente. Son tres minutos a tiempo parado -el árbitro puede parar el combate cuando lo crea conveniente- y, quien tenga más puntos, gana. Parece sencillo, pero el trabajo de meses puede esfumarse al mínimo error en el tatami.

Esa necesidad de rozar la perfección técnica y mantener la concentración la sabe bien María, que vivió el momento más triste de su carrera en junio de este año. Se quedó sin ir a los Juegos Olímpicos de Tokio, un sueño incumplido por perder en el preolímpico un combate en el último segundo después de ir 2-0 ganando.

Tras aquel golpe de realidad y conocer la intención de la organización de las próximas olimpiadas de borrar al kárate como deporte olímpico, se centró en un Campeonato del Mundo que acabó ganando. De ese contraste saca una lección: “Muchas veces luchas y no lo consigues. Quería ir a los Juegos, entrené al máximo y no lo logré. Pero seguí luchando y ahora otro sueño se ha hecho realidad”. Lo dice sin dudarlo: “el 2021 ha sido el peor y el mejor año de mi vida”.

Tras el baño en oro, María Torres seguirá dando clases de su deporte, algo que hace desde que tiene 18 años, mientras da actividades deportivas en el colegio El Atabal. Su vocación es ser docente, “profesora de educación física”, porque adora el deporte y a los niños.

No vive del kárate de élite, vive con sus padres y “si tuviera que independizarse, la cosa se complicaría”. Karatecas como ella necesitan de muchos patrocinios y no tienen sueldo fijo, debilidades de un deporte minoritario. “Tengo ayudas, pero no las necesarias”, cuenta cuando se le pregunta si es posible ganarse la vida en su deporte.

Después de tocar el cielo, María Torres seguirá siendo esa chica de 24 años con una vida normal, dedicada al deporte, a la docencia y sin ningún atisbo de conformismo. ¿Y ahora, qué? “A seguir ganando más campeonatos”, responde a quemarropa, “esto solo es el principio”.

 

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