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40 años atrás, el Mundial de Helsinki-83 coronó a Carl Lewis, El Hijo del Viento

Alejandro Delmás
Alejandro Delmás
26/08/2023

Cuando ya se extingue en el National Athletics Centre de Budapest el XVIII Campeonato Mundial de Atletismo de la Federación Internacional (hoy autodenominada 'World Athletics'), no cabe apuntar al nivel general como 'excelso', ni muchísimo menos. Diga lo que diga Carl Lewis, y que ahora veremos, existen una serie de récords mundiales prácticamente inatacables (100, 200 y 400 metros lisos en hombres y mujeres; 800 metros femeninos, los saltos de altura y longitud en hombres y mujeres, los relevos 4x100 masculino y 4x400 masculino y femenino, la inmensa mayoría de lanzamientos en ambos sexos (quitando el peso masculino o la jabalina femenina, no mucho más)... vamos hablando de plusmarcas con 30 o más años de antigüedad, incluso 40... como el formidable récord de Jarmila Kratochvílova en 800 metros, mujeres (1:53.28) o los 38 años que va a cumplir como deslumbrante plusmarca los 47.60 de la gran valquiria Marita Koch en 400 lisos. Pero siempre nos queda algún rayo de luz que nos ilumina ciertos territorios ya prácticamente ignotos...

Entre el 7 y el 14 de agosto de 1983, en el ancestral Estadio Olímpico de Helsinki (el estadio 'de' Paavo Nurmi y 'los finlandeses voladores') estalló el I Campeonato Mundial de Atletismo de la Federación Internacional, IAAF, 'World Athletics'. Con 1.333 representantes de 153 países, el primer Mundial IAAF sólo testificó dos récords del mundo, ambos el 10 de agosto de 1983: los 47.99 de la imponente Kratochvílova en 400 metros, única mujer que iba a bajar de 48.00 en la vuelta a la pista hasta el estampido de Koch en octubre de 1985, en Canberra... y los 37.86 que le dieron el oro al relevo 4x100 de Estados Unidos: Emmit King, Willie Gault, Calvin Smith y, en la posta final, un joven superclase de Birmingham, Alabama: Frederick Carlton Lewis, 'Carl Lewis': 1.7.1961, 188 centímetros de altura. 

En esos mismos Mundiales, Lewis, al que ya se le conocía a su llegada a Helsinki como 'El Hijo del Viento', empezó a recibir otro apodo: 'King Carl', 'Rey Carl'. Fue tras coronarse en la recta de 100 metros con su primer gran título (10.07), más el oro citado en 4x100 y en el salto de longitud, que Lewis dominó con un planeo de 8,55 metros por delante de su compatriota Jason Grimes (8,29). Básicamente, estábamos ante lo que se llamaba 'Fastest Man in the World', 'El Hombre más rápido del mundo', 'El Hijo del Viento', un fenomenal, maravilloso relámpago anticipado casi en tres décadas a Usain Bolt... que al final quizá no cumpliera todas las expectativas que se habían depositado en su fabulosa clase. 'Quizá'...

Porque Carl Lewis se despediría oficialmente de las pistas en 1997, tras sellar su noveno oro olímpico en el salto de longitud de los Juegos de Atlanta, con 8,50 metros. Este oro de 1996 y su 'Last Victory Lap', última vuelta victoriosa, en el Estadio Olímpico del Centenario, en Fulton, Atlanta, sitúan a Lewis en la segunda plaza de los atletas con más medallas de oro olímpicas en todos los tiempos, empatado con el gran fondista finlandés Paavo Nurmi, la gimnasta soviética Larissa Latynina y con el nadador estadounidense Mark Spitz. Todos ellos, por detrás del gran acaparador, Michael Phelps: 23 medallas de oro olímpicas, 28 en total. 

De Lewis hay que decir que el boicoteo de EE UU a los Juegos 'soviéticos' de 1980, en Moscú, seguramente le privó de algún podio añadido, al margen de su cosecha total de diez medallas olímpicas. Pudo ser en 100 metros (Lewis marcaba 10.21 en 1980; aunque no se clasificara en los 'trials', el oro se ganó en Moscú con 10.25... o en longitud, donde en 1979, Lewis ya era quinto del mundo, y en 1981, se plantaba en 8,62 metros, cuando en Moscú se ganó con 8,54; además, el 4x100). 

