¡No os levantéis!

Lucas Haurie
Lucas Haurie
28/02/2024

Parafraseaba Juan Carlos Aragón en su más legendaria chirigota (Los Yesterday, 1999) el himno regional: “Aunque diga Blas Infante ‘andaluces, levantaos’. Perdón que no me levante, pero estoy mejor sentao…”. Y así canta el sevillismo en esta cuaresma que anticiparía el calvario de no mediar la Liga más lamentable que recuerdan los siglos por parte de Almería, Granada y Cádiz, vecinos que copan la zona de descenso y quiera el Altísimo que no la abandonen hasta finales de mayo. No es éste un 28-F, al menos en lo futbolístico, para ondear la bandera blanquiverde. Que revienten los tres y que les vaya bonito la próxima temporada.

Escribíamos el domingo en un diario de tirada nacional, perdón por la autocita, que este Día de Andalucía "se asemeja cada año más a la berrea patriótica de otros nacionalistas centrífugos, pongamos que hablo de la Diada septembrina o del pascual Aberri Eguna", reo de una deriva identitaria "que sólo puede acabar con el envolvimiento del caudillo en la bandera blanquiverde". O sea, mal. Pero resulta que el aficionado al deporte, singularmente a este fútbol que desata tantas bajas pasiones, es insobornable en sus vínculos sentimentales. ¿Siente el aficionado malagueño ese pellizco de placentero orgullo de la tierra cuando ve triunfar a un club sevillano sobre, por ejemplo, el Barcelona o el Real Madrid? Pues eso.

Desde su glorioso pasado en la altísima competición, el llorado Javier Imbroda entendió así que la política deportiva de la Junta de Andalucía debía ceñirse exclusivamente a una de sus tres grandes ramificaciones: los clubes profesionales transitan por su carril y el alto rendimiento en modalidades individuales está enmarcado en las políticas nacionales auspiciadas por el Comité Olímpico Español. Descartados estos dos rubros, ¿en qué consiste el llamado “Deporte Andaluz”? Pues en la organización de grandes eventos… siempre apelando al localismo: Sevilla con la selección española (incluso la femenina), la Costa del Sol con su proyección internacional (los grandes circuitos de golf o tenis, por ejemplo), otras provincias como Cádiz o Granada sacándole partido a la Bahía o a Sierra Nevada y toda la comunidad arramblando con sedes y subsedes de toda laya gracias a la clemencia meteorológica y a su atractivo turístico.

Muchos años por estas fechas, homenaje modesto al maestro González Ruano y a su tradición del artículo otoñal sobre las castañeras, ha caído este opinador en la tentación provocadora de escribir eso tan sonoro de "Andalucía no existe". Error. La Junta, gracias a la prodigalidad bananera con la que maneja sus presupuestos billonarios ("con b de burrada", dijo una vez Manuel Fraga) le da de comer a mucha gente. También brinda respiración asistida a la moribunda industria de la comunicación. Es decir, que nuestros estómagos, agradecidos, acreditan su existencia.