Luis del Sol: el 'Sette Pulmoni' del Empalme... en los tiempos del cólera

EL Escaparate

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Alejandro Delmás
25/11/2019

(Para Don Luis del Sol, por supuesto).

En 1935 y en Sevilla, el 'Empalme' era, mayormente y a falta de otros empalmes... el empalme ferroviario de San Jerónimo: ahí, junto a La Algaba. En el verano de 1935, ya a sólo meses de los estragos dirigidos por Gonzalo Queipo de Llano y Sierra y su plana mayor, liderada por el coronel José Cuesta Monereo, el matrimonio de Bonifacio del Sol y Abelarda Cascajares trasladó su residencia y su familia numerosa desde Arcos de Jalón, provincia de Soria, partido judicial de Medinaceli, hasta ese 'Empalme' de San Jerónimo.

Don Bonifacio residía en los terrenos anexos a la recoleta estación de Arcos de Jalón, en su calidad de personal ferroviario: maquinista de MZA, la Compañía de Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante cuyo anagrama aún se recordó en el frontal de la vieja estación sevillana de Plaza de Armas. Junto con Doña Abelarda, y al comienzo de ese presuroso verano del 35, Don Bonifacio llegó a San Jerónimo con la misión de criar a nada menos que ocho hijos, ocho arrapiezos: de los cuales, el último, el octavo, Luis, Luisito, había nacido en Arcos de Jalón el 6-4-1935, cuando la Semana Santa del 35 ya se echaba encima en el Empalme de San Jerónimo, en Arcos de Jalón, en la Macarena... y en la Segunda División Orgánica de Sevilla, con Capitanía en la Plaza de la Gavidia.  

Menos de un año después de que Don Bonifacio y Doña Abelarda se presentaran en San Jerónimo con su bien numerosa prole, en Sevilla y en España pasó todo lo que tuvo que pasar, a través de la Segunda División Orgánica y compañeros mártires. Como debería (?) saberse, tras la Guerra Incivil sobrevino una posguerra quizá más incivil. En esas condiciones y en ese 'Empalme' creció para el fútbol de competición el octavo vástago de Don Bonifacio y Doña Abelarda. Fue tras y durante toda esta serie de 'incivilidades', o mejor sería decir 'bestialidades'. Y así se escribe este preámbulo y exordio para que la gente de este tiempo de hoy, seguramente más bárbaro que aquel, aunque quizá algo menos primitivo, guarde alguna noticia de las condiciones en que el hoy Don Luis del Sol Cascajares se crío y fue criado para el deporte. Murieron Don Bonifacio y Doña Abelarda, casi uno detrás de otro... y Luisito pasó a vivir casi todo el tiempo y a buscarse esa misma vida junto a sus buenos amigos: los panaderos de San Jerónimo. Todavía casi un chiquillo, siguió buscándose la vida en la vieja ISA, Industrias Subsidiarias de Aviación. Siempre, en horarios matadores y en condiciones extremas para un chaval de doce, trece... o 14 años, igual da. Décadas después, cuando ya era internacional y compañero de Puskás, Di Stéfano o Sívori... Luis del Sol siempre iría a San Jerónimo durante las vacaciones de verano: para no perderse los partidos amistosos en campos de tierra que siempre jugaba con aquellos amigos de los años 40. Testimonios gráficos hay de ello.

En 1949, con 14 añitos y tras pasar por los infantiles del San Jerónimo, el Alegría y el Retiro San Miguel, Luisito ya despertaba admiración más allá del Empalme. Se puso a jugar el Campeonato de Empresas con el equipo de ISA y empezaron a surgirle sobrenombres: ya había llamado la atención. Primero le apodaron 'El Gordito del Empalme'. Y después... 'Cepillito', por los pelados al cepillo, como de recluta o guripa. "Hombre, alguna facilidad para el regate sí que tenía. Como le daba con las dos piernas... y yo siempre tuve mucha resistencia, eso era como algo natural en mí", recordaría Luisito muchos años después... cuando ya era 'Luigi' o 'Don Luis': el mismo que del ISA ya fichó por el Andalucía, de la Local, y de ahí ya saltó a los juveniles de un Betis en Tercera. Pasó a las filas del Utrera, siempre bajo bética tutela.