En Mundiales de Atletismo, de 1983 a 1995, Carl Lewis se 'detuvo' también en marca de diez medallas, incluidas ocho de oro... que le superaría un tal Usain Bolt: 14 medallas, con 11 de oro. También es el tercer atleta de todos los tiempos, con el navegante danés Paul Elvstram y el discóbolo estadounidense Al Oerter, que ha sido campeón olímpico en cuatro Juegos.

Además, y entre 1987 y 1991, Carl Lewis estampa su firma tres veces en la progresión oficial del récord mundial de 100 metros (9.93, 9.92, 9.86). Pero no pudo hacer lo mismo con la plusmarca de 200 (aunque ya en 1983 manejaba unos sensacionales 19.75 que no repetiría, con 19.79 como más cerca)... ni tampoco con su sueño dorado del asalto al fantástico récord de longitud de Bob Beamon, los 8.90 que sí sobrepasó Mike Powell (8,95) en aquel estratosférico concurso del Mundial de Tokio-1991... del que volveremos a hablar.

JESSE OWENS.- La comparación que a todo el mundo se le ocurría cuando veía actuar a Carl Lewis era instantánea: Jesse Owens, 'El Antílope de Ébano', el superclase dominador de los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, ante Adolf Hitler, en 100, 200 metros, longitud y 4x100. "Mi abuela siempre me dijo que el mejor atleta que había visto en todos los tiempos era Jesse Owens y que si quería parecerme a alguien, tendría que ser a él. Pero Lewis es el único que yo he visto parecerse a Owens de verdad... aunque no sé si me gustaría parecerme a él". 

Estas palabras, llenas de retranca, pertenecen a otro semidiós del atletismo: Michael Johnson, también campeón mundial y olímpico en 200, 400 metros y relevos 4x400... aunque menos elegante y 'llamativo' que Carl Lewis. Hacia el final del Siglo XX explotaban episodios de celos de parte de un Lewis crepuscular hacia el más emergente, explosivo Johnson. 

De todos modos, por su propio talante, su orgullo de 'primadonna' y por ciertas historias relacionadas con el dopaje... Carl Lewis nunca conectó definitivamente con el gran público y el gran mercado estadounidense. Hubo 'algo' que lo impidió, como un filtro amargo o una mampara difuminadora.

El aquí firmante siguió directamente la maravillosa, casi alada estela de Carl Lewis durante su gran duelo con su archirrival Ben Johnson en Sevilla, en 1987 y en la desaparecida pista de Chapina... y también, en su gran despedida, la 'Last Victory Lap' en los Juegos Olímpicos de 1996, en Atlanta, donde nos reunimos -gracias a los buenos oficios de Jeff Marx- con el fin de una entrevista exclusiva para 'El Mundo del Siglo XXI' cuya foto de presentación adjuntamos y cuyos párrafos más interesantes extractaremos ahora. 

La última vez que nos encontramos fue en los Mundiales de Osaka, en 2007. Entre Atlanta y Osaka, 1996 y 2007, 'King Carl' rubricó fotografías y dedicatorias personales para quien aquí firma, testimonios... que se perdieron en uno de tantos viajes por los aeropuertos estadounidense; quizá... en el aeropuerto de Atlanta-Hartsfield. Nos vamos a ir a algunos momentos específicos de la trayectoria de 'El Hijo del Viento'...

CHAPINA/1987.- Los ardientes días 26 y 27 de mayo de 1987, el herrumbroso cuartito de pesas de la ya desaparecida pista sevillana de Chapina temblaba en sacudidas metálicas ('claang, cloonk'...), como aplicadas por puñetazos de un 'Terminator' o como asumiendo los impactos de las orugas de un carro de combate. 

