Aprended de Irán

Antonio Félix
Antonio Félix
24/11/2022

Irán es un país todavía con un muy moderado aperturismo hacia los derechos humanos. Su más reputado cineasta, Jafar Panahi, por poner un ejemplo, está encarcelado por defender algunas de las libertades que reclamaron los futbolistas de la selección en su estreno en el Mundial. Tal antecedente hace presumible prever cuál va a ser la suerte que aguarda a esos valientes, cuyo gesto ha destapado no sólo el evidente espejismo demócrata con el que desean blanquear sus dictaduras países como Qatar, sino esa extensa y podrida hipocresía colaboracionista de la que hace gala el mundo civilizado, a la que se refirió en su viral discurso Gianni Infantino, presidente de la FIFA y por tal, gerente de toda esta asquerosa farsa.

Es bien sabido, en particular en países como el nuestro donde no queda tan lejos la memoria de la Transición, que la lucha enaltece derechos y libertades que, después, en la pereza de la conquista, suelen languidecer hasta extremos perturbadores. A fin de cuentas, es lo que vemos hoy, con extremismos sofisticados comiendo terreno aprovechando la tibieza de la democracia. El mundo se ha acostumbrado a que todo lo pueda el interés y el dinero. Y así nos va a nosotros y le va al Sevilla.

Si el interés y el dinero no primaran sobre conceptos como el honor, el orgullo, la verdad y la dignidad, la sociedad sevillista no permitiría que la lucha por el poder la dirimieran José Castro y José María del Nido, los dos mejores presidentes de la historia del Sevilla, por ese orden, pero también dos completamente indignos para ostentar hoy el cargo. En el caso de Del Nido, delincuente confeso y aliado de no sé qué oscuros buitres, no hace falta extenderse. El señor Castro, por lo demás, debió salir por piernas del club en el mismo momento en que se le acusó de mercadear con las acciones de sevillistas, haciendo uso privilegiado de su posición, para revenderlas a un fondo inversor de segunda con el que, a última hora, se le chafó el negocio a la lustrosa directiva de Nervión. A día de hoy, ni ha dado explicaciones de ello, ni ha pedido disculpas, ni nadie se las ha reclamado. A ambos, por lo hecho en el pasado, debería honrar memoria el pueblo blanquirrojo y a ninguno, por lo ocurrido en el presente, habría de consentir. Sin embargo ahí están, luciendo palmito de peña en peña y comprando, vaya a saber usted de qué manera, acciones a 2000 euros para reforzarse en el poder.

Es cierto que la conversión en empresas diluyó la capacidad de influencia de la afición en los clubes, pero de ahí a la renuncia que observamos hoy va un trecho. En tal sentido, no deja esto de ser un reflejo de una sociedad que ha asumido el todo vale si se paga el precio correcto. El Sevilla ha ido dando en los últimos años claras señales de degradación que han sido asumidas con toda naturalidad por su sociedad y por la prensa. Bien por no hacerle el juego al presunto enemigo, bien por, al fin y al cabo, mantener al equipo en la Champions, siempre convino ponerse de perfil. Pero la descomposición ha seguido su curso hasta el último paso, que es hacerse evidente en el equipo. En las cuentas ya hacía tiempo que sucedía. Con lo que nos encontramos a un Sevilla arruinado, envejecido, corrompido y en descenso, con dos dirigentes indignos porfiando por el poder. Prepárense porque lo peor está claramente por llegar.

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