1954-55, la temporada del regreso del Betis a Segunda División, fue también la del ingreso oficial de Luis del Sol en la primera plantilla del Betis. Le llamaron al final de la 53-54. Medía -y mide- 1,69 de altura y pesaba en forma unos 65 kilos. Pero era incansable, infatigable. Una dinamo, un generador de potencia, un catalizador. Como de pedernal. Y además, ambidextro: con potentísima salida por los dos costados. Un demonio de calidad y genio. Encima, viendo, leyendo e interpretando cada episodio del fútbol en el pasto. Los compañeros béticos de aquella 54-55 se llamaban Portu, Barinaga, Aumesquet, Peñafuerte, Vilariño, Cifuentes o un célebre abogado y político: el algabeño José Cabrera Bazán; esos béticos se medían a rivales como el España de Tánger, el Atlético Tetuán, Jaén, Tarrasa, Badajoz... San Fernando.

1958-1960: CAÑONAZO Y ADIÓS. En 1957, el Betis iba rematando su propia travesía del desierto en la posguerra más incivil. Al club heliopolitano apenas la quedaba una temporada en el Grupo Sur de Segunda -la venidera 57/58- cuando Luis del Sol ya anunciaba al fútbol nacional e internacional que tenía algo así como siete... pulmones. 'El Gordito del Empalme' fue llamado para la Selección española 'B', precursora de la Sub23 o Sub21, Selección con la que debutó el 8-3-1957, ante Egipto y en la Copa del Mediterráneo.

De suerte que cuando, el 21-9-58, el Betis, de regreso a Primera División, se midió al Sevilla Club de Fútbol en el primer partido oficial de Liga que se disputaba en el Nuevo Estadio del Sevilla, más tarde consagrado a Ramón Sánchez-Pizjuán... el brillo de Del Sol ya sólo podía sorprender a unos pocos. Ante más de 40.000 espectadores, con los muñones de cemento al aire de Nervión y bajo el arbitraje del navarro Daniel Zariquiegui Izco (luego delegado de Osasuna), todo a casi 30 grados al sol, el Sevilla del técnico húngaro Janos Kálmar recibió al Betis -por primera vez desde 1943- con este equipo: Cardoso (Guerrica, min.52); Santín, Campanal II, Maraver; Pepín, Ruiz Sosa; Szalay, Arza (capitán), Lolo Gómez, Diéguez y Antoniet.  Promedio: 24,5 años y 1,70 de altura. De verde, blanco y negro, el Real Betis Balompié -en su último día en competición con camisolas abotonadas de loneta- alineaba a: Otero; Valderas, Eusebio Ríos, Isidro; Paqui, Portu; Castaño, Azpeitia, Kuszmann, Esteban Areta y Del Sol (capitán). Medias, 23,8 años y 1,74 de altura. 

Sólo en dos minutos, Luis del Sol estrenó en Liga el marcador del nuevo coliseo: fue un zapatazo lejano, tras rechace de Campanal II a un pase de Paqui, que sorprendió a Vicente Cardoso, meta madrileño del Sevilla. Año tras año, Del Sol fue contando así el gol -sin duda- más famoso de su carrera: “Yo creo que Cardoso no se vio venir el balón… después dijo que el sol le había deslumbrado, pero eso ya no lo sé yo: me vino el balón de Paqui, yo tiré fuerte, me salió con algo de parábola y eso fue todo”. Ironía: el sol de Nervión colaboraba con Luis del Sol.