Esos días ardientes, y en ese hirviente cuartito 'chapinero', hoy tan sepultado bajo las presurosas aguas inmediatas al Puente del Cachorro... el supervelocista canadiense (nacido en Falmouth, Jamaica el 30.12.1961) 'Big Ben' Johnson hacía 'press de banca' o pectorales -"fácilmente", recordaría Ben unos años después: y era verdad-... con 150 kilogramos, casi el doble de su peso corporal: 79 kilos, para 1,77 de altura. 'Big Ben Johnson' podía competir de sobra con otro coloso que le aventajaba en cerca de 20 centímetros de altura: Bosco Abascal Romero-Toro, el gran mito del rugby sevillano y español.

En su habitación del Hotel Pasarela, un alegre, colosal Johnson recibía a los periodistas de la época... en 'braslip', sonriente en su lenguaje medio trastabillado, y sin nada más encima que esas braguitas: exactamente igual que su pareja de entonces, la también velocista canadiense-jamaicana Angella Taylor-Issajenko, a la que entrenaba el mismo 'coach' de Johnson: Charlie Francis. 

En efecto y en Chapina, el jueves 28 de mayo de 1987, a las pocas horas de esas escenas trepidantes de las pesas, Johnson, un bólido humano, iba a batir en 100 metros por la calle 'cinco' y por una centésima al brillante, celestial Carl Lewis, 'El Hijo del Viento': 10.06-10.07. El gastado tartán de la calle 'cinco' de la vieja, gastada pista chapinera, que enfilaba su último año de vida, apareció después tan desgarrado como si por allí hubiera pasado un tigre de Bengala, en zarpazos de furia. O, para el caso, un depredador de las junglas de Jamaica. 

En el primer Mundial de Helsinki, en 1983 (en 2005, el Mundial de Atletismo regresaría a la capital de Finlandia), Johnson había finalizado sexto en 100 metros, con 10.44 (Lewis, oro; 10.22), pero un año después, en los Juegos de Los Ángeles, el efervescente 'Big Ben' ya había atrapado el bronce, con 10.22, tres centésimas más que el estadounidense Sam Graddy, plata. El oro había sido -naturalmente- para Carl Lewis: 9.99.

En aquella derrota, de rivalidad agónica, sobre el machacadísimo, casi destrozado tartán de Chapina un Lewis, ya consolidado como gran estrella, reclamó la 'foto finish a los jueces', con el firmante como traductor de ocasión: tras persecución de vísperas desde el aeropuerto. Lewis insistía en que, viniendo de atrás, su cabeza había traspasado la meta antes que cualquier elemento del cuerpo de Johnson: quien se ralentizaba justo al cruzar la meta. 

La 'foto final' mostró que no fue así: Johnson había ganado por una sola centésima. Por aquella carrera, Lewis, un 'Hijo del Viento' que no paró de reclamar, cobró 25.000 dólares. Johnson, 20.000. Tres meses después, en el Campeonato Mundial de Roma, Johnson volvió a imponer su asombrosa salida en 'plongeon', como el que se tira a una piscina en plancha. 

En el Mundial de Roma, Ben destrozó a Lewis y arrasó en la final del hectómetro. Firmó un nuevo récord planetario: 9.83, por 9.93 de Lewis, al que de nada sirvió igualar la anterior plusmarca mundial. Humillado en el Estadio Olímpico de Roma, el orgulloso superclase Carl Lewis ya no se calló: "Aquí hay algunos tipos que se dopan y todo el mundo lo sabe". Esos 9.83 de Roma... ya se han borrado del ranking, por el posterior dopaje de Ben.

ENTRE ZÚRICH Y SEÚL.- Entre una expectación jamás repetida en el atletismo, los Juegos Olímpicos de Seúl venían un año después de aquello de Chapina y Roma. A 'doble o nada', una empresa estadounidense de derechos de imagen, 'Heritage Sports', adquirió y negoció los derechos de los dos archirrivales, que se repartieron equitativamente 500.000 dólares en la carrera de 100 metros de la Weltklasse de Zúrich, en 1988. Fue el 17 de agosto de ese mismo año olímpico: ganó Lewis con 9.93. Calvin Smith fue segundo en 9.97... y Johnson, recién cicatrizada una lesión fibrilar en los potentísimos isquiotibiales entró tercero, frenando y desacelerando (10:00) tras la autoritaria demostración de 'King Carl'.

