¿Me compra usted un equipo?

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José Melero Lopera
11/10/2021

Con la constitución de la Federación Regional Sur en 1915 y el posterior nacimiento del Campeonato de Andalucía, comenzaba un marco superior al local, con el que desarrollar el fútbol en todo su esplendor. A nuestros dos primeros clubes, se le sumó un tercer equipo, que supo ganarse el respeto de cronistas y aficionados. Su vida fue corta, pero intensa. Su nombre, Nacional FC y fue un equipo que en vida supo darle carácter al futbol sevillano.

Fue durante unos años el tercero en discordia. Entre lo afiligranado del juego sevillista  y el aguerrido estilo bético existió un punto intermedio, representado en este humilde equipo del barrio de Nervión. Cuando la emblemática y futbolera barriada y alrededores, era una zona obrera y no lo distinguida que es hoy en día. Algo que le marcó el carácter.

Cuando el Nacional FC echó a andar sobre 1919 tuvo unos inicios duros, como todos los inicios, sin campo propio, dando tumbos de un lado para otro, de prestado, porque cuando disputaba sus partidos de local tenía que jugar en la casa del Sevilla FC, en la avenida Reina Victoria, o en el Patronato Obrero, campo bético, en lo que actualmente es el barrio del Porvenir.

Había formado un buen equipo a base de reclutar jugadores de los más modestos equipos sevillanos. Una derrota por la mínima en Huelva frente al Recreativo, una victoria en la Tacita de Plata con el Español de Cádiz, así como unos más que aceptables partidos amistosos frente a Sevilla y Betis, hicieron plantearse a la Federación si era conveniente o no que este notable equipo de la segunda categoría ingresara en el máximo campeonato andaluz, como muchos pedían.

Para ello se le exigió que pasara una prueba, una serie de partidos frente a Sevilla, Betis y Recreativo de Huelva, de los que salió airoso. Y para la temporada 1920/1921 ya estaba compitiendo con los más grandes equipos andaluces, eso sí, previo pago de 500 pesetas a la Federación como peaje para poder transitar por la máxima categoría.

La primera temporada en la élite del fútbol andaluz no pudo ser más desastrosa: el Betis, el mismo que le cedía su casa cuando militaba en una categoría inferior, se negó a cederle su campo del Patronato y tuvo que abandonar la competición al carecer de campo propio.

Finalmente se lanzó a construir un campo nuevo. Seguramente algunos mecenas aportaron lo necesario para ello. Lo hizo como hemos comentado en el barrio de Nervión, justo al final de la calle Marqués de Nervión. La prensa anunciaba que había muy buena comunicación, con varios tranvías que te dejaban a la puerta del campo.

El día de su inauguración, a finales de abril de 1922, en un partido frente al Sevilla FC (2-3), había en el barrio una gran animación y los vecinos preparaban una sorpresa para amenizar un programa, ya de por sí bastante bueno El esfuerzo tenaz y entusiasta de sus socios y el empeño de su presidente, Rafael Peña, alma mater del club, habían dado sus frutos y el equipo nacionalista había dejado de ser un equipo "errante", para tener a partir de ahora casa propia. Para redondear la fiesta, se estrenaba equipación, con una camiseta blanca y calzonas azules, los colores del club. Incluso seis meses después de la inauguración, se acometieron unas reformas en el campo. Todo parecía sonreírle al equipo blanquiazul.

Pero las cosas empezaron a torcerse. El equipo, que era un semillero para los otros clubes, empezó a devaluarse y a perder calidad. El profesionalismo marrón o profesionalismo encubierto hizo mella en el club. Sufría goleadas que retraían a sus aficionados a acudir al campo y el dinero recaudado por la venta de entradas era cada vez más raquítico. Para colmo, llegaron sanciones económicas por parte de la Federación, que castigaron aún más a las arcas de la entidad.

Los partidos amistosos disputados no recaudaban lo suficiente e incluso la prensa hablaba de una posible venta de una plantilla al completo a otro club, refiriéndose seguramente al Nacional FC, "¿Me compra usted un equipo"?  tituló un periódico. La realidad es que solo eran rumores, chismes, a pesar que ese mismo periódico publicó el supuesto precio por el que se compraba a la plantilla: 1.350 pesetas.

Pero la realidad incontestable es que la situación era dramática. Por diferentes motivos desertaba de los campeonatos de Andalucía y su presidente, Rafael Peña, desapareció del mapa para ser sustituido en julio de 1924 por Carmelo Navarro, una especie de salvavidas que ya se había encargado de resucitar al Betis en 1920, cuando era capitán del equipo bético y los verdiblancos estaban al borde de la disolución.

La colaboración tanto de Sevilla como de Betis no se hizo esperar, ofreciéndose ambos clubes a jugar algún que otro partido amistoso con los nacionalistas, que a su vez cedió gentilmente su campo de Nervión a los dos principales clubes sevillanos, cuyos estadios se estaban remodelando. Ya ven, cedió su campo cuando lo necesitaba al mismo equipo que le negó el suyo unos años antes y le forzó a no participar en el campeonato andaluz.

La temporada 1924/1925 desciende de categoría siendo sustituido por el Málaga FC, campeón del grupo B. En junio de 1926 celebra asamblea general en la que vuelve a ser elegido Carmelo Navarro en la presidencia y en la que se incorporan un buen número de sevillistas y béticos en calidad de vicepresidentes, vocales y presidentes honorarios. Hombres como el ex presidente bético Gil Gómez Bajuelo en la vicepresidencia o el también bético Antonio Pol Roma como presidente honorario, junto con los sevillistas Pablo Armero Castrillo, Enrique Balbontín Orta, Manuel Blasco Garzón o el periodista Antonio Cantos López. Que el enfermo se estaba muriendo, pero no se le iba a dejar morir solo.

Después de esa asamblea, en la que se disponía a realizar obras de ampliación en su campo, no se tuvo más noticias del equipo nacionalista, no participó en ningún campeonato y expiró definitivamente como entidad deportiva. Se iba un club popular, de barrio y que significó en su momento un salto adelante para el fútbol sevillano, convirtiéndose como ya hemos resaltado en el tercer club en importancia de la ciudad. Por el camino, una gran cantidad de jugadores que militaron en el club blanquiazul, de los cuales muchos dieron el salto a otros clubes, mil batallas asamblearias en la Federación Andaluza y partidos cargados de incidentes que le dieron al fútbol sevillano y andaluz más intensidad de la que ya tenía un ardoroso campeonato como el andaluz.

Sevilla y Betis afrontaron mal que bien el tema del profesionalismo. El Nacional, no. Eso fue posiblemente lo que se lo llevó por delante, a pesar de la fuerza con la que comenzó su andadura y que presagiaba un destino más esperanzador.

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