Nuestras Firmas: Javier González-Cotta

Locos por la Liga… de Ucrania

Esplendor en la Hierba

Javier González-Cotta
15/07/2022

Para el aficionado más o menos impaciente (¿no lo somos todos?), buena parte de lo más noticioso y relacionado con el fútbol se nos ha ido haciendo bola. Miremos si no al tedioso mes de junio (el mes del ayuno futbolístico) y a lo que llevamos de este julio de lo más siberiano, en el que la pretemporada ha dado comienzo con sosísimo ritmo. Todo o casi todo resulta plano o aburrido. Primero fueron las ya célebres 'palancas' del FC Indepe de Barcelona (o cómo saber vender la malnutrición financiera hasta hacerla escandalosamente sugerente). Después vino la atonía que, sin visos de mucho cambio, ha ido contagiando al bazar de los fichajes (hasta tal punto es así que hemos cambiado el centro de gravedad de nuestra atención: estamos interesadísimos en ver dónde se colocan los desechos de tienta de nuestros equipos tanto o más que en saber quiénes podrían venir).

Como noticia de lo más tediosa, hemos sabido que la tecnología continúa en su empeño por robotizar el fútbol: se ha aprobado ya el llamado fuera de juego semiautomático (se podrá analizar hasta 50 veces por segundo cada uno de los 29 puntos del cuerpo del jugador susceptibles de caer en delito de fuera de juego, lo que agilizará la decisión del VAR en menos de 25 segundos). El error arbitral siempre dio su jugosa espontaneidad a este juego. Hay más de uno que aún añora las monumentales pañoladas que provocaban los supuestos robos arbitrales. La bronca tenía su lado estético. Sí, ya sabemos que nadie gasta ya pañuelo. Pero el VAR arrambló con todo y hay quien nunca se acostumbrará a que le interrumpan el orgasmo de gritar gol.

Por si fuera poco, otra noticia se nos ha hecho bola también en estos días. Los leguleyos de FIFA y UEFA por un lado y los de la Superliga por otro, han mostrado sus alegaciones ante el Tribunal de Justicia de la UE de Luxemburgo para ver quién tiene la razón en esto de administrar el Dorado del fútbol de clubes a nivel europeo. O sea, que hay que dirimir si la Superliga de Florentino y Pérez es como una forma de xenofobia de clubes ricos frente al resto o si la UEFA ejerce de monopolio y de posición dominante con la sibilina excusa moral de salvar al fútbol base y el honor competitivo de este deporte. Habrá que esperar al 15 de diciembre para conocer la decisión –si bien no vinculante¬– del abogado general del Tribunal, el griego Athanasios Rantos. 

Sólo por la bella sonoridad del nombre y el apellido del griego merece la pena esperar, aunque el gran tinglado del fútbol esté en entredicho y pueda crear un cataclismo sin precedentes.

Una tras otra, muchas otras noticias se nos han ido haciendo bola. He aquí otras cuantas: la Eurocopa femenina y su impostura mediática, las elecciones a la presidencia del Athletic PNV, los tediosos casos de Dembelé, Lewandoski e incluso el propio Koundé (no son ya cosa ni de fichajes ni de culebrones a la vieja usanza: es pura plasta), la vida y obra de Gareth Bale en el LAFC (Los Angeles Football Club), el habitual cabreo por la subida del precio de los carnets para la temporada, la efeméride algo cansina ya por los doce años de la consecución del Mundial de Sudáfrica por parte la selección española, etcétera.

De tal modo que, amigos aficionados, hemos llegado al ecuador de julio. Cierto es que por fin nos asomamos a los primeros bolos más o menos atractivos y que aliviarán el tedio (el Real Betis jugará en Austria contra el SV Grödig y el Sevilla FC lo hará contra el Tottenham al sur del enigmático Paralelo 68, en Corea del Sur). Pero, así y todo, hay una sensación en el fútbol español como de pasividad y de incertidumbre ante la temporada venidera, más allá de que los ánimos de los hinchas estén unos más en forma que otros. Podría ser, tal vez, que sabemos que el Mundial de Qatar provocará un cisma competitivo bien avanzado el otoño. No estamos preparados mentalmente para esta ruptura sentimental, que va más allá de lo deportivo, pues se derrumban los asideros hasta ahora conocidos y que permitieron que el calendario de la Liga edificara una parte de nuestra existencia desde la niñez. Sus efectos nocivos parece que empezamos a notarlos por anticipado. ¿Podría ser? Muchos dirán que dos o tres fichajes de postín por parte de nuestros equipos conseguirán removerlo todo. Uno tiene incluso sus dudas.

Por todo lo dicho, más que en los primeros partidos de la pretemporada, la atención en modo agradable se nos ha ido irónicamente en dirección al horror, hacia Ucrania. Al parecer, la Liga ucraniana se va a reanudar el próximo 23 de agosto, aun en mitad de la guerra. Por cosas como esta uno ama la esencia del fútbol y le hace caer en el tópico con derecho a bula: el fútbol sigue siendo, pese a todo, un estado de ánimo. Que el balón eche a rodar bajo la guerra no logrará hacer olvidar la devastación que sigue causando el ejército ruso. Pero he aquí el anuncio por parte del gobierno de Ucrania. Se reanudará, pues, la Premier ucraniana, pero lo hará en estadios vacíos y sólo, según lo previsto en un principio, en dos capitales: Kiev y Lviv. Los partidos se disputarán junto a refugios antiaéreos en prevención de ataques con proyectiles. Ya se verá si equipos como el FC Mariupol o el Desna Chernihiv podrán jugar, a sabiendas de que tienen destruidas todas sus infraestructuras deportivas (por no hablar de los daños a sus estructuras humanas). Pero todo servirá para rearmar, al menos, la moral de la nación.

Cuando se reanude la competición, mientras el cuadro de la guerra continúa en el Dombás, la Liga española ya habrá comenzado una semana y pico antes. Pese al miedo pavoroso a la recesión que se aviene tras este verano de 'carpe diem', algunos estaríamos dispuestos a abonarnos a un canal de pago para seguir estos partidos. Muchos de ellos podrían estar amenazados por municiones FAB-250, bombas de racimo y proyectiles de dardos metálicos, todas ellas consideradas como bombas prohibidas por la convención de Ginebra. Un gran detalle sería que algún club europeo decidiera jugar ahora un bolo amistoso de pretemporada en suelo ucraniano, en uno de estos estadios que contarán con refugios antiaéreos cercanos en caso de lluvia de bombas prohibidas. No será así, nos tememos. Por eso, y con más motivo aún, estamos locos porque empiece ya la Liga… en Ucrania.

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