Esta fue la misma tarde helvética en la que el aire de Zúrich traía perfume a lavanda... y a récord mundial: los fabulosos 43.29 del sedoso Harry 'Butch' Reynolds en 400 lisos, que mejoraban de largo la plusmarca de dos décadas de Lee Evans (un ideólogo del 'Black Power') en los Juegos Olímpicos mexicanos de 1968: fue 43.86 para Evans, justo casi al mismo momento en que en la misma tarde mexicana, caliginosa y tropical... Bob Beamon iba a 'despegar' en un planeo sobrenatural de 8,90 metros en longitud. El 16 de julio de aquel 1988, Lewis había marcado 9.78 en 100 metros en los 'trials' estadounidenses preolímpicos, en Indianapolis: pero con unos escandalosos 5,2 metros de viento a favor. 

En esa misma delirante jornada de Indianapolis, 'FloJo', Florence Griffith-Joyner (fallecida... en pleno sueño, en 1998) voló, a risa abierta, con excéntricos 'maillots' -multicolores y asimétricos- de 'lycra' hasta un alucinante, sospechoso y brutal récord de 10.49 en 100 metros, la 'replicante predilecta' del espectral Bob Kersee. Hoy, la Federación Internacional de Atletismo, IAAF, mantiene ese récord de 'FloJo'... aunque con un asterisco. El asterisco: probable disfunción del anemómetro en la medición del viento a favor. Mientras, Ben Johnson se marchó a la isla caribeña de St. Kitts a curarse aquella pequeña lesión de Zúrich, bajo control de su médico, el canadiense Jamie Astaphan, entre inyecciones de 'Winstrol', el anabolizante con estanozolol. Y claro...

El domingo 24 de septiembre de 1988, en la final olímpica de 100 metros lisos, un colosal rayo vengativo azotó la pista del Estadio Olímpico de Seúl: a velocidad salvaje. Tras reaccionar al tiro en 132 milésimas de segundo, el 'canadiense' Johnson pasó los 50 metros en 5.52, a 48 km/h (Lewis, 5.65): y cruzó la meta, tras 47 feroces zancadas (dos décadas después, a Usain Bolt y su 1,95 de altura le bastarían 41 zancadas), en unos siderales/criminales 9.79, tras relajarse en los últimos diez metros y alzar el dedo ante un mundo atónito. 

Segundo en 9,92 (récord de América y posterior récord del mundo tras la descalificación de 'Big Ben'), Carl Lewis fue a estrechar la mano de un Johnson que aceptó el gesto con desdén y desgana supremos, sin mirar siquiera a Lewis. "La carrera de Ben ha sido sensacional; en la salida debe de haber 'pillado el tiro' ('caught a flyer')", proclamó Lewis. 

Y esto dijo Johnson: "Me gustaría decir que mi nombre es Benjamin Sinclair Johnson Jr. y que este récord del mundo va a durar hasta el Siglo XXI... a menos que yo mismo lo supere. Más importante que el récord ha sido batir a Carl Lewis y ganar el oro". Francis analizó la cinta de la final, junto a Johnson y calculó que, sin el frenazo y el subidón del dedo indice, la carrera habría valido '9.70'. 

Apenas cuatro horas después de la final que conmovió al mundo, los frascos de orina de los cuatro primeros ya estaban en el Olympic Doping Control Center, a menos de media milla del Estadio Olímpico de Seúl, junto al Río Han. A las 06:00 del lunes, el doctor Park Jong Sei, director del 'Control Center', tuvo el análisis que confirmaba 'estanozolol' en un 'Frasco A' de la final de 100 metros. Inicialmente, no se sabía el nombre del controlado: pero el número de la etiqueta del frasco resultó ser el de Ben Johnson. 

