El estadio del 'Grifo Arena'

Javier González-Cotta
Javier González-Cotta
08/12/2023

Los edificios imitan la vida de las personas. Construir para destruir. Decía el gran escritor alemán W. G. Sebald que a partir de cierto tamaño los edificios alojan el germen de su propia destrucción. Para el gurú y arquitecto que fue Aldo Rossi, "el verdadero significado de un edificio no se aprecia hasta que ha sido demolido". ¿Lo ven? La vida de un edificio es como la vida de cada uno de nosotros. Lo construimos todo para demolerlo todo.

Por eso, cuando uno observa la maqueta del nuevo Sánchez-Pizjuán, se queda un tanto así, como en trance de derrumbe, en armonía con el propio estadio que ha incubado, desde su misma concepción, el germen de su derribo. Quiere decirse, con otras palabras, que uno ve el proyecto del nuevo estadio y se viene abajo. Literalmente. Pero, ¿esto qué es? De momento, el anteproyecto presentado por IDOM es sólo una imagen cuqui y virtual. Pero hay quien ya pide su derrumbe por parecerle horroroso. Por eso, a vueltas con lo primero, el nuevo Sánchez-Pizjuán está cumpliendo la máxima simbólica de la que hablaban Sebald y Aldo Rossi. En este sentido la propuesta de IDOM es sutilmente irreprochable.

Siempre ocurre lo mismo. Por ordenador los arquitectos y urbanistas de alto copete convierten edificios, zonas hueras y espacios públicos en una fantasía discursiva similar a la paliza culinaria que nos dan, plato por plato, los camareros con pinganillo en los insoportables restaurantes de hoy. Al parecer, el diseño del estadio busca "identificar los valores clave en las grandes etapas de la historia de Sevilla a través de la referencia a grandes ejemplos de su arquitectura y patrimonio cultural como el Real Alcázar, el Archivo de Indias o la Catedral de Sevilla, para proyectarlos a un nuevo Estadio, contemporáneo, sostenible, tecnológico y arraigado en la tradición de la ciudad". Fin del largo entrecomillado. No sé si recuerdan al entrañable Profesor Siesta de Barrio Sésamo, que solía quedarse dormido mientras soltaba su plasta académica. Pareciera que la explicación intelectual del proyecto la hubiera declamado el Profesor Siesta. Han olvidado, además, parte de la esencia urbana del propio barrio Nervión, con su agónica arquitectura regionalista, que se halla en trance de desaparición por olvido y negligencia y sin que a nadie, salvo a Adepa, le importe.

El anteproyecto de IDOM fue presentado en la muy cordial y fraterna Junta General de Accionistas de esta semana. Lo casi de menos ha sido conocer el coste estimado (350 millones de euros), el aforo previsto (55.000) y el plazo de ejecución de la obra (del 1 de julio de 2026 a 2028). Lo más entretenido ha sido comprobar el sinfín de memes que ha provocado el diseño. A vista de Giraldillo, la cubierta blanquecina se asemeja a un delicado sanitario, todo moderno y funcional, más para un hotel ecológico y sostenible que para una vivienda propia. Sólo le falta lo que los memes han añadido: un inmenso grifo.

Puesto que se pone mucho énfasis en la cubierta, hay quien ha propuesto otro techo más acorde con la pretendida simbiosis sugerida entre tecnología y tradición sevillana. Nada como un vasto techo de paso de palio sobre el estadio. Por dentro, según lo visto, todo aparece recubierto de un rojo sangre absoluto, donde el blanco (el primer color del equipo) apenas si aparece reflejado (el plato del sanitario sí es blanco). Lo cual prolongará en los medios el debate sintáctico y eterno sobre si hablar de equipo rojiblanco o de equipo blanquirrojo. Por otra parte, no se observa la posibilidad de una vuelta moderna y regenerada a los graderíos para poder ver el fútbol de pie a la vieja usanza, como se estila ya en la Bundesliga. El fútbol moderno dejaría de ser tan odiado por sus detractores.

A Del Nido Benavente el anteproyecto le ha parecido feísimo y poco menos que un fregadero. Por una vez, el "convicto confeso" (Pepe Castro 'dixit') ha tenido gracia con su marcado acento sevillaní (mereciera ser estudiado por la filóloga Lola Pons de la Universidad de Sevilla como variante de las hablas andaluzas). Echa de menos Del Nido Benavente una cubierta de líneas onduladas y aerodinámicas, en plan Niemeyer, o más en la línea si acaso de los nuevos aeropuertos (el Franjo Tudjman de Zagreb o el Beijing Daxing de Pekín de la arquitecta Zaha Hadid).

Cada cual, en fin, tiene su concepto estético de un estadio, tenga o no conocimientos técnicos. Me permito una ensoñación no libre de poluciones. Imagino, por ejemplo, un estadio donde se recuperara la clásica estructura británica, toda austera y sin adornos, con cuatro tribunas simples, como la concebida en su lejano día por Archibald Leitch (la tragedia de Highborough de 1989 desmanteló su legado). Le añado la fantasía geológica del estadio de Braga, en Portugal, con su tribuna tallada directamente sobre una roca, obra del 'arquistar' Eduardo Souto de Moura. Pienso también en el Neo Química Arena (el Itaquerao de Sao Paulo), del Corinthians, que cuenta con la pantalla digital más grande del mundo en su pared oriental. Y ya, como remate, pienso en una alta y sofisticada techumbre, pero de forma cónica, entre la pirámide del chino Ieoh Ming Pei para el Museo del Louvre, la torre del puerto japonés de Kobe y un gran capirote inspirado en la Semana Santa sevillana. ¿No sería una maravilla? Pues no, tal vez no.

Uno está de acuerdo con Del Nido Benavente, el no presidente por ahora. El 'Grifo Arena' diseñado por IDOM es un fregadero sofisticado. Quizá se han inspirado en el ambiente que reina en el club de Nervión. Los platos sucios y los trapos sucios (tanto monta) se están lavando en público, a la vista de todos, sin pudor alguno. Quizá nos merezcamos, propios y extraños, ese fregadero.