El Sevilla bisojo

Javier González-Cotta
Javier González-Cotta
01/03/2024

Dice lo siguiente el litúrgico diccionario de la RAE sobre el término bisojo. “Dicho sobre una persona. Que padece estrabismo”. Lo cual nos lleva al ámbito sinónimo del estrábico, que es la persona con ojos y mirada desviados respecto a su posición normal. La bizquera es otra cosa y suele ser motivo de cruel chufla. El bisojo tiene los ojos desviados, pero en sentido opuesto al lacrimal. Si la desviación no es muy pronunciada, hay quien lo considera –yo entre ellos– un tanto inquietante pero atractivo, incluso erótico, sobre todo si uno se deja llevar moderadamente por el camino de la depravación.

El Sevilla FC está en plan bisojo, que es a donde quiero ir. Tiene un ojo puesto en el presente y otro en el futuro. El presente es lo real, lo tangible y lo cierto. El futuro es la hipótesis, la niebla y lo incierto. Tienen razón quienes avisan de que el contagio del descenso no se ha disipado aún. Esta temporada nos hemos acostumbrado a agachar el cogote, mirando siempre donde lo bajo. El Sevilla se halla a seis puntos de la horca, donde ahora pende ese antepenúltimo cadáver llamado Cádiz CF. Según se mire (ya que estamos con esto de los ojos), seis puntos pueden parecer o una ancha zanja o apenas una oquedad. Justo detrás del Sevilla, pero empatado a 24 puntos, se halla el Mallorca, sorpresivo finalista de la Copa del Rey (el Vasco Aguirre sigue recordando al fútbol en manteca, sin aditivos ni edulcorantes ni añagazas del Big Data).

Respecto al descenso, el propio Quique Flores es el pastor de los cautos. Dice que la cercanía del abismo es causa aún de incomodidad en el equipo. Seis puntos no le da para improvisar y explorar nuevas cosas. Todos sabemos que tiene razón. Pero nos tienta hacerle caso omiso y pensar que el trincarro Cádiz-Granada-Almería permanecerá incólume hasta el final para desmayo de Juanma Moreno. Para muchos, el presente en el Sevilla apenas si da juego. La atención se centra en un menudeo menor. Hay lesionados que vuelven (¿se acuerdan de Lukebakio, aquel fulgor que declinó?). El club ha emprendido su quijotada contra Real Madrid TV. Hannibal Mejbri ha conseguido ya redimirse a ojos de su entrenador (otra vez los ojos). Y poco más. Sin embargo, pese al citado menudeo, todo destila como una sensación de viaje de vuelta a la mediocridad sentimental de antaño ¿Qué aliciente nos queda hoy? Apelando a las vísceras, alguien dirá que sólo mira al próximo derbi, donde sueña con que una sangrante derrota ayude a que el vecino heliopolitano malogre sus objetivos. Así estamos, en fin.

Este Sevilla bisojo casi está mirando más al futuro, a la próxima temporada que se aviene en la mente con desarmante prontitud. A brocha gorda, se sabe que habrá recorte salarial drástico (gasto tope en 95 millones). Se esperan traspasos y ventas salvíficas (Acuña, En-Nesyri, más la posible y muy dolorosa marcha del bravo Ocampos). Hay una idea en lo por hacer, se supone que bosquejada por Víctor Orta. Es la idea de un Sevilla en buena parte yogurín, de cantera y de importación, con nombres que recuerden a la milagrería de la mejor hora de Monchi (y si son nombres impronunciables, pues aún mejor). A ello se le unirá la veteranía y el cuajo de nombres con rendimiento práctico y sin lentejuelas mediáticas. Lo que hagan Jesús Navas y Sergio Ramos está aún por ver en la constelación lejanísima del 30 de junio. Sólo hay una certeza futura y un paso firme en la andadura venidera. Ninguno de los cedidos, salvo increíble apaño económico, se quedará en la casa de Nervión (Soumaré, Hannibal, Agoumé, Alejo Véliz).

El Sevilla bisojo recibe ahora a la Real Sociedad, que en lo óptico trae los ojos aún llorosos por la debacle ante el Mallorca. El fútbol resulta implacable con sus ciclos inclementes entre el invierno y el verano. Hace unas semanas la Real era el equipo de la envidia y el ensalmo. Su técnico, Imanol Alguacil, era el entrenador que provocaba más sueños concupiscentes. Hoy por hoy la alicaída Real está fuera de Europa, incluida la puerta de servicio de la Conference. Ha sido echada de un patadón de la final de la Copa del Rey. Y el miércoles es casi seguro que el PSG de Mbappé y lo no Mbappé le dará la puntilla taurina en la Champions. Desde este ángulo, el mediocre Sevilla parece como si viviera en la espuma de un gran momento.