En la sobremesa del lunes, y ante los delegados del equipo de Canadá, Park confirmó que también había estanozolol (como 80 nanogramos) en la orina de Big Ben. Tras realizar dos nuevos análisis, Park confirmó el control 'positivo' al IOC: hacia las 22:00 horas. El ya fallecido alemán Manfred Donike, el 'gurú' e innovador del espectómetro de masas para el Comité Internacional Olímpico, fue entrevistado y preguntado por los '80 nanogramos'. La respuesta de Donike fue demoledora: "No importa la cantidad, no hay una frontera en la toma de esteroides, del mismo modo que no se puede estar 'un poquito embarazada'. O lo estás, o no lo estás. Pero sí puedo decir que en este caso... la cantidad no era precisamente pequeña". 

En 2013, Ben Johnson diría: "25 años después... sigo siendo castigado". 'The Loser', 'El Perdedor' (no precisamente como Charlie Francis lo había descrito). Fue así como títuló 'Sports Illustrated', el 3-10-1988, la pieza estelar de su número especial de los Juegos de Seúl: bajo una gran fotografía con 'ojo de pez', en la que Ben Johnson demarraba como un tiro o un relámpago sobre el resto de un pelotón, crispado... y apelotonado: 'The Loser'. 

Anulada la carrera de Ben Johnson y sus 9.79, tanto el oro de Seúl como la plusmarca mundial, ahora con los 9.92 del segundo clasificado en la tormentosa final, pasaron a poder de ese segundo, Carl Lewis; a quien el Comité Olímpico de EE UU, USOC le había silenciado un control 'positivo' por el estimulante efedrina, previo a los 'Trials' de Indianapolis. Esto, cuando ya recaían sobre Carl Lewis sospechas visuales del uso de somatropina, la 'mágica' e indetectable HGH, Hormona del Crecimiento Humano.

TOKIO-1991: VUELO CARA A CARA CON POWELL.- A las 17:30 horas del viernes 30 de agosto de 1991, caen ahora 32 años, había 28 grados centígrados más un 82% de humedad relativa en el 'Kokuritsu Kasumigaoka' de Shinjoku City, Tpkio. Esto es, el Estadio Nacional de Tokio, el mismo Estadio Olímpico de los Juegos de 1964 -en idéntico cubículo de los Juegos de 2021, sin mucho más-, donde en esos momentos daba comienzo la final del concurso masculino de salto de longitud, en el III Campeonato Mundial de Atletismo.

A partir de esas 17:30 horas en Tokio, Shinjoku City, decenas de miles entre espectadores, periodistas y participantes en aquel Mundial iban a vivir unas horas de tensión, frenesí, pasión y leyenda. Todo concluyó, después del desfile de 13 hombres por la pasarela o pasillo ('runway') de longitud, con un monstruoso récord mundial, un salto de 8,95 metros a cargo de Michael Anthony, 'Mike' Powell, de Filadelfia, Estados Unidos (noviembre 1963, 1,88 de altura), en lo que es, sin duda, hasta hoy y seguramente para siempre, el mejor concurso de la historia del atletismo.

Ante todo y para los registros, la serie de Powell fue 7,85, 8,54, 8,29, nulo, 8,95 (récord mundial, +0,3 de viento a favor) y nulo. Tras Powell, Carl Lewis, Frederick Carlton Lewis, de Alabama, no batió plusmarca alguna, pero si produjo lo que es, a día de hoy, el mejor concurso de la historia: 8,68, nulo, 8,83 (+2,3 de viento a favor), 8,91 (+2,9 de viento a favor), 8,87, 8,84. 

Con su salto final de 8,42 (en la quinta ronda de intentos), el tercer clasificado, Larry Myricks, también estadounidense -de Mississippi- habría ganado la medalla de oro en los recientes Juegos Olímpicos de 2021, donde el oro en longitud fue para el griego Miltiadis Tentoglou, exaequo en 8,41 con el cubano Echevarría, plata. Cabe sugerir que Myricks llegaba en 1991 a Tokio acreditado en... 8,74 (aún hoy es el quinto mejor saltador mundial de todos los tiempos): y 20,03 en 200 metros....