Pero la Directiva de Ramón de Carranza había decretado el partido como ‘Día Pro Campo’. Aquello estaba a reventar y, pese al 'shock', el Sevilla combatió: todo orgullo y coraje. Castaño y Kuszmann (larguero) perdieron ocasiones béticas. Al poco, Szalay erró a puerta vacía tras rechace de Otero a tiro de Pepín. En el minuto 38, tras gol de falta anulado a Diéguez, Szalay impuso el 1-1: penalti por mano de Valderas. En el 44, José Carlos Diéguez, en jugadón individual, adelantó al Sevilla, que en el descanso tocaba con las manos el repleto corazón de Nervión, ‘su’ corazón. Pero…

En la segunda parte, tras estamparse en su portería el 2-2 en un autogol (a centro ‘con efecto’ de Kuszmann, uno de los ‘húngaros del exilio’, como Kubala o Puskás), y con lágrimas en los ojos, Cardoso, desolado portero sevillista (iría al Zaragoza), dejó el puesto al suplente Guerrica, tampoco muy afortunado. Tras la ‘ley de la ventaja’ que Zariquiegui había concedido en la jugada de Kuszmann, el error de Cardoso -al que los béticos llamarían ‘llorona‘ de ahí en adelante- fue el tiro de gracia para el Sevilla de Kálmar ante el Betis de Barrios, que se imponía físicamente en la presión medular. Ya con el citado 2-2 en las flamantes tablas de Nervión -marcador simultáneo incluido-, Esteban Areta, de un zapatazo, y el propio Kuszmann, al contragolpe, sellaron el 2-4 definitivo: ‘4-2’ en el marcador, con el ‘visitante’ por delante.

Los béticos subieron al Séptimo Cielo: por años y años. Algunos, incluso por décadas. Retumbó el cañonazo de Del Sol y del Betis -que venía de ganar al Granada, mientras el Sevilla sólo había firmado un 2-2 en Pamplona para abrir la Liga-... y todo pareció como el principio de una nueva, extraordinaria época. Un absoluto cambio de guardia. Pero no fue así: ni aunque el Betis de Villamarín, Antonio Barrios y Del Sol asaltara incluso el liderato liguero. En la acera de Nervión sí quedaron marcadísimos Kalmar -relevado por Juan Antonio Ipiña en seis jornadas más- y Cardoso, que apenas duraría otra temporada en el Sevilla, del que también se despidió Juan Arza al fin del curso 58-59. El Betis acabó sexto en esa temporada de su regreso a Primera… y el Sevilla, decimosegundo, quinto por la cola y a sólo un puesto de la temible promoción de descenso a Segunda. Tras los dos triunfos béticos de la 58-59 (2-0 en Heliópolis), el Sevilla devolvió el doble golpe en 1959-60, siempre con Del Sol aún en el Betis: 2-1 en Nervión y 1-4 en Heliópolis, aquí, en sensacional tarde del volante internacional sevillista Manolo Ruiz Sosa.

Pero lo que marcó de verdad los años venideros fueron la falta de remanente y los ajustes económicos de unos y otros. En 1960, el Betis de Villamarín vendió a Del Sol al Real Madrid por seis millones y medio de pesetas, más los derechos de los futbolistas Lloréns, Pallarés y Martín Esperanza...

REAL MADRID, JUVENTUS, ROMA... Y BETIS.- El 27 de marzo de 1960, tres semanas después del 1-4 ante el Sevilla en Heliópolis, Luis del Sol Cascajares jugó el que iba a ser su último partido con el Betis (perdió 0-3 con el Barcelona)... hasta 1972-73. Benito Villamarín andaba cerrando la operación de comprar y escriturar el Stadium de la Exposición a favor del Betis (se consumó en 1961) y negoció con el Madrid, que necesitaba reforzar su línea medular en plena recta final hacia la quinta Copa de Europa. El trato se firmó en seis millones y medio de pesetas, trato que Villamarín negaba al público incluso cuando Del Sol, grandísima estrella en aquel Betis redivivo, ya tenía un pie en el servicio aéreo a Madrid. 

Recuerda Luis del Sol: "En plenos rumores, el presidente Villamarín me llamó y me comunicó que me iba al Madrid: 'No te preocupes, está todo hecho', me dijo. No supe nada más en esos momentos pero también sabía, porque me lo habían dicho los del Madrid cuando iba a la Selección, que en Madrid iba a ganar más sólo con las primas que con toda la ficha de un año en el Betis". Del Sol jugó 57 partidos oficiales con el Betis en Primera División, más 121 en Segunda y once en Copa: total de 189, a lo largo de siete temporadas en el primer equipo: once totales dentro de la entidad. Marcó 49 goles, seis en Primera División. 

