La Crónica

WolverhamptonvsSevilla FC
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Ficha técnica · El Mejor

Liga Europa (2019/2020) > 1/4 final

¡Menos lobos!

Lucas Haurie

Hace falta mucho más que una animosa muchachada para eliminar a este equipo tan rocoso de la Liga Europa. De acuerdo, en el fútbol, por su carácter imprevisible, acecha una sorpresa en cualquier jugada y blablablá. Pero repasemos los cuartos de final. ¿Inter o Leverkusen? ¿United o Copenhague? ¿Shakhtar o Basilea? Eso mismo. ¿Sevilla o Wolverhampton? Seamos serios. Y claro, naturalmente, que la antepenúltima ronda de una competición continental es labor que debe encararse con vocación de sufrimiento y arrobas de humildad; lo que permitió a los sevillistas sobreponerse a un mal comienzo, encerrar a los ingleses y llevarse el partido, de forma justísima, con un gol de Ocampos en el tramo final.   

El único tropiezo censurable del equipo de Julen Lopetegui en esta extensa e inmaculada campaña fue su derrumbe en Anduva, donde el Mirandés lo eliminó de la Copa sin que nadie reparase en la ocasión que presentaba la tradición ferroviaria de la villa burgalesa –su vecino más ilustre, el gran Pedro García Cuartango es orgulloso hijo del cuerpo– para titular: “Al Sevilla lo arrolló el tren”. ¿Dos veces en la misma piedra? Nunca. El Wolverhampton Wanderers luce en su escudo un lobo, quizá descendiente de la loba capitolina deseoso de lavar la afrenta del jueves, y su ejército de portugueses de segunda clase fue pregonado como una manada de colmillo afilado por esos friquis que creen ver la reencarnación del Santos de Pelé en cada vídeo de la tercera regional búlgara que les disecciona el Wyscout, software disponible en su versión pirata por 14,99 € en cualquier mercadillo del globo. ¡Y aún se creen los tíos que han dado con la piedra filosofal del conocimiento balompédico!

En Cantabria, “amodorrado” y, en todo el territorio nacional “atolondrado ante un peligro”. Así define el DRAE la palabra “alobado”, término que el habla andaluza equipararía a “amamonao”: justo el estado en el que el Sevilla que laminó a la Roma había de adoptar para perder con estos Wolves de tanta querencia dilapidadora: “El segundo club inglés que más ha invertido en fichajes”, se anunció para precaver, como si no supiéramos que todo ese gasto desaforado lo era productos de la factoría Jorge Mendes, para la que la entidad de las West Midlands funciona como dinamizadora de dinero. En cada apunte contable de veintitantos millones, el aficionado perspicaz puede ver a un Rony Lopes, y de ahí que el segundo que más ha gastado quedó séptimo en la Premier y eliminado en su debut en la FA Cup. Corderos con piel de lobo, o sea, eran los chicos de Nuno Espíritu Santo, un manjar tiernecito para el equipo lobuno de Lopetegui. A menos que salieran alobados.

Y así fue: pérdida tonta de Banega nada más empezar, carrerón de Adama y penalti de Diego Carlos más tonto todavía. Dos de los elementos más fiables del Sevilla coaligados para regalar un gol que Raúl Jiménez no convirtió porque Bono aguantó lo indecible y atajó el lanzamiento del mexicano. Tuvo mucha suerte el Sevilla con la inspiración de su portero, porque la esencia conservadora del conjunto anglo-luso convertía en especialmente enojosa la circunstancia de verlo en ventaja. Si con el empate a cero su plan era estar replegadito para lanzar a sus flechas, con un chicharro en la cazuela…

El susto espabiló a los sevillistas, que enseguida replicaron con un disparo insidioso de Suso y un cabezazo de En-Nesyri, los dos refuerzos invernales y sorpresas de los octavos que mantuvo en su alineación, intacta, Lopetegui. La primera parte, en cualquier modo, murió de vieja y por miedo: el que exudaban ambos banquillos, timoneados por entrenadores prudentes, que así lo transmitían a sus futbolistas. “Prohibido equivocarse”, era la consigna, un modo apenas refinado de cortar las propias alas.

Todo cambió tras el paso por boxes. Los Wolves, fatigados, se arracimaron ante su área y el Sevilla fue copando el terreno británico. Se asomó primero, marchó después al toque de tambor, con los centrales acampados en el círculo central para impedir las salidas del rival; y, finalmente, con la insistencia de un martillo pilón, un asedio en toda regla mediante el que se generaban ocasiones de ésas que añoran un delantero competente, el que sigue sin tener esta plantilla: Joan Jordán se entretuvo para remachar un centro de Ocampos, En-Nesyri se fabricó una con mucho mérito pero culminó con un tiro flojo y Koundé, solo, cabeceó alto un centro maravilloso de Suso; y Rui Patricio sacó una mano providencial en una falta de Banega. Doce córneres a cero, marcó el grafismo televisivo en el minuto 84. Tenía que llegar. O no, ¿por qué habría de llegar?  Llegó el decimotercer saque de esquina a falta de tres minutos. Suso vio que Banega estaba solo en la posición del extremo zurdo. Se la dio, claro, el rosarino tuvo tiempo para pensar ningún defensor se sintió con fuerza para saltar a presionarle y mandó un pase teledirigido a la cabeza de Ocampos, que marcó gracias a un espectacular giro de cuello. En semis, el Manchester United, o sea, que Su Graciosa Majestad manda por fin a sus mejores escuadrones. Pinta más igualado, vale, pero el Sevilla sigue siendo favorito.

Ficha Técnica

Wolverhampton Wanderers (0): Rui Patricio, Boly, Coady, Saiss, Doherty, Dendoncker, Joao Moutinho (Pedro Neto, minuto 71), Rubén Neves, Vinagre, Adama Traoré (Diogo Jota, minuto 78) y Raúl Jiménez.

Sevilla FC (1): Bono, Jesús Navas, Koundé, Diego Carlos, Reguilón, Fernando, Joan Jordán (‘Mudo’ Vázquez, minuto 84), Banega, Ocampos, Suso (Munir, minuto 88) y En-Nesyri (De Jong, minuto 84).

Goles: 1-0, minuto 87: Ocampos.

Árbitro: Daniele Orsato (italiano). Amarillas para Diego Carlos, Saiss y Rubén Neves.

El mejor del Encuentro

Banega

Dio el gol y se volvió a jugar como él quiso. Una pena que se marche. Otro partidazo ante el Wolverhampton.

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