El salto de Carl Lewis de 8,87 metros en la quinta ronda del Mundial de Tokio es el mejor de todos los tiempos... con viento EN CONTRA: -0,2. Fue también el mejor salto legal de Lewis en toda su vida. El salto de 8,91 en este mismo concurso de Tokio le hubiera valido para ganar eventualmente ese concurso del Mundial, pero los 2,9 metros de aire a favor lo invalidaban como registro legal. 

En 1982, en el 'National Sports Festival' de Indianapolis, Carl Lewis se había disparado en un vuelo claramente en la zona de los 30 pies (+nueve metros, exactamente 9,14 metros)... que quedó anulado por los jueces. Cuando Lewis pidió la medición, la marca ya había sido borrada. Pero quedan grabaciones videográficas de esa animalada de Indianapolis; y resultan bastante claras. Los testigos del salto, incluidos los saltadores Dwight Stones (altura) y Jason Grimes (longitud), afirman que no había ninguna marca en la plastilina. 

Enfadado, Lewis pidió que le mostraran la marca de caída, pero ya daba igual; ante la negativa del juez, que insistió en que la punta de la zapatilla sí había rebasado la línea, borraron esa huella de caída en la arena. El 1.6.1983, también en Indianapolis, Carl Lewis había brincado hasta 8,79 'legales', con 1,9 de viento a favor. 

“I had the greatest series ever, but Mike won it on that one jump”, fue la reacción en Tokio de un obviamente despechado Frederick Carlton Lewis. "He hecho la mejor serie de la historia pero Mike me ha ganado con sólo un salto". Puede ser que la declaración final de Carl Lewis aquel 30-8-1991 en Tokio enfureciera a Mike Powell, como tantas cosas de las que Carl hacía... enfurecían a tantísima gente. Replicó Mike Powell: "Ha sido hacer realidad un sueño que ya llevaba teniendo como  7 u 8 años. Ahora soy el plusmarquista mundial, si él (Lewis) quiere decir de mí cosas negativas, lo único que va a hacer es alimentar mi fuego"

El primer milagro de aquel Mundial de Atletismo lo había predicado el mismo Lewis, con su postrero récord mundial en 100 metros. Dentro de las 19:05 hrs. del domingo 25 de agosto, en ese mismo  'Kokuritsu Kasumigaoka' , Lewis, poseedor al fin de su carrera de una veintena exacta de medallas entre Juegos Olímpicos y Mundiales de atletismo (10+10, nueve oros olímpicos y ocho mundialistas)... había impuesto un nuevo récord mundial de 100 metros lisos, al colgarse el oro con registro de 9.86, por delante de otros dos estadounidenses: Leroy Burrell (9.88) y Dennis Mitchell: 9.91.

Con viento de cola de 1,2 metros, otros tres hombres bajaron de 10.00: Linford Christie (9.92), Frankie Fredericks (9.95) y el jamaicano Raymond Stewart: 9.96.  Ese día y en esa finalísima, el esbelto Lewis tuvo el segundo peor tiempo de reacción de todos los finalistas: 141 milésimas de segundo, reacción sólo empeorada por las 151 milésimas de Fredericks. En su récord mundial de 2009 en Berlín, Usain Bolt, con su 1,95 de altura. reaccionó en 146 milésimas, rumbo a los 9.58 finales del récord, con velocidad punta superior a... 12 metros por segundo, al paso por 40 metros. 

En esta final de 'pistoleros de la velocidad' en Tokio/91, ese 'predecesor' jamaicano por debajo de diez segundos, Ray Stewart reaccionó en 114 milésimas, Burrell en 120 y Mitchell hizo técnicamente 'salida nula', 90 milésimas... pero el 'starter', el juez de salida, no dejó escapar el segundo tiro, el de anulación. Burrell tenía el récord mundial en 9,90 desde menos de dos meses antes, en Nueva York; y lo recuperaría de manos de Lewis en 1994, en la 'Athletissima' de Lausana, al marcar 9.85. En varias entrevistas con el aquí firmante, el tremendo, imponente Linford Christie siempre insistía en que 'tanto la recta de 100 de Tokio como el pasillo de longitud estaban cuesta abajo'. Nunca se retractaba de ello.