El 2 de abril de 1960, al borde de cumplir 25 años, Del Sol firmó contrato con un Real Madrid donde, en solo mes y medio más, el 18 de mayo, iba a ser titular (con el número 8) en el equipo blanco que alzó su quinta Copa de Europa con el 7-3 al Eintracht Frankfurt, en Glasgow/Hampden Park. Además de 6.500.000 pesetas, el Madrid de Santiago Bernabéu envió tres buenos futbolistas para el Betis: Martín-Esperanza, Pallarés y Lloréns. Sin ser nada malos -Martín-Esperanza fue el líder del mítico Pontevedra del 'Hai que Roelo'-... ofrecerían un rendimiento desigual. De inmediato, Del Sol, ya internacional con la Selección B y la Militar, iba a debutar con la Selección española absoluta. Fue en 45 minutos de un amistoso ante Inglaterra (3-0) el 15-5-1960, ya como jugador madridista. Como madridista y como 'bianconero juventino', en 'la' Juventus, Del Sol se enfundó 16 camisetas internacionales absolutas, marcando tres goles... y con sendas participaciones mundialistas: en 1962, en Chile, y en 1966: la 'World Cup' de Inglaterra.

El 18-12-1960, Luis del Sol vino a jugar a Heliópolis... pero ya en las filas de un Real Madrid en raro uniforme de camiseta blanca y pantalón azul. Sin mucha referencia directa a Del Sol, los medios de la época dieron cuenta de que "la afición bética reconoció con toda nobleza la superioridad del Real Madrid y se rindió a la belleza y perfección de su juego". En la página 13 de 'ABC de Sevilla', página de huecograbado, aparece una fotografía del ambidextro Del Sol en pleno galope hacia la ya batida portería de Otero -cancerbero verdiblanco-, en la acción del tercer tanto madridista. Al descanso se había llegado con 0-1. "El tercer gol tuvo por autor a Del Sol en una jugada de habilidad y merecida fortuna", se redacta al pie. Queda la sensación de que hubo respeto y aplausos ("ovaciones y murmullos de admiración", cuentan las crónicas) para el campeonísimo blanco, incluido ahí un Del Sol que jugó de interior, bien marcado por Azpeitia... del que se deshizo en el minuto 68 para establecer ese 0-3, "picando habilidosamente el balón por encima de Otero, desamparado", reseñaba 'Espectador' en el propio ABC. Arbitró el valenciano Vicente Lloris, protestadísimo por unas tribunas abarrotadas. Gento, Di Stéfano y Puskás (2) completaron el 0-5 para el Real. La cosa iba 0-3 en el minuto 80...

En el verano de 1962, tras decir adiós a Madrid en cierta final de Copa ante el Sevilla (Real Madrid vence 2-1), Del Sol abandonaría el Realísimo rumbo a 'la' Juventus de Gianni Agnelli, 'capo' supremo de la FIAT, ingeniero y senador vitalicio. Del Sol había fascinado al 'commendatore' Agnelli en una eliminatoria de cuartos de Copa de Europa que Luis había decantado para el Real, con golazo vital en el desempate de París (3-1): y los 'bianconeri' abonaron por el chaval de San Jerónimo -nada menos que 35 millones de pesetas... que el Real Madrid invirtió en levantar su Ciudad Deportiva de La Castellana. El famoso directivo madridista Raimundo Saporta Namías despidió así a Del Sol: "Te dejamos ir porque es mucho dinero y lo necesitamos... pero si no estás a gusto en Turín, nos llamas y te vienes". 

Junto a estrellas del calibre de Anzolin, Sarti, Leoncini, Giancarlo Bercellino, Omar Sívori, John Charles... Del Sol aguantó ocho temporadas en la 'Vecchia Signora' turinesa, entre 1962 y 70. Allí le llamaron -ahora, sí, de veras- 'Sette Pulmoni', el 'Siete Pulmones'. Y el 'Avvocato' Agnelli le comparaba nada menos que... con Di Stéfano. "Yo tenía claro que quien me ganara a mí o a nosotros... no podía ganarnos andando". Ese es el lema vital de Luis del Sol, que hoy tiene una estrella con su nombre y propiedad en el Paseo de la Fama del Juventus Stadium (hoy, Allianz Stadium), en el solar de Delle Alpi: Torino/Turín/Piamonte.

