Nuestras Firmas: Javier González-Cotta

La crisis ficticia del fútbol español

Esplendor en la Hierba

Javier González-Cotta
17/06/2022

El aficionado común se vuelve impaciente y airado porque su equipo, salvo contadísimas excepciones, aún no ha fichado a nadie. El calorín de estos días provoca que aumente su malestar. Todo sube y aumenta ahora, no sólo el precio de los nabos y las sandías, el de la luz y el gas, el de la gasolina (en un divertido meme que rula por WhatsApp se ve a El Vaquilla quejándose: "Antes atracábamos a las gasolineras y ahora son ellas las que nos atracan a nosotros"). En el bazar del fútbol las razones de la atonía son obvias. No hay dinero. Las cajas de los clubes españoles están pasando hambre. En junio, a la guerra de Ucrania se le une la guerra de los balances en las cuentas de los equipos (doble insomnio, pues, para el contable de la planta noble, que ha de soportar además la maldita noche tropical).

Para comprar ilusión en fichajes hay que vender antes, lo que incluye tanto a los jugadores propios con más pedigrí y escaparate como aquellos otros que jugaron cedidos y que ahora, como desechos de tienta, regresan en silencio a la vieja casa. Este aspecto, tristísimo, suele olvidarlo el aficionado, siempre ávido de novedades. Tan sólo alguna que crónica deportiva de lo más oportuna nos recuerda el sombrío regreso de los apestados.

La escasez financiera viene acrecentándose en el fútbol español, incluso desde antes de la penuria que trajo la pandemia y su famoso desplome del 52% de ingresos por taquilla en los estadios. Lo cierto es que se hablaba ya hace algún tiempo de la burbuja del fútbol. Halló su hueco entre otras burbujas noticiosas, como la clásica burbuja inmobiliaria, la burbuja de las tertulias en televisión o la nueva burbuja que han traído consigo las universidades privadas de reciente creación y dudosa solvencia intelectual.

Como es harto sabido, la fontana del dinero que permite a los clubes sobrevivir en el alambre viene de las televisiones. Nada nuevo. LaLiga consiguió el auxilio del fondo de capital de riesgo CVC, que ha puesto su maná de 2.000 millones de euros (Plan Impulso) a cambio del 8,2% de los ingresos audiovisuales. Sólo los llamados tres díscolos (Real de Madrid, FC Indepe y Athletic PNV) han puesto todo tipo de reparos a esta transacción, incluido el frente judicial. Está por ver, por otra parte, en qué queda el proyecto de la Superliga, que permanece aparcado pero no descartado para inquietud de CVC. “La Superliga sigue su curso”, acaba de decir Joan Laporta, convertido ahora en adalid de la lucha contra los clubes-estado, que lo son por la gracia de Mahoma y del petróleo árabe. Es curiosa la ironía: el FC Indepe siempre presumió de ser un club-estado con su lema 'Més que un club'.

El dinero de los otros fastidia en Concha Espina y en Can Barça. Su fastidio no es que sea causa de nuestra alegría, pero se le parece. Acusan de incumplir el ‘fair-play’ financiero a los City, United, PSG, etcétera. Justo de lo que eran acusados, en términos parecidos, por parte de la burguesía de la liga española, que nunca ha podido competir con sus presupuestos a escala patria y con sus arreglos entre bastidores con las administraciones. Por eso, decimos, su fastidio nos causa una especie de deleite solapado. Pues sí, lo confesamos. Sea como sea, los clubes españoles van soportando como pueden sus deudas tradicionales (con bancos de toda la vida) y las otras deudas adquiridas con la llamada banca en la sombra (fondos de inversión, capitales libres y agentes financieros no bancarios). Esta banca en la sombra, que parece remitir a la madre de todas las mafias ocultas, se ha convertido hoy en la primera fuente de deuda de los clubes españoles (uno de cada tres euros de deuda).

 

Los doctores de la patronal del fútbol, dícese LaLiga, trabajan en la búsqueda constante de nuevos nichos de mercado. Incluso exploran geografías ignotas, hacia el Índico y parte del Pacífico, aunque con fines distintos a los del misionero San Francisco Javier. Nos dicen sus embajadores por el sudeste asiático, que en países como Indonesia o Tailandia está calando un gran fervorín por el fútbol español. Contribuye a ello la plataforma ‘online’ Pass LaLiga. Tanto es así que el interés por nuestro fútbol casi supera al bádminton y al peligroso ‘Muay Thai’ (boxeo tailandés). Habremos de creerlo.

Hace poco también afirmaba Keegan Pierce, representante de LaLiga en la manirrota Inglaterra, que la Liga española es con diferencia la más seguida en el país que inventó el balompié. Incluso asegura que hay periodistas ingleses que saben que algunos equipos españoles despiertan más interés allí que los Top 6 de la Premier. Deberíamos sentirnos orgullosos. Pero el dinero siempre calma los nervios. El Cádiz, que apela al amor de toda la Humanidad hacia su escudo, nunca podrá competir con el peculio del ahora engreído Newcastle, el último club-estado que ha adquirido tal condición. Habremos de creer a los emisarios de Javier Tebas, a quien por cierto tampoco le agradan los clubes-estado. Desde la más osada ignorancia, la cual admitimos, se nos hace difícil creer que el fútbol español arrastre más interés en medio mundo que la Premier inglesa, con sus fichajes supernova y su modelo de gestión estupefaciente (desde hace muchos años la camiseta del Manchester United, hoy patrocinada por Chevrolet, es la más cara del mundo).

No somos hombres de números, a Dios gracias. Y jamás hemos escrito nada sobre economía para los papeles color salmón de los diarios. Pero dudamos que, a brocha gorda, pueda hablarse de crisis financiera en el fútbol español. El propio FC Indepe, arruinado y menesteroso, rebusca en los cubos de la basura por la mañana y por la tarde trata de acaparar fichajes de tronío. Ahora lo intenta con Koundé, igual que durante el crudo invierno ficharon a Aubameyang, Ferrán Torres y el mazacótico Adama. En el fútbol siempre ha circulado el dinero ficción. Claro que hay agobios y sudores en muchos clubes. Pero siempre, tras el día canino llega otro de bonanza, real o ficticia, cosa que después de todo no acaba de importar a casi nadie. Por eso, con más o menos relumbre, van llegando los fichajes, los clubes siguen respirando de forma natural o asistida y, en fin, el ciclo continúa y el show vuelve a saltar a la arena. A nosotros, la verdad sea dicha, nos parece estupendo. ¿Crisis, qué crisis?

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