1996: ADIÓS EN ATLANTA.- En junio de 1996, el firmante ejecutó con Lewis aquella entrevista exclusiva para 'El Mundo del Siglo XXI', en Atlanta, que abrió 'La Revista' especial de los Juegos Olímpicos de 1996 en este mismo periódico. En esa entrevista tan especial, publicada el 7.7.1996, 'King Carl' revelaba: "Creo que me he portado siempre como un buen afroamericano, he hecho lo que he podido por las comunidades negras; si se queman iglesias... es que queman 'iglesias' en suma; no tenemos por qué hablar de iglesias 'blancas' o iglesias 'negras'...". 

En los Juegos de Atlanta, los del 'Centenario', el 29.7.1996, con 35 años recién cumplidos, Carl Lewis, siempre un atleta portentoso, iba a volar hacia su décima y última medalla olímpica, su cuarto oro en salto de longitud. Lo hizo con un salto de 8,50 metros.

Al aquí firmante, en aquel hirviente verano de 1996, Lewis pidió titular aquella entrevista para 'El Mundo...' (se insiste, es esa portada que aquí ofrecemos) de este modo: 'Si los Juegos no fuesen en Estados Unidos, me habría retirado tras los Goodwill Games de 1994... mi entrenador, Tom Tellez,  me insistió en que todo era cuestión de recuperar la concentración y el ritmo de entrenamiento. Había perdido mi fuerza terminal en las carreras y casi se me había olvidado salir... aún puedo tener un récord mundial escondido en mi cuerpo. Desde el verano de 1995 y gracias a un compromiso moral con mi amiga Mary Mullen, me comprometí a no beber ni una gota de alcohol hasta después de los Juegos de Atlanta, más llevar régimen vegetariano a ultranza, con almendras, zumos, pesas y yoga lyengar, el más riguroso de todos los yogas. A esto sólo añado pollo y pescado'. 

Lewis se refería aquí al récord mundial de 100 metros ("Sólo necesito pasar por los primeros 40 metros un poco más rápido y zambullirme en la meta. Son señales que me da el cuerpo, sentimientos, vibraciones, ¿sabe lo que le digo?" ). Entonces, Carl estaba encantado con su perro 'Ramses', un 'Rhodesian Fridgeback' y le obsesionaban las películas casi 'kitsch' del célebre cineasta Ed Wood: 'We've conquered the world', hemos conquistado el mundo", solía decir Carl Lewis, recitando de memoria a Wood. 

De confesión cristiana, rama luterana, Carl Lewis observaba: "Ben Johnson' son palabras que nada siginifican para mí en estos días... quiero olvidar el pasado. A mí no me preocupa lo que Michael Johnson hace pero, por lo que leo y escucho, parece que él sí tiene fijación conmigo, aunque no es el primero... ni el único. Escúcheme bien: Superman no existe; nunca existió en realidad. Ni lo ha sido Carl Lewis ni siquiera lo fue Jesse Owens. Nunca habrá un límite para la raza humana en atletismo. Y si lo hay, no llegaremos a él. Siempre habrá un progreso, por pequeño que sea. La próxima superestrella será quien tenga más ganas de serlo".

Para terminar la entrevista exclusiva de Atlanta, Carl Lewis firmó un autógrafo sobre una fotografía de él con el autor de este texto. Fue con esta dedicatoria: "Lived to the fullest and gave all I could back'... 'Viví a tope y di a cambio todo lo que pude". Autógrafo, dedicatoria y fotografía quedaron perdidos por algún aeropuerto de Estados Unidos, tan perdidos como el récord de Bob Beamon en poder de Mike Powell. 'Hijo del Viento',  Frederick Carlton Lewis, el heredero de Jesse Owens, sí conquistó el mundo, como Ed Wood proclamaba. O al menos, gran parte de él, toda la que quedó fuera de 'aquel' foso de longitud, aquel 30.8.1991 en Shinjoku City Tokio, el 'Día del Trueno'. 

"Nunca habrá un límite para la raza humana en atletismo. Y si lo hay, no llegaremos a él. Yo viví a tope y di a cambio todo lo que pude, 'Lived to the fullest and gave all I could back"...


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