Desde Turín, Del Sol pasó por 'la' Roma y en el verano de 1972 se dio el gustazo de regresar -casi gratis- al Real Betis Balompié. Firmó contrato el 5 de julio de 1972, en la Secretaría de Conde de Barajas y en presencia del presidente José Núñez Naranjo y del vicepresidente José León Gómez. Dijo Del Sol en 'AS Color': "En Italia he procurado dejar siempre bien alto el pabellón español y ahora vuelvo al Betis por amistad, por nostalgia... y porque es mi casa; aquí tengo enterrada una parte importante de mi vida de futbolista". En la atardecida tropical del 17-8-1972, sin focos disponibles en el recinto, como en los viejos tiempos de posguerra, Luis del Sol volvió a jugar con el Betis en Heliópolis: fue con calzonas verdes y con un 5-1 al Sloboda Tuzla, en tarde de presentación de aquel equipo de Ferenc Szusza, con calor viscoso y golazo de Rogelio en córner directo: un tanto que avergonzó y echó del campo a Rizah Meskovic, meta internacional del Sloboda y AZ'67. Aquí, en el Betis, se retiró en 1973 Luis del Sol. Fue poco después de un dramático descenso, en Castellón. El 13-6-1973 y en el estadio heliopolitano, Luis del Sol disputó su último partido oficial como futbolista de competición, una vuelta copera en cuartos de final ante ese mismo Castellón de Clares, Del Bosque Corral y Planelles, que había apuntillado al Betis en Castalia. Ese Castellón perdería por 2-0 la final de 1973 ante el Atlético de Bilbao.

Pero, en la anochecida heliopolitana del 13-6-1973, el 2-0 verdiblanco sirvió de poco al Betis ante el 4-0 que el Castellón traía de Castalia. Con 2-0 y con 38 años cumplidos, Del Sol cedió a Javier López el lanzamiento de un penalti clave... que al fin detuvo Pedro Corral, meta albinegro. "Aquel día veía el campo cuesta arriba del calor y la fatiga, y me dije: 'ni una vez más, aquí se acaba esto", revelaría después Luis del Sol. Algo en su carrera le identifica con el quejío de la tierra andaluza: quizá ese 'algo' sea el desarraigo fatalista, un poco aventurero...

Después, Luis del Sol entrenó al Betis, en diversas etapas, como en la Liga del 'playoff' (1986-87). Fue el responsable más directo del ascenso de 2001, en Jaén... y en la 'Vecchia Signora' turinesa, en 'la' Juventus de los Agnelli, Luis, 'Luigi', Sette Pulmoni' es como un semidiós, una leyenda viva: vivísima. La copla que viaja con las chicharras a través del viento solano desde San Jerónimo a Mairena del Aljarafe, donde aún nos recibe Luis del Sol, gloria del Real Betis Balompié, del Real Madrid y de 'la' Juventus, aún viajaba a veces hasta Coria, donde a orillas del Guadalquivir, y en compañía de Rogelio Sosa Ramírez, Alfredo Relaño le dijo un día a Luis del Sol: "Vosotros ganabáis siempre con el Madrid porque siempre jugábais a ganar, por eso no perdíais casi nunca". Allí, en Coria, en el Estadio Guadalquivir del Coria C. F. y también junto a Rogelio (y Gordillo, mande usted), Luis del Sol posó como todo un futbolista y como todo un hombre o un padre ilusionado: con las manos sobre los hombros de los chiquillos con camiseta verde...

Resulta inevitable que, en estos tiempos del cólera y de cólera verdiblanca, el perfume añejo de Luis del Sol 'recuerde siempre el destino de los amores contrariados', que diría Gabo García Márquez. Pero, por encima de horrores y azares, ahí y así nos revive la leyenda del 'Sette Pulmoni'. Es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites, Don Luis...

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